Logrado drama romántico

H.A.T.

UN POBRE LANZAMIENTO comercial y una escasa atención de la crítica contribuyeron para que Carta de una enamorada (1948) fuera un título poco conocido y recibiera menos público del que merecía. No es una película difícil, sin embargo. Es un drama romántico, sobre los encuentros y desencuentros de una pareja (Joan Fontaine, Louis Jourdan), en un relato mejorado por la realización (Max Ophuls) y todo un equipo. Por fortuna, sus méritos fueron reconocidos en reposiciones y hoy es accesible la copia en video.

EL ANTECEDENTE. El escritor austriaco Stefan Zweig publicó hacia 1925 su relato "Carta de una desconocida". La carta está dirigida al novelista R. y fue escrita por una mujer cuyo nombre no figura, donde anuncia su propia e inminente muerte. Ella narra cómo llegó a amar silenciosamente a ese hombre, de lejos y sin que él lo supiera. En un segundo momento, ambos se encuentran y viven una noche de amor, de la cual nacerá un hijo, pero en esa noche él no sabe identificar a la chica que fue su vecina. Diez años después, en una tercera etapa, ambos vuelven a encontrarse, pero tampoco entonces el hombre la identifica como la amante de aquella noche. La cree una prostituta de alto nivel y le deja un dinero sobre una mesita.

El asunto fue filmado en el cine alemán (mudo, 1929) por Alfred Abel, con el título Narkose. Como pronóstico para el futuro, Narkose quedó en la oscuridad. El título no aparece mencionado en diversos libros de historia del cine y sólo merece una mínima nota al pie en el célebre De Caligari a Hitler de Siegfried Kracauer.

En 1933 la empresa americana Universal compró los derechos del relato para el cine, al tiempo que traía de Broadway a la actriz Margaret Sullavan y la hacía debutar como protagonista. El resultado se llamó Only Yesterday (que cabe traducir como "Apenas ayer") y se exhibió en castellano como "Parece que fue ayer". El galán era John Boles, el director fue John M.Stahl y el argumento ampliaba y retocaba el corto relato de Zweig.

Allí se escondia una curiosa falsificación. En el registro oficial del Copyright americano, Only Yesterday figura como "basado en una novela de Frederick Lewis Allen", sin mención alguna de Stefan Zweig, con adaptación cinematográfica acreditada a tres desconocidos. Pero ocurre que Frederick Lewis Allen no escribió ninguna novela. Su libro Only Yesterday (1931) es una excelente revisión de la década de 1920 en Estados Unidos. Es historia y no ficción. Lo que la Universal compró fue el título de Allen, muy adecuado al tema, pero no el argumento, que era de Zweig. Después algún inepto de la empresa hizo mal los registros oficiales. En momentos en que los nazis quemaban en Alemania los libros de autores judíos, cabe suponer el disgusto adicional del autor, que por ser judío estaba emigrando en 1934 a Inglaterra y luego a Brasil, donde se suicidó en 1942. También en América lo maltrataban.

Pero el error no fue corregido, aumentando la inepcia de los directivos de Universal. En 1981 la empresa presentó en Londres una retrospectiva que revisaba cinco melodramas de su director John M.Stahl, especialista en el género. Allí figuró Only Yesterday. En la reseña firmada por Tom Milne (The Monthly Film Bulletin, noviembre 1981), la ficha técnica sigue atribuyendo el argumento a una novela de Allen, sin mención de Zweig. Después el cronista escribe que Only Yesterday "es comparada a veces por obvios motivos, con Carta de una enamorada", que fue posterior. Aguda comparación. Es el mismo argumento.

