Libros del Mundo

László Erdélyi

ARTE MODERNO I. A principios de los ‘60 el artista italiano Piero Manzoni enlató, rotuló, y vendió noventa recipientes con su propia caca. Era materia fina; la lata decía en elegante francés "Merde d’artiste". A finales de los ‘90 la prestigiosa Tate Gallery de Londres confirmó que la obra era un evento artístico de relevancia al comprar la lata No. 68 de esa serie por 22.300 libras esterlinas, e integrarla a su acervo permanente.

El caso es una de las típicas guarangadas por las cuales el arte moderno viene siendo seriamente cuestionado, muchas veces en forma injusta. El lector indignado podrá verse tentado de meter dentro de las latas de Manzoni cosas valiosas como el arte abstracto, y quizá hasta a Picasso o a Torres García. Algo de esa manija puede intuirse en el nuevo libro del crítico y museólogo Julian Spalding titulado The Eclipse of Art (Prestel, London), sobre todo al descubrir que el título de la Introducción dice, sin pudor, "Por qué esta bien que a Ud. no le guste el arte moderno".

A margen de los títulos bombásticos, la de Spalding es una propuesta ética, educativa, que busca devolver al espectador el poder para decidir qué le gusta y qué no le gusta, y no sentir culpa por ello. Analiza el por qué de este eclipse del arte moderno, con cierto rencor inocultable hacia el arte abstracto; desenmascara los ataques ‘lumpen’ hacia el arte moderno como el que llevó a cabo Hitler con su exposición de ‘Arte Degenerado’ (1937), donde dos millones de espectadores se rieron de obras de Kandinsky y Paul Klee, entre muchos otros. Hay críticas a Jackson Pollock y a su polémica técnica ‘del goteo’ (con respeto, por cierto), y a los críticos que ralearon a Edward Hopper acusandolo de "fotógrafo y literario", por su famosa obra con una cafetería en una esquina, durante una noche de Nueva York, Nighthawks (1942). Acumula también anécdotas curiosas, como la de un joven Günter Grass que quería ser artista figurativo, tuvo la feroz oposición de un grupo de pintores abstractos, se sintió muy sólo y comenzó a escribir, desarrollando así en sus novelas una imaginería verbal que no pudo expresar en forma visual. Por último propone recuperar a los maestros, a los Vermeer, Matisse y Picasso, disfrutando cómo cada uno de ellos maneja la luz en sus cuadros, hecho sólo posible porque "son artistas en todo el sentido del término, pues celebran nuestra existencia haciéndonos cada vez más concientes de ella" afirma Spalding.

La gran paliza se la llevan los críticos de arte, en especial los que escriben en críptico para una elite, y tiene razón.

EL ARTE MODERNO II. El artista Andrés Serrano tomó una foto de un Cristo crucificado, le hizo pichí encima, y le sacó una foto que fue impresa en Cibachrome. El resultado fue Piss Christ (1987), un Cristo meado que pretendía dejar en estado de shock al mundo católico.

No solo los católicos lo tomaron en cuenta. Es uno de los ejemplos paradigmáticos que utiliza Cynthia Freeland para su Oxford Very Short Introduction of Art Theory (Oxford, London y New York), una verdadera introducción para tarados sobre qué es la teoría del arte, realizada por una de las más brillantes y disfrutables historiadoras del arte de la actualidad. Su anterior libro, Is it Art? (ver El País Cultural No. 616) es un ejemplo de cómo es posible manejar en forma clara y simple un tema difícil y tramposo.

Con la excusa de un libro para tarados, la autora aprovecha para demoler ciertos discursos, donde los tarados son en realidad los desamparados. Por eso Freeland advierte, de entrada, que su técnica es de shock: "comenzaré con el grisáseo mundo del arte de hoy, dominado por trabajos que hablan de sexo y sacrilegios, y que utilizan materiales como sangre, animales muertos, orina o materia fecal. Mi intención es desactivar el shock que provocan, vinculando estos trabajos a tradiciones tempranas, y demostrando que el arte no siempre trató de la belleza de un Partenón o una Venus de Boticelli". A partir de allí abruma con los ejemplos, desde la sangre en los rituales mayas, las tragedias romanas de Séneca, o Goya retratando la invasión napoleónica a España, para demostrar que el pis de Serrano tiene antecedentes en el canon artístico de Occidente.

Esta introducción a la teoría del arte no hace un relevamiento cronológico de las diferentes teorías que la componen, "lo cual habría sido tedioso de escribir, y aburrido de leer para Ud." le dice Freeland al lector. Su estrategia pasa por ilustrar con la mayor cantidad de ejemplos la rica diversidad del arte, mostrando lo difícil que resulta explicar esa diversidad con un corpus teórico aceptable. El lector recibe un enorme caudal de datos, eleva su nivel de comprensión, y aumenta su capacidad crítica para valorar o rechazar, sin pasar por el calvario de un curso de teoría del arte con mucho de teoría, y poco de arte.

GUERRA AL TERRORISMO. Pero al terrorismo verbal. Desde Nueva York, centro de las críticas liberales más agudas y antibelicistas que ha recibido la política exterior de Bush, un grupo de intelectuales y linguistas analizan la retórica política detrás de esta nueva guerra, el que utilizan los políticos y los medios masivos desde octubre 2001 hasta hoy. El libro, editado por John Collins y Ross Glover, se titula Collateral Language (New York University Press), título que plantea una curiosa paradoja: así como existe el "daño colateral" en términos militares —daño no deseado en torno a un blanco determinado—, el "lenguaje colateral" se refiere al sentido difuso —y tramposo—que adquieren ciertas palabras en tiempos de guerra.

A modo de ejemplo, los líderes norteamericanos necesitaban generar un consenso para ir a la guerra. Términos como el mal, la justicia, el terrorismo y la libertad asumen, en la retórica bélica, una nueva dimensión: "Para proteger nuestra libertad debemos derrocar al gobierno malvado de XX" dice el político de turno. La gente tenderá a apoyar actos violentos contra individuos definidos como terroristas, porque esa violencia se presenta como una defensa de la libertad. Ya George Orwell había advertido que que bajo el eufemismo "pacificación" se hacen más tolerables ciertos actos de violencia. El lenguaje, entonces, encubre bombardeos de pueblos, asedios a poblaciones enteras, mutilaciones de cuerpos, terrenos llenos de cráteres y minas. "Este simple ejemplo demuestra cómo una decisión geopolítica compleja puede obtener el apoyo de muchos sin la necesidad de entender el significado específico de nada" aclaran Collins y Glover.

La brutalización del mensaje es el clima previo y necesario para soltar las bombas.

Onetti en hebreo

LA EDITORIAL israelí Kinneret/Zmora/ Dvir Publishing House acaba de publicar El Astillero de Juan Carlos Onetti, traducida al hebreo por Tal Nitzan-Keren. Para uruguayos, una verdadera rareza en un idioma milenario. Con el lomo del libro a la derecha, y el texto corriendo de derecha a izquierda, todos los códigos de lectura aparecen "invertidos".

El viejo maestro ha conquistado una nueva frontera.

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