Incertidumbre y desencanto

Gloria Salbarrey

AL HABLAR de El mal de Montano uno se contagia de la enfermedad y se queda sin palabras porque la novela se dispara abierta, lanzando hilos al aire y recogiendo las semillas sembradas por otros escritores. Todo intento de descripción suena a traición; siempre pasará por alto algo, una frase, una impresión de entusiasmo o repudio que la contradiga y haga de la reseña una caricatura.

El padre de Montano está preocupado porque su hijo escritor ha dejado de escribir, al tiempo que él mismo, como don Quijote y Madame Bovary, ha pasado a vivir al son de la literatura, reencarnando personajes y autores, percibiendo e imaginando con frases leídas. Descubre además que su enfermedad es el síntoma de una epidemia, la crisis de la literatura. Él se encuentra "rodeado de odiosas mentiras, falsificaciones, mascaradas, fraudes por todas partes".

Como en El viaje vertical el enfrentamiento con la familia y la enfermedad, motiva viajes de este padre que se convierte en escritor. La novela es el diario íntimo de su escritura y de su enfermedad. Registra su dilema: qué escribir, para qué, desde dónde; revela la erosión de su mundo familiar y de su identidad e instala un espacio conflictivo, donde se confunden realidad y ficción, exclusivamente habitado por los libros.

El autor pone sobre el tapete toda su obra anterior ya que también compone una réplica de Bartleby y compañía, desafiando por añadidura un espacio literario ya legitimado. Se alimenta con las vanguardias en cuanto éstas demolieron el realismo y se mueve en la narrativa de la biblioteca, en la que los libros y los autores dialogan entre sí, citándose, comentándose.

Juega y apuesta fuerte movilizando un legado antiguo mediante el prodigio de la forma. El diario íntimo resulta un instrumento privilegiado para acotar y desplegar el mundo. La trama sólo se ocupa de asuntos y gente subsidiaria de la literatura pero se expande desde la interioridad cambiante y fragmentaria de los narradores. El núcleo inicial pasa a ser parte de muchos otros diarios que encajan uno dentro de otro como muñecas rusas flexibles e intercambiables. Vila-Matas saca el máximo provecho del género explotando y trastocando todos sus supuestos. Desenmascara los registros ingenuos que anotan todo al azar y los terrenos introspectivos que invitan a leerse como verdades documentales. Por el contrario hace guiños, trampas; oculta y muestra de modo que cada tramo desmonta la ficción anterior, revelando sus subterfugios, intercambiando verdades y mentiras, narradores, personajes y lectores, desenrollando y enrollando una y otra vez la misma historia corregida y deformada.

Y hace un uso intenso de la biblioteca: el diario se fusiona con un peculiar diccionario de sus autores favoritos. A diferencia de las definiciones precisas, escuetas y objetivas de este género, cada apartado libera la fantasía. Con el estilo de Bartleby... introduce semblanzas, evocaciones, citas y comentarios de los diarios que ha leído y de la historia de éste, que está escribiendo, pues dice "trabajar en el interior de diarios ajenos" para construir "su precaria autobiografía". El mecanismo interioriza las alusiones intertextuales y dinamiza la identidad fragmentaria que se construye en errática evolución. El "narrador vampiro que roba frases ajenas" está en su salsa y el lector disfruta la contienda del "tímido amor por la vida" con los libros "que ayudan a entenderla, de la emoción y la fría e impasible lucidez con que corren las ideas despabilando los secretos cotidianos encubiertos por la ficción".

En estos dos apartados iniciales del libro, lo más jugosos, Vila-Matas gana la partida con soltura. A partir de entonces el clima cambia, quizás con deliberación. Va más allá de la erosión de la supuesta realidad. Vencida la culpa y "la vergüenza de ser tan literario", emprende la demolición de los afectos y la destrucción del mundo. Según esta lectura en la que es ostensible el afán por acabar con todo lo que desdiga la ficción, el relato se empasta, se atosiga y suena artificial y cerebral, incluso repetitivo.

Insiste el autor con el recurso que fuera tan eficaz y el diario adopta el título de "Teoría de Budapest", ironizando también con el género pues, lejos de exponer una síntesis comprensiva del conocimiento o una interpretación científica provisoria, relata de nuevo la historia inicial. Esta versión subjetiva y arbitraria se representa de manera teatral en una conferencia, evento que Vila-Matas ya ha renovado y comentado. En este caso la conferencia se reduce a una ridícula escena pública de celos de dudosa credibilidad.

