Laura Gandolfo
PARA el físico belga Etienne Delacroix de 55 años, las
computadoras y el arte conforman un matrimonio
exitoso. Llegó a Uruguay hace dos años para coordinar
un curso en la Facultad de Ingeniería y su trabajo
—como docente y artista— es un extraño híbrido de
nociones informáticas, lingüísticas y sociológicas.
Trabajó como físico en Estados Unidos en los años
’70, cuando la informática se procesaba en inmensas
máquinas y presenció el nacimiento de los primeros
microprocesadores, a comienzos de los ’80. Luego se
dedicó al arte en París. Su familia no entendió que el
joven científico decidiera volcarse al arte después de
los 35 años.
Delacroix es un personaje habitual en el bar Bacacay
donde cada noche cena mientras dibuja abigarrados
ambientes de boliche en un cuaderno enorme.
MAQUINAS GIGANTES. Físico de día y guitarrista de
noche, Delacroix obtuvo su doctorado en 1981. "Era
como un obrero muy especializado de la investigación.
La física se hacía en grupos muy grandes con
máquinas gigantes. Era un trabajo muy humilde y
frustrante", recuerda. No reniega de este pasado
científico y actualmente pertenece al Instituto
Tecnológico de Massachusetts (MIT), centro de
desarrollo de innovaciones tecnológicas
"asombrosas" que según él harán impacto en 20 o 30
años. Agrega: "Ya se fabrica un chip sin substrato de
silicio a escala molecular".
En París se dedicó a la pintura sin ingresar al circuito
artístico reconocido, y estuvo involucrado en
movimientos de artistas que ocupan fábricas
abandonadas con fines culturales. También hizo
talleres en escuelas rurales. Dejó Francia luego de ser
estafado por un socio en la compra del edificio de su
taller. Hoy su aspiración es desarrollar un proyecto que
llama Taller Nómade (TN), una performance móvil que
apunta a descubrir a la computadora como medio
expresivo. El TN funciona con el apoyo de un grupo de
personas de una institución que aporta algo de equipo
pesado. Delacroix llega con valijas llenas de placas
madre, discos duros y cables: "todos aprenden a
armar y cada vez surge una historia de cómo se
descubre la computadora. La instalación habla del
medio mismo".
En los talleres que dirige acostumbra emplear
desechos informáticos, algunos adquiridos en la Feria
de Tristán Narvaja.
Vivió varios años en Boston y cada tanto vuelve en
busca de insumos técnicos e intelectuales. Peleó
durante una década con académicos de la Escuela de
Bellas Artes para implementar el TN: "todos tenían
miedo y querían enseñar el medio y no el contenido:
todo era Photoshop". Para que se consolide el TN,
debería generarse una sinergia de interesados:
"Parece que se necesitarán muchos años para
concretarlo. En Brasil veo semillas muy interesantes,
puede ser que experimentemos entre Uruguay, Brasil y
Argentina. Ahí veo un eje muy factible".
El científico-artista dirige por segundo año el Taller de
Arte y Programación (TAP), una materia electiva para
los futuros ingenieros eléctricos de la Facultad de
Ingeniería, aunque también recibe alumnos
interesados de otras facultades. El calor es agobiante
y los cables y pedazos de máquinas descansan
esperando ser usados. Alumnos solos o en grupos se
concentran en hacer que sus creaciones funcionen.
Delacroix los alienta si surge alguna dificultad. "Los
falsos contactos son nuestro enemigo", dice con una
amplia sonrisa a un estudiante desanimado.
El TAP facilita la inmersión en el mundo de la
electrónica y la aplicación a pequeña escala de la
teoría de inteligencia colectiva del francés Pierre Lévy,
autor de Inteligencia colectiva. Humanidad emergente
en el mundo del ciberespacio. Según Lévy, filósofo del
ciberespacio, hoy en día se estaría dando la transición
a una era del conocimiento, etapa en la que será
fundamental la conformación de comunidades
flexibles de intercambio de habilidades e inteligencia.
