Viernes 30 de mayo de 2003 | Año 85 - Nº 29383
Internet Año 8 - Nº 2493 | Montevideo - Uruguay
Inicio
Suscriptores
Reg. de usuarios
El País Móvil
Publicidad
Correo
Mapa del sitio
 Noticias
 Producción Digital
 Especiales
 Suplementos
Agropecuario
Cultural
DS - Domingos
Di Candia
Economía y Mercado
El Escolar
El Empresario
Paula
Qué pasa
Sábado Show
 Servicios
 Participación
ed. anteriores
<< 2 9 16 23
  Ver Todas
Volver
Retrato de Mauricio Ubal
Un creador de primera línea

Rosario Peyrou

MAURICIO Ubal es uno de esos músicos imprescindibles en el mundo de la música popular uruguaya, aunque su actitud de bajo perfil, su rechazo a cualquier forma de divismo, le resten visibilidad. Cualquiera que se interese en la historia de la canción uruguaya, encontrará su nombre ligado a cierta renovación rítmica y a muchos temas que hicieron época y quedaron en la memoria de la gente. Alcanzaría con decir que junto a Ruben Olivera (otro excelente músico y compositor, que como Ubal, es menos visible de lo que merece) fue el autor de "A redoblar", una canción que se volvió emblemática en los años 80. Pero también están "Para abrir la noche", "Papel picado", "Una canción a Montevideo", "Al fondo de la red" y muchísimas otras, que han sido grabados por el propio Ubal y por otros músicos como Pepe Guerra, Laura Canoura, Larbanois & Carrero, o la argentina Bersuit Vergarabat.

En este libro-reportaje el periodista Roberto López Belloso traza con sus preguntas a Ubal y a una serie de testigos, una suerte de biografía personal y artística del músico. Nacido en La Unión en 1959, puede decirse que descubrió en la infancia sus amores fundamentales: era un niño todavía cuando nació su pasión por la lectura y compuso sus primeras canciones, y estaba en sexto año de escuela cuando se enamoró de la maestra. Esto último no es tan infrecuente, pensará el lector, pero el caso de Ubal no se parece a cualquiera: dieciséis años después de aquel último año escolar se casaba con esa maestra que fue una figura clave en su formación poética, y lo sigue siendo en todos los planos de su vida.

Formado durante los difíciles años de la dictadura militar, buscó por su cuenta su camino en la música, hasta que terminó por vincularse con esa generación que a mediados de los 70 pondría fin al silencio que siguió al golpe de estado y al exilio de las figuras mayores de la generación anterior. El Pájaro Canzani, Eduardo Darnauchans, Jorge Lazaroff, Los que Iban Cantando, Ruben Olivera, Rumbo, entre otros muchos, marcaban —con el antecedente de compositores como Eduardo Mateo— una forma diferente, marcadamente ciudadana, de hacer música uruguaya. "Papel picado" compuesta por Ubal, es considerada por Aharonian una "verdadera proclama generacional". Utilizando una estructura rítmica que oscila entre la milonga, el candombe y la murga, el texto de la canción parece insinuar una visión crítica de los proyectos de la generación anterior. "Hay que animarse a decirlo, y hay que tener, además, esa calidad poética para decirlo", dice Aharonian, que se sintió aludido por esa crítica.

Ubal recorrió un largo camino antes de ser solista: integró el dúo De La Planta con Jorge Pastor, ampliado luego a trío con la incorporación de Moira Machín, tuvo como maestros a Jorge Lazaroff y a Coriún Aharonian, y se integró luego a Rumbo, con Laura Canoura, Gonzalo Moreira, Gustavo Ripa, Carlos Vicente y Miguel López. En ese grupo, opina Aharonian, "Mauricio evidentemente es el creador más importante". López Belloso dedica todo un capítulo a Rumbo, su postura estética con la fusión de pop y ritmos netamente uruguayos, y especialmente a "A redoblar", recordando la historia de su composición y de su formidable repercusión.