Mucho más convincente resulta la crítica social del mundillo del libro que llega al grotesco en el congreso de escritores o en el comentario del "apostolado de la lectura" que se ve obligado a cumplir en los medios y que lo induce a pensar que no recomendaría leer ni a sus peores enemigos. La celebración de la literatura "instrumento ideal de la utopía" va de la mano con el virulento ataque a la industria editorial. El premio Herralde 2002 que Anagrama adjudicó al relato parece casi la respuesta a una provocación.

Son posibles otras lecturas de la novela que por elevación alude a la crisis de la cultura contemporánea, —aunque las referencias a hechos puntuales pueden resultar un fiasco, por ejemplo la coincidencia fortuita del once de setiembre y el diario de Kafka—. En cambio la incertidumbre, el desencanto y la soledad de fin de siglo encuentran su comentario en la renovación lúdica de la novela y en la gozosa recreación de Gombrowicz, Walser, Pessoa y muchos otros. l

EL MAL DE MONTANO de Enrique Vila-Matas. Editorial Anagrama, Barcelona, 2002. Distribuye Gussi. 317 págs.

Fútbol

PABLO BENGOECHEA. LA CLASE DEL PROFESOR de Leonardo Haberkorn. Editorial Aguilar, Montevideo, 2002. Distribuye Santillana, 402 págs.

PESE A QUE el fútbol es un tema casi omnipresente en los medios informativos, en los anaqueles de las librerías no abundan los títulos sobre este deporte y sus protagonistas. Esta asimetría se puede atribuir al tan mentado recelo —y hasta aversión— que existe entre el mundo de la cultura y el del fútbol. En Uruguay acaba de editarse un libro que viene a engrosar esa magra lista sobre el tema. Se trata de Pablo Bengoechea. La clase del profesor, una biografía de Leonardo Haberkorn sobre el jugador uruguayo más importante de las últimas dos décadas y símbolo del Peñarol desde hace 10 años. Como el mismo fútbol, este libro tiene varios puertos de acceso. El de mayor convocatoria es el del fanatismo deportivo, que tiene un efecto tan atrayente como repelente: el libro será de gran atractivo para los "manyas" al tiempo que resultará indiferente y hasta irritante para los que no lo son. Los fanáticos aurinegros encontrarán en Pablo Bengochea. La clase del profesor un completo retrato de su ídolo, advirtiendo de paso que Bengoechea es, fuera de la cancha, igual que dentro de ella. Sus declaraciones son, como su fútbol, serenas, inteligentes y precisas. Su vida, como su juego, tiende al virtuosismo. Nacido en el seno de una familia protestante, Bengoechea cree en el esfuerzo y la dedicación como medios para alcanzar el éxito. De niño nunca faltó a la escuela, no por afán de conocimientos, sino para que sus padres lo dejaran jugar al fútbol. De adulto, nunca salió de noche, ni se drogó ni se emborrachó ya que estos comportamientos reducirían su capacidad física y mental para jugar al fútbol. Su profesionalismo llega a grados de obsesión: si debe ponerse hielo dos horas al día para curar una lesión él se lo aplicará las 24 horas y si está cerca de jugar un clásico tiene sumo cuidado hasta en el manejo de los cubiertos para no lastimarse y menguar sus capacidades. A lo largo de las 400 páginas del libro y las múltiples declaraciones que realiza Bengoechea el lector no encontrará ninguna agresiva o dolosa para con ninguno de sus colegas, técnicos, dirigentes o periodistas: sólo sobriedad y discreción. Quienes hayan leído Yo soy el Diego de la gente, la biografía de Maradona, notarán que estos dos jugadores que casi llegan a jugar juntos en Peñarol son el día y la noche.

Pero el libro tiene también otros niveles de lectura. Los profanos del fútbol advertirán que el jugador de un equipo grande sufre durísimas presiones políticas, económicas, periodísticas y deportivas, todos aspectos sobre los cuales el libro da cuenta hasta donde el propio futbolista lo permite. Queda claro que Bengoechea, además de pegarle con excelencia al balón, tiene una sólida personalidad como para resistir dichos embates.

