Florencia Ciria
DESDE HACE CUATRO décadas, la mujer occidental ha conquistado el poder de decidir sobre su cuerpo y su fecundidad, de acceder al conocimiento. Ha adquirido también el derecho a desempeñar cualquier actividad.
El tema del aborto conduce a enfatizar el aporte de la educación. La Universidad de la República y el SMU (Sindicato Médico del Uruguay) comprometen su aporte científico y académico al Proyecto de Ley de Defensa de la Salud reproductiva. Expresan: "Educación sexual y reproductiva desde la escuela primaria, para ejercer la sexualidad de manera libre y responsable. Mientras haya embarazos no deseados habrá abortos provocados... importa señalar que la mujer que decide abortar es una víctima y no una victimaria. La legislación actual en el Uruguay viola todas y cada una de las principales características de la asistencia en salud. Dicha legislación no ha logrado abatir el número de abortos, ha contribuido a su incremento. Se trata de una ley anacrónica y descartada por la práctica social". El Sindicato Médico del Uruguay considera su deber expresar su posición a favor de la despenalización. Se impone: a) la implementación de políticas educativas efectivas, b) la promoción de políticas públicas de anticoncepción, c) la promoción en toda la sociedad de los derechos sexuales y reproductivos. En la Reunión del Comité Ejecutivo (27/4/2004), invita al Cuerpo médico nacional, a las instituciones representativas en el área de la salud sexual y reproductiva, a las organizaciones de mujeres, a los legisladores y a la opinión pública, a tomar posición en forma madura, a no decirse "aborto sí, aborto no". No dejar librada la Salud y la vida, a una consideración similar a la de tantos temas políticos. La Dra. Rosario Echagüe, quien trabaja desde hace 18 años en el Hospital de Nueva Palmira, se dirige a los legisladores y a las legisladoras, "Ustedes no tienen opinión sobre en qué momento comienza la vida, pero saben cuándo empieza la muerte".
LA UNION LIBRE Y SU INCIDENCIA. Según el sociólogo Rubén Katzman el aumento de las uniones libres tiene un impacto negativo en la educación infantil y, a través de ella, a sus posibilidades de realización en el ámbito laboral.
Esta unión consensual se ha incrementado desde la década del ochenta. En los estratos bajos, la causa estaría asociada al creciente desempleo masculino. La inestabilidad de esta forma de vida, los hijos a cargo de la madre, la dificultad de acceder a buenos puestos de trabajo, contribuyen a la reproducción de la pobreza. El aumento de las uniones libres y de las rupturas conyugales, acarrea consecuencias negativas para las clases populares y para la sociedad. Según Katzman "La importancia de las transformaciones actuales se debe a su impacto sobre la capacidad de las familias para socializar a las nuevas generaciones y complementar la formación que reciben de las instituciones de enseñanza". Se ha comprobado la influencia positiva del matrimonio en la escolaridad infantil. Otras opiniones expresan que no es fácil identificar a corto plazo las consecuencias expresadas. Proponen políticas que contemplen la diversidad de situaciones y acepten el cambio familiar como un hecho irreversible.
DISCRIMINACIÓN EN LAS REMUNERACIONES. Aunque la mujer ofrezca las mismas habilidades que los varones, tiene desventajas en su carrera laboral. Las asalariadas reciben retribuciones menores y son obstaculizadas si pretenden ascender a grados jerárquicos. Esta discriminación —el techo de cristal— dictamina que, a igual nivel de educación, los hombres tiene más posibilidades. La caída en la tasa de actividad responde a la disminución de la demanda de mano de obra. En épocas de crisis, es previsible el descenso de posibilidades de empleo. Resulta relevante señalar que la tasa de actividad masculina descendió en forma más aguda, lo cual indica que las mujeres continuaron buscando empleo, a pesar de una discriminación que inhibe sus posibilidades. Podría ser consecuencia de las mejoras en los niveles educativos, de los cambios culturales, del surgimiento de nuevas formas de familia. En los últimos doce años acceden al desempeño de tareas los niveles de mujeres más pobres. Podría decirse que esto se debe a la necesidad del aporte de sus ingresos en sus hogares, a pesar de que las dificultades femeninas son dos veces mayores.