Disuelto el grupo en 1986, Ubal inicia una carrera como solista que se ha ido consolidando paralelamente a su actividad como compositor. López repasa cada uno de sus discos, aporta opiniones de la crítica, y atiende a la riqueza melódica, y a lo que es tal vez, su perfil más valioso, el de letrista. La narración de Ubal de su experiencia como maestro de taller de letras en el TUMP, muestra su creatividad y sensibilidad para trabajar las canciones desde una mirada musical.

Otro capítulo de interés es el relacionado con la colaboración de Ubal con el Carnaval. En 1989, a través del talentoso Edú Lombardo se vinculó con Contrafarsa y con ellos realizó grabaciones y espectáculos conjuntos. Ya había colaborado con Los Diablos Verdes en 1983, y esas experiencias seguramente enriquecieron su trabajo de hibridación de ritmos, además de originar canciones de tema carnavalesco, como "Saludo a febrero". Ubal —que tiene una mirada alerta y desprejuiciada desde el punto de vista musical— fue un adelantado en vencer las resistencias que en el ambiente musical existían sobre la murga. Según dice, el sonido de un bandoneón unido al ritmo del candombe o al de la murga "es Montevideo, para mí". Y agrega: "En la murga tenés todo: música, coreografía, vestuario, poesía, plástica, es una cosa muy completa, casi como una ópera. Ópera popular, pero distinta".

En esa misma línea está su interés por el tango al que considera presente en Montevideo "como esas vías de tranvía que se asoman cuando se rompen las calles", dice, y aunque no ha escrito estrictamente tangos reconoce la influencia de Discépolo o Manzi en sus imágenes. También el rock, como el pop de los 60, influyó en sus canciones, "porque de alguna manera me siento hijo de toda esa época, un hijo acriollado, digamos". Ubal, que desde 1982 ha llevado una actividad importante en el rescate de la música uruguaya en su más amplio espectro a través de su trabajo en el sello Ayuí, tiene muy claro lo que más le importa: "cómo mezclar, cómo hacer, con elementos de acá, músicas que suenen a hoy, tomando elementos que vienen de otro lado, sonidos, timbres, escuchando (...) pero tratando de no ser epigonal, de no repetir modelos". l

MAURICIO UBAL. Con la raíz a la intemperie, de Roberto López. Ediciones Cangrejo Solar. Montevideo, 2003

Novela

EN EDAD DE MERECER, de Sharon Maas, Salamandra, Barcelona, 2002, Distribuye Océano. 603 páginas.

LOS PRIMEROS capítulos de esta novela sumergen al lector occidental en una selva tropical de nombres hindúes: gentilicios y topónimos se trenzan con historias de familias donde todo parece abigarrado pero igual. Las manos sanadoras de Savitri, uno de los principales personajes, dan a la prosa un cierto tufillo de realismo mágico ambientado en la India, en la línea de Hijos de la medianoche de Salman Rushdie. Felizmente, el lector se abre paso capítulo a capítulo a machetazos, y en la densa selva es posible vislumbrar los senderos narrativos correspondientes.

Pasadas unas cien páginas, la larga novela toma su ritmo y con mano sostenida avanza en una historia de secretos familiares, amores eternos, hijos legítimos, bastardos, adulterio, racismo y, sobre todo, mujeres oprimidas.

Así, de la lectura que discurre en dos tiempos, es posible seguir la historia de Savitri, en la India de los años 30, la hija de un cocinero de casta superior que trabaja en la casa de unos ingleses. El gran amor entre esta chica y el hijo de los amos blancos es la semilla de gran parte de la intriga de la novela.

Los capítulos se alternan rigurosamente con otras dos historias: una es la de Saroj, una bellísima y rebelde chica de la Guyana británica, primera generación de emigrantes indios en tal lugar. La otra anécdota se refiere a Nat, un expósito adoptado por un médico inglés, un muchacho originario de la India pero que vive y estudia medicina en Londres. Estas dos historias transcurren en tiempos paralelos, nada menos que durante los años 60, cuando la Guyana se independiza del obsoleto Imperio Británico y el incipiente país se ve atravesado por latigazos de racismo y por los enfrentamientos entre los originarios de la India y los negros.

