El famoso suspenso

H.A.T.

LA FAMA MUNDIAL de Alfred Hitchcock se debió a su carrera de cuarenta años en Hollywood, que incluyó títulos mayores como Rebeca, La ventana indiscreta, Psicosis y Los pájaros. Pero esa carrera americana no se hubiera iniciado sin el afán del director en superar las limitaciones que encontraba en el cine británico y, sobre todo, si el productor americano David O. Selznick no se hubiera interesado por lo que Hitchcock había logrado en su país. La carrera en Inglaterra se había iniciado en 1922, comprendió varias obras menores y tuvo sus primeros puntos de interés en The Lodger (1926) y en Blackmail (1929), esta última en el comienzo mismo del cine sonoro. Esa década de colaboración con el cine mudo debió ser una enseñanza para el director, que aprendió allí algo de expresión visual y de montaje. Pero Hitchcock no estaba conforme con los temas que los productores de la British International Pictures le encargaban. En 1933 fue rescatado de allí por su pase a la Gaumont British, con la protección y ayuda del productor Michael Balcon y de su socio Ivor Montagu.

En ese momento decisivo Hitchcock inició una serie de títulos que le darían el título de "maestro del suspenso", con intrigas de crimen, espionaje y misterio. Los cinco títulos mayores, entre 1934 y 1938, fueron El hombre que sabía demasiado, 39 escalones, Agente secreto, Sabotaje y La dama desaparece. Esta última película aparece elogiada por Selznick en un telegrama a Hitchcock, al comienzo de sus relaciones profesionales, que luego serían espinosas.

SABOTAJE. La palabra francesa sabot designa a los zuecos o zapatos, pero también a los durmientes de madera en que se apoyan las vías del ferrocarril. Hacia 1910 una huelga francesa incluyó la perversa maniobra de aflojar los tornillos y provocar descarrilamientos. Del episodio derivó la palabra sabotage, luego aplicada a maniobras similares, sin durmientes en vías férreas. En Francia ocupada, durante 1940-1944, la Resistencia supo repetir esas medidas.

Las fechas dicen que el novelista Joseph Conrad no podía conocer la palabra cuando publicó en 1907 su novela El agente secreto, donde sus villanos realizan sabotajes sin nombre. Pero treinta años después Hitchcock y sus productores llamaron Sabotage a la adaptación cinematográfica de Conrad. No le podían mantener ese título El agente secreto, porque ya lo habían usado antes al filmar Ashenden, una novela de W.Somerset Maugham. El dato puede confundir a filmógrafos novicios.

Con una operación de sabotaje se inicia por cierto el relato, cuando todo Londres sufre un apagón y el público de un cine pide la devolución de sus entradas. El dueño de ese cine es el misterioso señor Verloc (Oscar Homolka) y la boletera es su esposa (Sylvia Sidney). Al lado del cine hay un puesto de frutas y verduras, donde un agente de Scotland Yard (John Loder) finge ser un empleado, para vigilar a Verloc y enamorar de paso a la señora. La película da por supuesto que Verloc era ya un extranjero sospechoso para la policía británica.

Ese planteo tiene escasa relación con la novela de Conrad, que en su versión castellana tiene 342 páginas y de la cual sólo se aprovecha una idea general, más el apellido Verloc, que suena como adecuadamente eslavo y calza con la fisonomía del actor austríaco Oscar Homolka. Cuando Conrad la escribió, hacia 1906, los anarquistas eran los villanos de moda, tras sus asesinatos de un presidente francés, una emperatriz austríaca, un rey de Italia y un presidente norteamericano (1894 a 1901), todo lo cual hizo poca mella a los poderosos del mundo. Los primeros capítulos de Conrad ponen al anarquismo en escena, con algún personaje delirante que recuerda a Los endemoniados de Dostoyevsky.

Pero el anarquismo no le sirvió de mucho a Hitchcock y sus libretistas en 1936. El dato político aparece omitido y eso quita un motivo a los delitos y resta coherencia a la trama de la película. Ni el apagón inicial ni la bomba posterior, que son las dos maldades visibles de Verloc, parecen hechos respaldados por una intención política o por una convicción dramática. Esa debilidad en la construcción de personajes y en sus motivaciones sería frecuente en Hitchcock, más interesado en los efectos visuales que en sus causas.