UN EQUIPO. En 1947 la actriz Joan Fontaine y su segundo marido William Dozier se propusieron iniciar un grupo de producción independiente, que se llamó Rampart. Eligieron el cuento de Stefan Zweig, que ocurre al comienzo del siglo XX en Viena. El papel principal era muy adecuado para Joan Fontaine, que ya había sabido hacer sus adolescentes tímidas y sus mujeres enamoradas pero infelices (Rebeca, La sospecha, La ninfa constante). Los derechos del tema eran de la empresa Universal, desde Only Yesterday, y eso determinó que Universal sería la distribuidora de la proyectada película.

Los noveles empresarios convocaron al productor John Houseman y éste sugirió elegir como director a Max Ophuls, un exiliado que todavía no había hecho buen pie en Hollywood. Otro exiliado disponible fue el fotógrafo Franz Planer, antiguo colaborador de Ophuls en Alemania. Fue también Houseman quien convocó al libretista Howard Koch, con quien ya había trabajado en radio y que venía precedido de sólidos antecedentes en el cine (La carta, Casablanca). Como después lo destacara Houseman en sus memorias, el grupo funcionó como una familia internacional de singular armonía, que hablaba en tres idiomas.

UN ESTILO. Una primera virtud de Carta de una enamorada es su recreación nostálgica de Viena en el fin de siglo, como clara decisión de Ophuls, que logró reconstruir en América lo que había hecho en Alemania con Liebelei, quince años antes. Ahí están el paseo por el bosque nevado, la orquesta de señoritas, la banda militar en la plaza, el otro peculiar paseo por países lejanos mediante las telas de un parque de diversiones.

Una segunda y mayor virtud es el apoyo en la imagen. Todo realizador mexicano, argentino o español se habría confiado en el diálogo para dejar en claro primero el amor y después la frustración de Lisa ante el pianista Stefan. En cambio, Ophuls sabe mostrar la situación con abundantes silencios, desde las primeras escenas en que la adolescente Lisa revolotea tras un hombre que le fascina hasta una última secuencia en la que Stefan, después de leer una carta que lo muestra como irresponsable, marcha también en silencio hacia el duelo al que ha sido desafiado y donde quizás pague su culpa. El duelo fue propuesto por el marido de Lisa, con pocas palabras pronunciadas ante un panel de armas en la pared.

Ese apoyo en la imagen se beneficia de la división del relato en tres partes, dando en una situación el eco de otra anterior. En una primera etapa la protagonista adolescente ve con preocupación como aquel hombre amado entra a su pieza con otra mujer. En la segunda etapa, ya seducida, Lisa sustituye a aquella mujer anónima y esa nueva escena está tomada desde el mismo ángulo, con toda intención. En un segundo momento, tras el romance consumado, Stefan marcha a una gira y deja a Lisa en la estación de tren, prometiendo volver en dos semanas, pero nunca vuelve. Diez años después, es su hijo Stefan quien se despide de Lisa en la misma estación, con la misma promesa de volver en dos semanas, pero él tampoco vuelve. La repetición subraya sin explicaciones el drama de Lisa.

MAL MANEJO. En apariencia, la empresa Universal no cometió ninguna interferencia con la producción de Carta de una enamorada. Pero se equivocó después. Pudo apreciar y explotar este drama romántico, especialmente apto para un público femenino, como explotó antes los que dirigió John M.Stahl y después los de Douglas Sirk. Pero en 1948 debió tener problemas económicos. Lanzó esta película en una sala secundaria, con estreno repentino y poca publicidad. Eso puede explicar que haya pasado inadvertida para la Academia de Hollywood. Repitió esa falla en Inglaterra, con un demorado estreno en las afueras de Londres (enero 1950) y un reestreno en sala céntrica en julio 1950. De eso quedó constancia en un artículo de Simon Harcourt-Smith en la revista Sight and Sound, donde junto a elogios a la película deja constancia de lo que llamó "una extraña supresión". El caso fue recogido después en un documentado folleto de Richard Roud sobre la carrera de Ophuls, que estuvo llena de frustraciones, culminadas cuando los productores le mutilaron Lola Montes y provocaron un ataque cardíaco que fue fatal (marzo 1957). l

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