A su vez, en la Inglaterra de esa década, el hippismo y los Beatles, entre otros factores, comienzan a gestar una nueva generación de jóvenes indios resistentes al peso formidable de la tradición que traen de la lejanísima Asia.

Los tres senderos de la novela se unen en un claro, al final: todo se resuelve y se comprende. En el medio ha habido mucho amor, vidas entrecruzadas por el destino una y otra vez, belleza geográfica y cultural, pero también infanticidio, palizas a mujeres embarazadas y violaciones múltiples. Y sobre todo, un friso de culturas antagónicas que han debido convivir, a pesar de todo, como consecuencia de la larga nariz que los ingleses metieron por todos los continentes.

La autora de En edad de merecer, Sharon Maas, nació en Guyana pero se crió en Gran Bretaña. Se confiesa gran admiradora de la India, país donde residió varios años. Su admiración por este infernal y celestial país no le impide denunciar prácticas indias abominables, que da la impresión que todavía se practican: el casamiento de las adolescentes sin su consentimiento y sin conocimiento previo del marido, la constante sumisión y silencio de las esposas frente a maridos golpeadores y despóticos, y, sobre todo, el escaso valor de la vida humana representado, fundamentalmente, en la mortalidad infantil.

A. B.

Cuentos

ME ALEGRA QUE HAYAMOS HECHO LAS PACES, de María Mallon, LN, Casa Editora, Montevideo, 2002. 149 páginas.

MARÍA Mallon es profesora de Lengua Inglesa y al cabo de tres años de trabajo en los talleres literarios de Napoleón Baccino da a conocer su primer libro de relatos, dentro de una experiencia que inaugura, a su vez, el sello editorial Casa Editora, también vinculado al autor de Maluco.

Los catorce textos del volumen transitan la timidez y la corrección con énfasis en las experiencias de la intimidad femenina, en su relación con el matrimonio, los hombres, los padres, los hijos, y la soledad. En varios relatos, el azar, las paradojas, una débil ironía, condimentan o sostienen la narración de historias breves, aunque graves y melancólicas.

El cuento que da título al libro recorre con agudeza narrativa las percepciones de una mujer empantanada en el hastío de su matrimonio y la desolada incomunicación que lo domina, pero su desenlace está girado sobre la historia de otra pareja, creando una zona de silencio que da al relato una atractiva eficacia. El resto exhibe una ambición literaria menor que discurre por retratos, evocaciones y estampas de la vida interior en las que los dramas conviven con el ámbito doméstico.

Hacer las paces es una intención que, en su ánimo de reparación con el pasado, no sólo sobrevuela los contenidos de una buena porción de los textos sino que también parece justificar su escritura. Algunos anacronismos castizos en la voz de la narradora limitan su expresión y varios relatos quedan atrapados en el sentimiento, sin desplegar una emotividad estética. Pero en su iniciación, Mallon muestra un tono solvente que, en registros de mayor riesgo, podría madurar con fortuna.

Casa Editora y su colección "Los Nuevos", a la que pertenece el volumen, es la iniciativa con la que Napoleón Baccino quiere "difundir la obra de aquellos autores que, por diversas causas, no han accedido al circuito comercial, pese a que la calidad de su obra en muchos casos iguala o supera, largamente, ¿por qué no? a los títulos que publican las multinacionales del libro", según declara en su presentación. Promete abrir un sector nuevo de la literatura uruguaya, alejado de las estrategias de marketing pero con rigurosos criterios de selección y edición, "para que el libro nacional deje de ser, tanto en su contenido como en su presentación, un libro pobre".

C. M. D.



noticias | tiempo | buscador | avisos funebres | titulares por e-mail | ecos
correo | television | turismo | salud | congresos | clasificados
negocios | cursos | guía de sitios

Copyright © EL PAIS 1996-2003
Zelmar Michelini 1287, CP. 11100 , Montevideo - Uruguay
Tel: 902 0115 - Fax: 902 0464

Imprimir
Enviar nota
Tamaño de LetraAumentar el tamaño de la letraDisminuir el tamaño de la letra