VIERNES 28 de marzo de 2003- Año 85 -Nº 29323
Internet Año 8 - Nº 2433 | Montevideo - Uruguay
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Etienne Delacroix: arte y programación
Físico, nómade y artista

Laura Gandolfo

PARA el físico belga Etienne Delacroix de 55 años, las computadoras y el arte conforman un matrimonio exitoso. Llegó a Uruguay hace dos años para coordinar un curso en la Facultad de Ingeniería y su trabajo —como docente y artista— es un extraño híbrido de nociones informáticas, lingüísticas y sociológicas.

Trabajó como físico en Estados Unidos en los años ’70, cuando la informática se procesaba en inmensas máquinas y presenció el nacimiento de los primeros microprocesadores, a comienzos de los ’80. Luego se dedicó al arte en París. Su familia no entendió que el joven científico decidiera volcarse al arte después de los 35 años.

Delacroix es un personaje habitual en el bar Bacacay donde cada noche cena mientras dibuja abigarrados ambientes de boliche en un cuaderno enorme.

MAQUINAS GIGANTES. Físico de día y guitarrista de noche, Delacroix obtuvo su doctorado en 1981. "Era como un obrero muy especializado de la investigación. La física se hacía en grupos muy grandes con máquinas gigantes. Era un trabajo muy humilde y frustrante", recuerda. No reniega de este pasado científico y actualmente pertenece al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), centro de desarrollo de innovaciones tecnológicas "asombrosas" que según él harán impacto en 20 o 30 años. Agrega: "Ya se fabrica un chip sin substrato de silicio a escala molecular".

En París se dedicó a la pintura sin ingresar al circuito artístico reconocido, y estuvo involucrado en movimientos de artistas que ocupan fábricas abandonadas con fines culturales. También hizo talleres en escuelas rurales. Dejó Francia luego de ser estafado por un socio en la compra del edificio de su taller. Hoy su aspiración es desarrollar un proyecto que llama Taller Nómade (TN), una performance móvil que apunta a descubrir a la computadora como medio expresivo. El TN funciona con el apoyo de un grupo de personas de una institución que aporta algo de equipo pesado. Delacroix llega con valijas llenas de placas madre, discos duros y cables: "todos aprenden a armar y cada vez surge una historia de cómo se descubre la computadora. La instalación habla del medio mismo".

En los talleres que dirige acostumbra emplear desechos informáticos, algunos adquiridos en la Feria de Tristán Narvaja.

Vivió varios años en Boston y cada tanto vuelve en busca de insumos técnicos e intelectuales. Peleó durante una década con académicos de la Escuela de Bellas Artes para implementar el TN: "todos tenían miedo y querían enseñar el medio y no el contenido: todo era Photoshop". Para que se consolide el TN, debería generarse una sinergia de interesados: "Parece que se necesitarán muchos años para concretarlo. En Brasil veo semillas muy interesantes, puede ser que experimentemos entre Uruguay, Brasil y Argentina. Ahí veo un eje muy factible".

El científico-artista dirige por segundo año el Taller de Arte y Programación (TAP), una materia electiva para los futuros ingenieros eléctricos de la Facultad de Ingeniería, aunque también recibe alumnos interesados de otras facultades. El calor es agobiante y los cables y pedazos de máquinas descansan esperando ser usados. Alumnos solos o en grupos se concentran en hacer que sus creaciones funcionen. Delacroix los alienta si surge alguna dificultad. "Los falsos contactos son nuestro enemigo", dice con una amplia sonrisa a un estudiante desanimado.

El TAP facilita la inmersión en el mundo de la electrónica y la aplicación a pequeña escala de la teoría de inteligencia colectiva del francés Pierre Lévy, autor de Inteligencia colectiva. Humanidad emergente en el mundo del ciberespacio. Según Lévy, filósofo del ciberespacio, hoy en día se estaría dando la transición a una era del conocimiento, etapa en la que será fundamental la conformación de comunidades flexibles de intercambio de habilidades e inteligencia.

El software libre o de código abierto como Linux es un ejemplo de inteligencia colectiva. No vende sus licencias de uso como Microsoft y cualquiera puede hacerle cambios y modificarlo. Los hallazgos son compartidos por la comunidad de usuarios.

El discurso de Delacroix también se nutre de las ideas del sociólogo Manuel Castells y del urbanista y filósofo Paul Virilio, quienes desmenuzan los efectos de la tecnología en la sociedad. La tela de fondo del trabajo de Delacroix es la demografía: la desaceleración del crecimiento de la población mundial denotaría una nueva fase en la evolución humana y en la manera de concebir el mundo y crear. "A partir del Renacimiento hubo una ola de pensamiento analítico-deductivo que se dio contra un muro. Entonces apareció el arte minimalista, los ceros y unos —los bits—, las partículas elementales, todo tipo de modularización y al mismo tiempo una explosión de la densidad demográfica. El arte contemporáneo produjo una atomización del signo: producir, repetir. La salida fue el concepto. pero sin el conocimiento".