Otro nivel de lectura tiene relación con la naturaleza misma del libro. Como toda biografía se trata de la construcción del personaje, donde se resaltan algunos rasgos en desmedro de otros. Para construir a su Bengoechea, Leonardo Haberkorn apeló a varias técnicas periodísticas que generan un perfil "polifónico" del futbolista. Para esto realizó una exhaustiva revisión de 15 años de prensa de Uruguay, España y Argentina —los tres países en los que jugó el futbolista—, pero además entrevistó a colegas del jugador, a técnicos, a su familia, sus amigos y, desde luego, al propio Bengoechea. A esto se suman estadísticas, fotos y otros documentos. Así Haberkorn prefirió ceder la palabra a los protagonistas y no monopolizarla él, siempre en privilegio de la objetividad y no de la interpretación personal de los hechos. Es posible que esto haya determinado el tono en exceso lacónico del libro y el sacrificio de una prosa que podría haber sido más literaria. Pero en un país con un periodismo deportivo omiso en el manejo de la información y tan dado a excesos y personalismos es un alivio que este libro lo haya escrito un profesional de otras características. Se le puede objetar, en cambio, dos cosas: el libro es demasiado extenso y es sobre un jugador aún en actividad, lo que lo hace incompleto por definición.

G.L.

Ensayo

LAS VANGUARDIAS LATINOAMERICANAS. Textos programáticos y críticos, de Jorge Schwartz, Fondo de Cultura Económica, México, 2002, 752 págs.

HASTA enero de 2003 el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires ofreció una exposición sobre Artistas Modernos Rioplatenses en Europa, 1911-1924. La experiencia de la vanguardia, mientras que el Museu de Arte Brasileira de Saõ Paulo aloja la muestra Brasil 1920-1950. Da Antropofagia a Brasília. Las vanguardias históricas han terminado en el museo. En buena medida, para que este fenómeno se haya extendido y se pueda entender globalmente, algunos libros resultaron definitorios. El más difundido en Uruguay ha sido la antología de Hugo Verani, Las vanguardias literarias en Hispanoamérica (1986), que reúne artículos de distintos países vinculados a los movimientos literarios de los años veinte. En Manifiestos, proclamas y polémicas de la vanguardia literaria hispanoamericana (1988) Nelson Osorio reproduce en orden cronológico variados textos vanguardistas.

Pero este trabajo de Schwartz —cuya primera edición es de 1991— ha marcado un camino nuevo en las tendencias de la crítica y la investigación. La contribución más visible pasa por la inclusión de la fértil e insoslayable vanguardia de Brasil. Desde su posición privilegiada de argentino-brasileño y desde su amplio conocimiento de las artes plásticas, el crítico puede mirar el vasto panorama de Latinoamérica y tender redes interpretativas, estableciendo hipótesis que atiendan coincidencias y desencuentros.

Desde entonces la bibliografía sobre el tema ha aumentado mucho —también en Uruguay— como señala el autor, destacando los títulos más significativos, por cierto cada vez más vinculados al formato de "catálogo" y al estudio cultural. El volumen aporta, además de manifiestos y programas de revistas, poéticas y textos críticos de Vallejo, Mário de Andrade, Torres García, José Carlos Mariátegui, Borges, entre muchos más. Otras secciones temáticas responden a una visión atenta a fenómenos culturales y sociales más amplios: las "tensiones ideológicas" que abarcan, por ejemplo, la pugna entre "arte puro" y revolución, o la no menos conflictiva entre "nacionalismo" y "cosmopolitismo". Aunque la "preocupación social" y la "reacción contra la burguesía" aparezcan a Schwartz como elementos comunes a las vanguardias; y, por otro lado, la frase "Todo nuevo bajo el sol" sintetice el espíritu de una época que desafió a la tradición, las polarizaciones pueden desvanecerse, y el arte, la literatura y la sociedad que se expresaron en esos movimientos pueden reverse desde una tensión dialéctica más enriquecedora. Una mirada que conjuga lo histórico y lo intrínseco, permite percibir esas tensiones (esteticismo/ compromiso, identidad nacional/ universalismo) aun en un mismo escritor, en un mismo grupo.