A medida que se asciende hacia los estratos más ricos, se reduce la brecha de género. Las diferencias entre las más ricas y las más pobres se invierten. A pesar de la mayor cantidad de años cursados en la educación formal —de su mayor formación e información— existe un tope en las retribuciones femeninas. No existen políticas activas de empleo que contemplen la perspectiva de género a excepción del Programa Barrido otoñal (I.M.M), y del Programa piloto del Ministerio de Trabajo (Proimujer). Las obligaciones familiares, la reproducción, constituyen una barrera para la carrera de la mujer. El progreso es lento, debido al prejuicio de que el ingreso de la mujer es secundario, según opiniones.
Según el filósofo Gilles Lipovetsky, estos cambios "no significan una mutación histórica absoluta que hace tabla rasa del pasado. Nos equivocamos cuando creímos que se había instalado un modelo de similitud de los sexos, es decir, un proceso de ínter cambiabilidad o de indistinción de los roles masculino o femenino".
En El segundo sexo ( 1949 ) Simone de Beauvoir denuncia la subordinación de la condición de la mujer a la del hombre. La realidad social y cultural de Occidente después de los años 60, da lugar al advenimiento de la mujer sujeto: la tercera mujer.
LA PRIMERA Y LA SEGUNDA MUJER. Es un tema histórico considerarla como un ser inferior. Griegos y romanos, predicadores cristianos la estigmatizaron como un ser funesto.
Desestimados sus roles, las actividades de los hombres fueron glorificadas. Un cambio importante se produce después de la segunda Edad Media. Se rinde culto al amor cortesano, se valoriza a la esposa, a la madre. Los siglos XVIII y XIX la consideran, también, como educadora de los niños. Rousseau, en el Emilio (1762) señala las etapas de la educación infantil. Dirigirse a los sentidos, conducir al niño a la auto-instrucción. Educar lo masculino, civilizar costumbres.
La libertad de gobernarse a sí mismo, que ahora se aplica sin distinción a ambos sexos, se construye a partir de roles sexuales diferenciados. Un ejemplo es la relación de la mujer en el mundo de la afectividad. A pesar de la liberación sexual, la mujer continúa dando importancia al afecto en el erotismo, lo cual no ocurre con el varón. Si bien la mujer comienza a tomar la iniciativa, la aproximación es más discreta y selectiva.
En las sociedades post-modernas, los códigos culturales que obstaculizan el gobierno de sí misma —como la virginidad— o el de la mujer en el hogar, pierden terreno. En cambio, afirma Lipovetsky "los códigos sociales que, como las responsabilidades familiares permiten la autorganización, el dominio de un universo propio, la constitución de un mundo cercano emocional y comunicacional, se prolongan cualquiera sea la crítica que los acompañen por parte de las propias mujeres".
EL ÁMBITO DEL PODER. A pesar de la feminización de las carreras y del empleo, el poder económico y político permanece mayoritariamente en manos masculinas. Aunque lejos estemos de la igualdad de oportunidades, esto se debe no sólo a la priorización de la mujer en el ámbito privado, sino a que rechacen la premisa del poder por el poder mismo. Y el último bastión por caer no será el ámbito político, sino el económico, camino más lento en su apertura. Agrega Lipovetsky : "Aceptarán mejor sacrificar una parte importante de sus vidas privadas por causas que vehiculicen en un sentido de progreso para los otros, que expresen un lugar común, que sacrificarse por funciones económicas marcadas, sobre todo, por el gusto del poder por el poder".
LA MUJER ACTUAL. La mujer de hoy rechaza el modelo de vida masculino —atrofia sentimental, adicción al trabajo—. Ya no envidia —como diría el psicoanálisis— la posesión del falo. La persistencia de lo femenino no sería ya un aplastamiento de la mujer y un obstáculo a su voluntad de autonomía, sino un reconocimiento de sí misma. En el futuro será más importante la movilización individual que la colectiva. "Será un feminismo menos militante, el que se vislumbra —en todo caso— en las naciones europeas. Un feminismo que no parta en guerra contra la feminidad y que no diabolice al hombre". El amor, ese nivelador que atraviesa todas las barreras, hace decir a Simone de Beauvoir: "El día en que la mujer pueda amar con su fuerza y no con su debilidad, no para huir de si misma sino para encontrarse, no para renunciar sino para afirmarse, entonces, el amor, tanto para ella como para el hombre, será una fuente de vida y no un mortal peligro". l