El software libre o de código abierto como Linux es un
ejemplo de inteligencia colectiva. No vende sus
licencias de uso como Microsoft y cualquiera puede
hacerle cambios y modificarlo. Los hallazgos son
compartidos por la comunidad de usuarios.
El discurso de Delacroix también se nutre de las ideas
del sociólogo Manuel Castells y del urbanista y filósofo
Paul Virilio, quienes desmenuzan los efectos de la
tecnología en la sociedad. La tela de fondo del trabajo
de Delacroix es la demografía: la desaceleración del
crecimiento de la población mundial denotaría una
nueva fase en la evolución humana y en la manera de
concebir el mundo y crear. "A partir del Renacimiento
hubo una ola de pensamiento analítico-deductivo que
se dio contra un muro. Entonces apareció el arte
minimalista, los ceros y unos —los bits—, las
partículas elementales, todo tipo de modularización y
al mismo tiempo una explosión de la densidad
demográfica. El arte contemporáneo produjo una
atomización del signo: producir, repetir. La salida fue el
concepto. pero sin el conocimiento".
PROGRAMAR ARTE. Para hacer arte se inspiró en
lingüistas como Ferdinand de Saussure y Noam
Chomsky. De los años como físico teórico conservó la
pasión por construir modelos. Y en su trabajo como
pintor apuesta a construir un mundo de dibujos con
programas que él mismo arma. A uno de éstos que
desarrolló a lo largo de varios años lo denominó
"dibujar por nombres". Codificó trozos de dibujos,
colores y figuras geométricas como si fueran los
fonemas y morfemas de una lengua. Narices, ojos y
bocas se combinan en la computadora para crear
figuras humanas.
"Es medio loco esto", dice entusiasmado. Con esta
técnica consigue obras con una expresividad
particular, despojada del tono pulido del arte digital
usual. Esta técnica podría tener aplicaciones
comerciales, que no le interesan. Con líneas digitales
es posible dibujar, por ejemplo, un rostro reconocible.
Estos elementos podrían emplearse en los sistemas
de vigilancia del hogar que filman los movimientos en
la casa pero que no pueden mostrar imágenes porque
sería una invasión a la privacidad.
Su gran proyecto artístico es una instalación de 30
metros de diámetro con dibujos que representen un
café, con cámaras de video en los ojos de los
personajes que serían un reflejo del público.
ESTAMOS MAREADOS
—Paul Virilio dice, como Balzac, que "la vida sólo está
en los márgenes". Usted afirma lo mismo, ¿qué
significa vivir en los márgenes?
—Hay un margen afectivo, emocional: no puedes
participar en el flujo normal de la vida, tener hijos, tener
una familia, intercambiar valores cotidianos. Esta es
una forma de margen. Sucede en cualquier nivel
económico. Y hay otro tipo de margen más brutal, que
es no tener acceso al conocimiento, a la fuente de
información. El nexo que define los márgenes es la
imposibilidad de intercambiar valor. Es muy difícil de
definir.
—¿Tendrá que ver con distintas formas de
subjetividad?
—Sí, hay maneras de vivir en el margen que pueden
ser muy ricas. Y también puedes encontrarte en un
lugar muy amargo y agobiante. Y ambos son
márgenes. El arte, por ejemplo, tiene un sistema de
reconocimiento oficial, que es político y depende de tus
redes de amistad, de tu enraizamiento. Si cortas con
esto porque haces un trabajo que no es legible por
estos grupos, estás en el margen.
—¿Los cambios tecnológicos afectan de manera
uniforme a las sociedades?
—Por un lado uniformizan y por otro lado segregan. Por
un lado todos reciben los mismos flujos de mensajes
a través de la televisión e Internet. Pero también hay
una creciente desigualdad entre quienes pueden
aprovechar esto y quienes no. La brecha es gigante.