Pero en cambio ha sido un reconocido maestro en el manejo de esos efectos visuales. Su norma fue instalar el dato sorprendente en un contexto natural, como un teatro, una sala de cine, un consultorio de dentista. En Sabotaje apunta la ficción de una tranquila vida doméstica, en la cual Verloc utiliza a su joven cuñado (Desmond Tester) para llevar un rollo de películas y otro paquete a un sitio de Londres. A esa altura el espectador sabe que ese otro paquete contiene una bomba que explotará a hora fija.

Pero Tester no lo sabe y se deja distraer en el viaje, primero por un charlatán de feria y después por un desfile callejero. Toda la secuencia, que termina con la explosión en un ómnibus, es un ejemplo del así llamado suspenso, que pone nervioso al espectador, porque éste sabe lo que el personaje ignora. Su truculencia ha sido armada con la acumulación de datos naturales, amenos y hasta divertidos. Supone un dominio del montaje y del tiempo.

Otros efectos brillan en Sabotaje. Cuando Sylvia Sidney sospecha que su hermano ha muerto por culpa de Homolka, en el cine se está proyectando Who Killed Cock Robin?, una de las Sinfonías Tontas de Walt Disney (1935), reproducida con permiso. Y poco después, cuando sabe que su marido es el culpable, Sylvia está preparando la cena, tiene un gran cuchillo a mano y con ello la tentación de vengarse y cometer el crimen, idea que el director apunta con rápidos primeros planos sucesivos. A cambio de esos brillos, es muy débil el final de la intriga, con un incendio que todo lo borra y un romance poco creíble. Pero esa es la ventaja de revisar Sabotaje, con sus virtudes y sus defectos, sin introducirse en los laberintos de religión y moralidad que han inventado en Hitchcock sus admiradores franceses.

En 1996 Christopher Hampton dirigió una nueva adaptación de la novela de Conrad, manteniendo el título Agente secreto, con Bob Hoskins y Patricia Arquette en los papeles de Homolka y Sidney, más un insólito Gerard Depardieu.

FUENTES

Ivor Montagu en un artículo de Sight and Sound, Londres, verano 1980

Rudy Behlmer, MEMO from David O. Selznick, 1972;

Leonard J. Leff, Hitchcock and Selznick, 1987

Franois Truffaut, Le Cinéma selon Hitchcock, París, 1966

Joseph Conrad, El agente secreto, 1907; versión castellana de Alianza Editorial, Madrid, 1994.

SABOTAJE (Sabotage en GB, "A Woman Alone" en Estados Unidos). Gran Bretaña, 1936. Director, Alfred Hitchcock. Libreto de Charles Bennett, vagamente basado en "The Secret Agent" de Joseph Conrad (1907), con la colaboración de Alma Reville, Ian Hay, Helen Simpson, E.V.H.Emmett. Fotografía, Bernard Knowles. Música, Louis Levy. Elenco: Sylvia Sidney, Oscar Homolka, John Loder, Desmond Tester, Austin Trevor, Peter Bull, Torin Thatcher.

Mac Guffin

Franois Truffaut - Alfred Hitchcock

FT —El "Mac Guffin" es el pretexto, ¿no?

AH —Es un rodeo, un truco, una complicidad, lo que también se llama un gimmick. Bueno, esta es la historia completa del MacGuffin. Se sabe que Kipling ecribía a menudo sobre los indios y británicos que luchaban contra los indígenas en la frontera de Afghanistan. En todas las historias de espionaje escritas entonces se trataba en forma invariable del robo de los planos de la fortaleza. Eso era el Mac Guffin. Este es, por tanto, el nombre que se da a esta clase de acciones: robar los papeles... robar los documentos... robar un secreto. En realidad, esto no tiene importancia y los lógicos se equivocan al buscar la verdad sobre el "Mac Guffin". En mi caso, siempre he creído que los "papeles", los "documentos" o los "secretos" de la construcción de la fortaleza deben ser de una gran importancia para los personajes de la película, pero nada importantes para mí, el narrador.

Y ahora conviene preguntarse de dónde viene el Mac Guffin. Evoca un nombre escocés y es posible imaginarse una conversación entre dos hombres en un tren. Uno dice "¿Qué es ese paquete que ha colocado en la red?". El otro contesta "Oh, es un Mac Guffin". El primero pregunta qué es eso y el segundo explica: "Bien, es un aparato que sirve para atrapar a los leones en las montañas Adirondack". El primero exclama: "Pero si no hay leones en las Adirondacks!". A lo que contesta el segundo: "En ese caso, no es un Mac Guffin". Eso demuestra el vacío del Mac Guffin, la nada del Mac Guffin.

(En "Le Cinéma selon Hitchcock", 1966).

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