PROGRAMAR ARTE. Para hacer arte se inspiró en lingüistas como Ferdinand de Saussure y Noam Chomsky. De los años como físico teórico conservó la pasión por construir modelos. Y en su trabajo como pintor apuesta a construir un mundo de dibujos con programas que él mismo arma. A uno de éstos que desarrolló a lo largo de varios años lo denominó "dibujar por nombres". Codificó trozos de dibujos, colores y figuras geométricas como si fueran los fonemas y morfemas de una lengua. Narices, ojos y bocas se combinan en la computadora para crear figuras humanas.

"Es medio loco esto", dice entusiasmado. Con esta técnica consigue obras con una expresividad particular, despojada del tono pulido del arte digital usual. Esta técnica podría tener aplicaciones comerciales, que no le interesan. Con líneas digitales es posible dibujar, por ejemplo, un rostro reconocible. Estos elementos podrían emplearse en los sistemas de vigilancia del hogar que filman los movimientos en la casa pero que no pueden mostrar imágenes porque sería una invasión a la privacidad.

Su gran proyecto artístico es una instalación de 30 metros de diámetro con dibujos que representen un café, con cámaras de video en los ojos de los personajes que serían un reflejo del público.

ESTAMOS MAREADOS

—Paul Virilio dice, como Balzac, que "la vida sólo está en los márgenes". Usted afirma lo mismo, ¿qué significa vivir en los márgenes?

—Hay un margen afectivo, emocional: no puedes participar en el flujo normal de la vida, tener hijos, tener una familia, intercambiar valores cotidianos. Esta es una forma de margen. Sucede en cualquier nivel económico. Y hay otro tipo de margen más brutal, que es no tener acceso al conocimiento, a la fuente de información. El nexo que define los márgenes es la imposibilidad de intercambiar valor. Es muy difícil de definir.

—¿Tendrá que ver con distintas formas de subjetividad?

—Sí, hay maneras de vivir en el margen que pueden ser muy ricas. Y también puedes encontrarte en un lugar muy amargo y agobiante. Y ambos son márgenes. El arte, por ejemplo, tiene un sistema de reconocimiento oficial, que es político y depende de tus redes de amistad, de tu enraizamiento. Si cortas con esto porque haces un trabajo que no es legible por estos grupos, estás en el margen.

—¿Los cambios tecnológicos afectan de manera uniforme a las sociedades?

—Por un lado uniformizan y por otro lado segregan. Por un lado todos reciben los mismos flujos de mensajes a través de la televisión e Internet. Pero también hay una creciente desigualdad entre quienes pueden aprovechar esto y quienes no. La brecha es gigante. Hace 10 o 15 años se pensaba que Internet podía colmar la brecha. Por ahora, y durante los próximos cinco o 10 años no parece que se vaya en esa dirección. Porque la brutalidad de la gestión económica no apunta a una buena distribución de los recursos. Todo lo veo relacionado con la curva demográfica, donde se lee un pasaje a una velocidad de cambio fenomenal: pasamos de una aceleración brutal a una desaceleración. Y ahora estamos mareados. Fuimos de tres mil millones de personas a seis mil millones en 50 años.

—¿En qué más se perciben estos movimientos de aceleración y desaceleración?

—En la economía mundial, en el manejo del sistema financiero. También existe una gran dificultad en hacer que el conocimiento fluya. Las personas son inundadas de manuales de usuario, de técnicas obsoletas de uso de productos, que no te dan acceso al valor agregado profundo, real.

—Hay quienes afirman que Internet y la tecnología ponen al alcance de la mano el conocimiento mediante la abundancia de información y la educación a distancia.

—No podría hacer lo que hago sin tener acceso a Internet, necesitas recursos, sistemas operativos, programas, ideas, foros de discusión. Pero esto no alcanza si no hay sinergia física entre la gente. Por eso el TN es un dispositivo de impacto físico móvil. En el curso del TAP la presencia física es fundamental. Es un gran espejismo pensar que la virtualidad es un sustituto. Contribuye a generar una mutación, pero no se cambia en 15 años una sensibilidad desarrollada durante 100.000 años.

—¿De todas maneras nuestra sensibilidad cambiará con los años?

—Existe una irrupción brutal de la tecnología pero es un espejismo pensar que reemplazará lo existente. Hace irrupción, agranda las posibilidades de percepción, pero nuestra historia de gestos tiene millones de años. Es como cuando se produce una explosión: después el sistema vuelve a una forma de equilibrio. Vamos a ver si salimos con nuestro lenguaje intacto o no. Es como la polución, vamos a ver si salimos con algo "vivible" o no. Puede ser que en 50 años estemos en una situación catastrófica. no hay respuestas a esta pregunta. Pero sin duda es una transición de la que vamos a salir: un sistema no permanece en un ritmo de cambio tan brutal.

PERVERSA TECNOLOGIA

—¿Cómo fueron sus años de físico?