Hace 10 o 15 años se pensaba que Internet podía
colmar la brecha. Por ahora, y durante los próximos
cinco o 10 años no parece que se vaya en esa
dirección. Porque la brutalidad de la gestión
económica no apunta a una buena distribución de los
recursos. Todo lo veo relacionado con la curva
demográfica, donde se lee un pasaje a una velocidad
de cambio fenomenal: pasamos de una aceleración
brutal a una desaceleración. Y ahora estamos
mareados. Fuimos de tres mil millones de personas a
seis mil millones en 50 años.
—¿En qué más se perciben estos movimientos de
aceleración y desaceleración?
—En la economía mundial, en el manejo del sistema
financiero. También existe una gran dificultad en hacer
que el conocimiento fluya. Las personas son
inundadas de manuales de usuario, de técnicas
obsoletas de uso de productos, que no te dan acceso
al valor agregado profundo, real.
—Hay quienes afirman que Internet y la tecnología
ponen al alcance de la mano el conocimiento
mediante la abundancia de información y la educación
a distancia.
—No podría hacer lo que hago sin tener acceso a
Internet, necesitas recursos, sistemas operativos,
programas, ideas, foros de discusión. Pero esto no
alcanza si no hay sinergia física entre la gente. Por eso
el TN es un dispositivo de impacto físico móvil. En el
curso del TAP la presencia física es fundamental. Es
un gran espejismo pensar que la virtualidad es un
sustituto. Contribuye a generar una mutación, pero no
se cambia en 15 años una sensibilidad desarrollada
durante 100.000 años.
—¿De todas maneras nuestra sensibilidad cambiará
con los años?
—Existe una irrupción brutal de la tecnología pero es
un espejismo pensar que reemplazará lo existente.
Hace irrupción, agranda las posibilidades de
percepción, pero nuestra historia de gestos tiene
millones de años. Es como cuando se produce una
explosión: después el sistema vuelve a una forma de
equilibrio. Vamos a ver si salimos con nuestro
lenguaje intacto o no. Es como la polución, vamos a
ver si salimos con algo "vivible" o no. Puede ser que en
50 años estemos en una situación catastrófica. no hay
respuestas a esta pregunta. Pero sin duda es una
transición de la que vamos a salir: un sistema no
permanece en un ritmo de cambio tan brutal.
PERVERSA TECNOLOGIA
—¿Cómo fueron sus años de físico?
—Primero hacía experimentos, armaba equipos, hacía
funcionar máquinas, tomaba datos y después
analizaba números, miles de números. y hacía
programas estadísticos. Luego cambié a la teoría:
modelos de ecuaciones diferenciales, modelos
analíticos y asociaciones de cantidades a eventos. Son
modelos para representar procesos que escapan a
los sentidos directos: no ves una colisión entre
átomos, pero puedes conceptualizarla y organizar su
descripción a partir de grandes principios del espacio y
el tiempo.
—¿A qué se refiere cuando dice que dibuja usando
morfemas?
—Durante mis años de física la elementariedad era
básica. Había una carrera para identificar los pedazos
fundamentales de la materia. Al mismo tiempo estaba
leyendo a de Saussure que hacía lo mismo con el
lenguaje. También influyeron los trabajos de Chomsky
sobre la noción de invariante. Todo esto hizo un click
con la idea de la transición demográfica: el momento
en que la tasa de crecimiento empieza a bajar. Veo un
cambio de dirección epistemológico de lo reductivo a
lo generativo. Estuve 10 años preguntándome qué
pasaría si diseñaba un sistema generativo con pocos
elementos. Y todo empezó con los fragmentos de un
círculo: un tercio, un octavo. Y esto generó literalmente
toda una aventura.
—Los pensadores que usted menciona son críticos de
alguna manera de la tecnología.
