El trovador freak de Pomona

Martín Bentancor

LEJOS DE CUALQUIER rótulo, tendencia o corriente musical, la carrera de Tom Waits constituye un extraño caso dentro de la música norteamericana. Los intentos de definirlo chocan contra una obra demasiado extraña para los parámetros con los que se clasifica la música popular. Compositor de nocturnas baladas sobre amores perdidos, músico capaz de componer con una máquina de coser Singer y una silla, o actor secundario en papeles que mezclan lo sublime con lo ridículo, Waits es una suerte de Criatura que ha atravesado las últimas décadas del siglo XX y los primeros años de la actual centuria con una obra particularmente fiel a sí mismo.

AÑOS EN EL ASILO. Thomas Alan Waits nació el 7 de diciembre de 1949 en Pomona, California. Su aproximación a la música y a la literatura, se alejó de los gustos del adolescente promedio norteamericano en aquellos tiempos. Su veneración por Bob Dylan (que comenzara su carrera a principios de la década del sesenta) se mezcló con la lectura exaltada y voraz de los escritores de la beat generation, con particular atención a William Burroughs y Jack Kerouac. Atento a la impronta del blues y del soul, cuando tenía quince años integró su primer banda llamada The Systems, pero pasarían varios años para que presentara sus propias composiciones en público. Fue en una de esas ocasiones cuando, acompañado por un piano, en un local lleno de humo y ante un magro auditorio, Tom Waits fue descubierto por Herb Cohen quien se desempeñaba como manager de Frank Zappa, entre otros. Fascinado por la contundencia lírica y el particular registro vocal del cantante, Cohen grabó los primeros demos de Waits que posibilitaron su acceso a los medios de difusión y su contrato con el sello Asylum, con sede en Los Ángeles.

Los siete años que vincularon a Tom Waits con el sello Asylum, además de marcar el inicio de su carrera profesional (en el mejor sentido del término), lo arrojaron a una marea creativa que lo llevó a editar un disco por año. Con el disco Closing Time, grabado en 1973, Waits se presentó oficialmente en el panorama complejo y variado de la música norteamericana. El rock and roll asistía a un proceso de implosión y continua variación, con bandas que surgían a una velocidad alarmante y géneros como el country, el folk y el soul que se reformulaban para alcanzar nuevas fronteras. En ese panorama apareció el primer disco de Waits, integrado por un puñado de canciones con arreglos jazzísticos y ejecutadas por una voz grave que parecía más preocupada por contar historias que por alcanzar los óptimos registros vocales. En la balada "Martha" narra el diálogo telefónico entre dos viejos amantes, convirtiendo en una melancólica súplica las palabras del hombre que sabe que no puede detener el avance del tiempo. La canción, además de ser una de las más recordadas de su repertorio, es una muestra exacta de la capacidad de Waits para contar una historia en el tiempo estándar de una composición pop.

Con la grabación de The Heart of Saturday Night en 1974, Tom Waits intensificó su contacto con la composición y, de la mano del productor Bones Howe, se arriesgó en lo estrictamente musical agregando nuevos instrumentos. Al año siguiente, con Nighthawks at the Diner dio un paso más adelante al registrar el álbum en vivo, en un bar. Con esta experiencia Waits homenajeaba sus orígenes como músico en sombríos locales nocturnos y exponía cierto concepto freak de su obra al hacerse acompañar por una stripper llamada Dwanna. El siguiente disco, Small Change, fue grabado en 1976 y está considerado uno de sus trabajos más vendidos (lo que no necesariamente lo convierte en el mejor). Los arreglos de canciones como "Step Right Out" y "The Piano Has Been Drinking", aparecen más despojados y, para la gira de presentaciones, Waits armó una banda que denominó The Nocturnal Emissions.

La carrera vertiginosa emprendida en 1973, se continuó con los discos Foreing Affairs (1977), Blue Valentine (1978) y Heartattack and Vine (1980), trabajo con el que culminaría su pasaje por el sello Asylum. Son discos que presentan a Tom Waits como una estrella ascendente en la música norteamericana, constante que se manifiesta en la gran cantidad de artistas que versionan sus canciones (desde Rod Stewart a The Violent Femmes). En la década de los ochenta comienza un proceso de experimentación en la música de Waits; los sonidos ominosos se apoderan de los arreglos, el piano aparece sepultado por una variedad de instrumentos de percusión y la voz se vuelve más cavernosa y gutural. La razón de estos cambios, curiosamente, se debió a los votos matrimoniales.