—Primero hacía experimentos, armaba equipos, hacía funcionar máquinas, tomaba datos y después analizaba números, miles de números. y hacía programas estadísticos. Luego cambié a la teoría: modelos de ecuaciones diferenciales, modelos analíticos y asociaciones de cantidades a eventos. Son modelos para representar procesos que escapan a los sentidos directos: no ves una colisión entre átomos, pero puedes conceptualizarla y organizar su descripción a partir de grandes principios del espacio y el tiempo.

—¿A qué se refiere cuando dice que dibuja usando morfemas?

—Durante mis años de física la elementariedad era básica. Había una carrera para identificar los pedazos fundamentales de la materia. Al mismo tiempo estaba leyendo a de Saussure que hacía lo mismo con el lenguaje. También influyeron los trabajos de Chomsky sobre la noción de invariante. Todo esto hizo un click con la idea de la transición demográfica: el momento en que la tasa de crecimiento empieza a bajar. Veo un cambio de dirección epistemológico de lo reductivo a lo generativo. Estuve 10 años preguntándome qué pasaría si diseñaba un sistema generativo con pocos elementos. Y todo empezó con los fragmentos de un círculo: un tercio, un octavo. Y esto generó literalmente toda una aventura.

—Los pensadores que usted menciona son críticos de alguna manera de la tecnología.

—Lévy no y Castells tampoco. Virilio apunta no tanto a lo negativo de la tecnología. Bueno, sí hay una negatividad intrínseca, y es que la tecnología llega a personas sin conocimientos para absorberla y que pierden la apropiación real del lenguaje para el intercambio social. Esto es lo que Virilio destapa. Toda esta gente tiene en común la voluntad de que se tome conciencia de la articulación entre los valores que vienen de mucho más atrás con lo que está sucediendo ahora. No permiten que entremos en un estado de amnesia. Quizás es una de las épocas más complejas que el ser humano ha tenido que enfrentar. Hay un potencial de perversión muy grande en la tecnología. Puedes llegar a una forma de dictadura global implícita, a una gran alienación. Pero no depende de la tecnología, depende de nosotros, que tenemos que poner esfuerzo y recursos en afinar la capacidad de hablar de esto, de compartirlo.

URUGUAY NO SE ADAPTO

—¿Cómo entiende la revolución tecnológica Pierre Lévy?

—Hace un largo análisis antropológico y filosófico sobre el destino del ser humano en los espacios donde se mueve. Habla de la edad de la tierra, del territorio, de la mercadería y del conocimiento. Estamos en la mercadería, pero el conocimiento está explotando y en el horizonte está el desplazamiento de la mercadería por el conocimiento. La rivalidad entre Microsoft y el software libre tiene que ver con un enfrentamiento de los territorios de la mercadería y el conocimiento.

—¿Por qué las computadoras despiertan temor en algunos usuarios?

—Porque es un mundo donde no se ve nada. Hay un corte radical de orden de magnitud. En la computadora las cosas suceden a nanómetros o micrómetros, a millones de ciclos por segundo. Es un corte radical con cualquier tipo de motor y acción mecánica anterior. Literalmente es un lugar donde el micro mundo y el macro mundo se enchufan. Una obra en la que quiero trabajar es en la puesta en escena del medio que está detrás de la computadora, de esa caja gris que se ve. Los artistas podrían hacer una contribución si se conquistara este conocimiento. Pero es brutalmente nuevo: 30 años y quizás menos, 15, porque Internet, el e-mail y el navegador han hecho que la computadora se vuelva útil para todos. O deseable, más que útil, por lo menos deseable.

—¿Qué encontró en Uruguay que le hizo quedarse?

—Lo que me fascina de Uruguay es la inclinación metafísica de la gente. A mucha gente le interesan las grandes cuestiones. Sin duda aquí hubo tradición cultural, educación, una dignidad en la cultura. Pero a escala del país, no se adaptó al cambio global. Están en ese sufrimiento.

—¿En qué lo percibe?

—En que la producción de valor ya no alcanza a las necesidades de la gente, entonces se van, en lugar de cambiar de escala y decir "aquí somos tres millones, al lado nuestro hay 80 o 100 millones de hispanoparlantes: ¿cómo desarrollamos en términos concretos una optimización de la producción de valor en este espacio?". Ahora se habla poco sobre este tema por la urgencia de la crisis. Pero cuando llegué no percibí esta preocupación.

—¿No existen formas de crear y producir si no es en los márgenes?

—Sí, el arte académico.

—No es lo que le interesa.

—No quiero decir eso, yo estoy corriendo atrás de la significación de la existencia. Estoy logrando apenas hacer lo que es urgente. En París me encontré en un juicio y perdí mi taller por una cuestión de corrupción económica y esto cambió mi destino. Quizás hubiera terminado como un artista mercenario, muy contento vendiendo mi arte para dar de comer a mis hijos, cosa que también tiene su valor. El arte es un gran lago donde se necesita de todos para producir algo. No veo muy claro mi destino. Tengo una obra entera en París, que nunca se mostró, escondida en rincones.



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