—Lévy no y Castells tampoco. Virilio apunta no tanto a
lo negativo de la tecnología. Bueno, sí hay una
negatividad intrínseca, y es que la tecnología llega a
personas sin conocimientos para absorberla y que
pierden la apropiación real del lenguaje para el
intercambio social. Esto es lo que Virilio destapa. Toda
esta gente tiene en común la voluntad de que se tome
conciencia de la articulación entre los valores que
vienen de mucho más atrás con lo que está
sucediendo ahora. No permiten que entremos en un
estado de amnesia. Quizás es una de las épocas más
complejas que el ser humano ha tenido que enfrentar.
Hay un potencial de perversión muy grande en la
tecnología. Puedes llegar a una forma de dictadura
global implícita, a una gran alienación. Pero no
depende de la tecnología, depende de nosotros, que
tenemos que poner esfuerzo y recursos en afinar la
capacidad de hablar de esto, de compartirlo.
URUGUAY NO SE ADAPTO
—¿Cómo entiende la revolución tecnológica Pierre
Lévy?
—Hace un largo análisis antropológico y filosófico
sobre el destino del ser humano en los espacios
donde se mueve. Habla de la edad de la tierra, del
territorio, de la mercadería y del conocimiento.
Estamos en la mercadería, pero el conocimiento está
explotando y en el horizonte está el desplazamiento de
la mercadería por el conocimiento. La rivalidad entre
Microsoft y el software libre tiene que ver con un
enfrentamiento de los territorios de la mercadería y el
conocimiento.
—¿Por qué las computadoras despiertan temor en
algunos usuarios?
—Porque es un mundo donde no se ve nada. Hay un
corte radical de orden de magnitud. En la computadora
las cosas suceden a nanómetros o micrómetros, a
millones de ciclos por segundo. Es un corte radical
con cualquier tipo de motor y acción mecánica anterior.
Literalmente es un lugar donde el micro mundo y el
macro mundo se enchufan. Una obra en la que quiero
trabajar es en la puesta en escena del medio que está
detrás de la computadora, de esa caja gris que se ve.
Los artistas podrían hacer una contribución si se
conquistara este conocimiento. Pero es brutalmente
nuevo: 30 años y quizás menos, 15, porque Internet, el
e-mail y el navegador han hecho que la computadora
se vuelva útil para todos. O deseable, más que útil, por
lo menos deseable.
—¿Qué encontró en Uruguay que le hizo quedarse?
—Lo que me fascina de Uruguay es la inclinación
metafísica de la gente. A mucha gente le interesan las
grandes cuestiones. Sin duda aquí hubo tradición
cultural, educación, una dignidad en la cultura. Pero a
escala del país, no se adaptó al cambio global. Están
en ese sufrimiento.
—¿En qué lo percibe?
—En que la producción de valor ya no alcanza a las
necesidades de la gente, entonces se van, en lugar de
cambiar de escala y decir "aquí somos tres millones,
al lado nuestro hay 80 o 100 millones de
hispanoparlantes: ¿cómo desarrollamos en términos
concretos una optimización de la producción de valor
en este espacio?". Ahora se habla poco sobre este
tema por la urgencia de la crisis. Pero cuando llegué
no percibí esta preocupación.
—¿No existen formas de crear y producir si no es en
los márgenes?
—Sí, el arte académico.
—No es lo que le interesa.
—No quiero decir eso, yo estoy corriendo atrás de la
significación de la existencia. Estoy logrando apenas
hacer lo que es urgente. En París me encontré en un
juicio y perdí mi taller por una cuestión de corrupción
económica y esto cambió mi destino. Quizás hubiera
terminado como un artista mercenario, muy contento
vendiendo mi arte para dar de comer a mis hijos, cosa
que también tiene su valor. El arte es un gran lago
donde se necesita de todos para producir algo. No veo
muy claro mi destino. Tengo una obra entera en París,
que nunca se mostró, escondida en rincones.