MATRIMONIO S.A. En 1980, Tom Waits fue convocado para componer la música de la película Golpe al corazón (One From the Heart, 1982) de Francis Ford Coppola. Su relación con este director y con el cine en general, ha cimentado una carrera paralela como actor (ver recuadro), siendo durante aquella labor en particular donde se suscitó uno de los hechos cruciales en su vida y su obra. Mientras trabajaba en una oficina de los estudios Zoetrope de Coppola, conoció Waits a Kathleen Brennan, quien se desempeñaba como editora de guiones. La relación que entablaron, además de convertirse en un sólido matrimonio, generó una dupla creativa de increíble y prolífico rigor artístico.

El contrato con el sello Island Records inaugura una suerte de segunda etapa en la carrera de Tom Waits, en la cual intensifica el componente freak de su obra y donde su propia voz se convierte en la protagonista de cada canción. Los discos Swordfishtrombones (1983), Rain Dogs (1985) y Frank’s Wild Years (1987) constituyen una suerte de trilogía discontinua donde una mínima unidad temática —un antiguo marinero llamado Frank decide prender fuego a la casa donde viven su esposa y su hijo para luego largarse a la aventura— sirve como hilo conductor a las canciones. La densidad en algunos sonidos acompaña la complejidad de las historias contadas; el antiguo pulso beatnik se intensifica con influencias de compositores como Kurt Weill, figuras provenientes del cabaret berlinés y una marcada experimentación con los sonidos. En "Cementery Polka" canta: "El tío Bill nunca dejará un testamento / y su tumor es tan grande como un huevo ./ Tiene una amante que es portorriqueña / y escuché que ella lleva una pierna de palo".

A partir de Frank’s Wild Years, Kathleen Brennan se convirtió en la co-compositora y co-productora de los siguientes discos de su esposo, llegando hasta el último trabajo editado, el poderoso Real Gone de 2004. La pareja muestra una envidiable creatividad y contundencia a la hora de escribir canciones, característica que los aleja de cualquier tipo de tendencia en el mercado musical. Con el tiempo, los discos de Tom Waits se fueron espaciando cada vez más hasta llegar a tomarse seis años entre uno y otro como es el caso de The Black Rider (interpretado con su admirado William Burroughs) de 1993 y Mule Variations (quizá la cima de su poder creativo), editado en el año 1999. Justamente, la canción que abre este disco, parece una declaración de principios de este trovador freak de Pomona que, con sarcasmo, parece gritar: "Tengo el estilo pero no la gracia. / Tengo las ropas pero no el rostro. / Tengo el pan pero no la mantequilla. / Pero soy grande en Japón."

Los rostros

LA RELACIÓN de Tom Waits con el cine es una continuación directa de su obra como músico. Además de aportar canciones a las bandas de sonido de películas tan diversas como Paradise Alley (Sylvester Stallone, 1978), Candy Mountain (Robert Frank y Rudy Wurlitzer, 1988) y Asuntos pendientes antes de morir (Gary Fleder, 1995), se ha desempeñado como actor secundario con particular solvencia.

Su colaboración con el director Jim Jarmusch, además de la banda sonora de varios de sus films, se ha complementado con la actuación. Junto a Roberto Benigni y John Lurie es el tercer fugitivo que escapa de la cárcel en Bajo el peso de la ley (1986) y se interpreta a sí mismo en Coffee and Cigarettes (2003), contándole a un nervioso Iggy Pop cómo acaba de practicar una traqueotomía con un bolígrafo en un accidente de autopista. Es también el Dr. A. Heller en Mystery Men (Kinka Usher, 1999).

Su actuación freak definitiva es en la película Drácula (Coppola, 1992) donde encarna a Renfield, el demente que aguarda la llegada de su amo, el vampiro eterno encarnado por Gary Oldman.

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