La nueva edición agrega un estudio sobre el problema del lenguaje, en particular la expresión que en América Latina adquirió la pretensión vanguardista de reinventarlo: la creación de una lengua nacional y sus posibilidades de libertad frente a las formas coloniales, el uso de coloquialismos en la literatura, aporte que Oswald de Andrade llamó la contribución millonaria de todos los errores. Quizá para ilustrar esa forma peculiar de la novedad, Schwartz incorpora también una irónica nota publicada en 1927 en la revista Martín Fierro, escrita en un lenguaje paródico del gauchesco y el lunfardo. Es una de las tantas respuestas a la polémica, iniciada en Madrid desde un artículo de Guillermo de Torre, que discute por dónde pasa "el meridiano intelectual de América". Esta jugosa réplica a la avidez neocolonial es un ejemplo del afán de cambio y de libertad que significaron las vanguardias en esta región del mundo. El tema —gracias a un aporte decisivo como este— puede revisarse con rigor y en su plena productividad, en la medida en que por esos años se construyeron las líneas básicas de la literatura latinoamericana que resuenan en estos tiempos de fragmentación y de rupturas.

M.A.G.

Religión

TÚ ERES ESO, de Joseph Campbell, Buenos Aires, Emecé, 2002. Distribuye Planeta, 192 págs.

PARA los estudiosos el estadounidense Joseph Campbell (1904-1987) es conocido como autor de una obra clásica y monumental de la mitología comparada, Las máscaras de Dios. Para los legos interesados en el tema este pequeño libro, que recoge ensayos y conferencias inéditos, es una oportunidad menos fatigosa de acercarse a algunas de sus principales ideas. Campbell dedicó su vida al estudio de los mitos y detectó temas y motivos recurrentes en las mitologías de las distintas culturas, lo que lo llevó a pensar en la existencia de una única fuente de experiencia religiosa que las alimenta a todas. En la línea de Carl Jung, de cuya obra fue compilador, cree en la existencia de arquetipos del inconsciente colectivo que emergen a través de los relatos míticos. Lo más interesante de estos textos es la perspectiva que, a partir de ese conocimiento, utiliza para interpretar la mitología religiosa occidental.

Lo primero que señala es el desconocimiento de la naturaleza metafórica del lenguaje religioso por parte las instituciones eclesiásticas. Esta operación tiene lugar de dos maneras: una es una interpretación excesivamente literal y/o histórica de los símbolos, que neutraliza su capacidad de suscitar una experiencia espiritual; la otra es la imposición a través del dogma de una única percepción del sentido de estos símbolos. "La función real de una Iglesia es simplemente preservar y presentar símbolos y poner en escena rituales, dejando que los creyentes experimenten el mensaje por sí mismos de cualquier modo que puedan hacerlo". Pero la manera en que efectivamente se presentan restringe, según Campbell, su potencial, limitándolo únicamente a la función sociológica de sostén y validación de un cierto orden social y moral. Las funciones propiamente religiosas del mito de comunión con la trascendencia y de generación de sentido del tránsito vital quedan devaluadas. Se pierde el contacto con el misterio. "Este énfasis [en la interpretación histórica] puede ser bueno para la institución de la Iglesia o la prosperidad de la sinagoga, pero puede no contribuir en absoluto a la salud espiritual de los individuos" .

Subraya Campbell una diferencia importante entre las tradiciones místicas de Occidente y Oriente. En la tradición occidental Dios hizo el mundo y Dios y el mundo no son lo mismo. Hay una distinción ontológica entre el creador y la criatura. Esto lleva a una psicología y estructura religiosa totalmente distinta de las religiones en las que esta distinción no se hace. El objetivo de las religiones occidentales no es provocar una identificación con lo trascendente sino producir una relación entre los seres humanos y Dios. La actitud típica es la sumisión del juicio humano a ese poder concebido como Dios. Lo divino no está dentro de uno y la relación con él se consuma a través de una institución. A esto le llama la primera disociación mítica. No es, sin embargo, la única manera de vivir la religión, incluso las occidentales. Para Campbell, Dios debe ser entendido como una metáfora y su sentido está en cada uno: "el reino de los cielos está dentro de ti". De ahí el nombre de este libro que repite una formula mística zen tat tvam asi, tú eres eso. Más allá de que las opiniones de Campbell resulten convincentes, son interesantes y las apoya en un buen soporte erudito. Para un practicante de las religiones occidentales este libro será una buena oportunidad para confrontar sus propias concepciones y para quien no lo sea, una buena ocasión para reflexionar sobre uno de los pilares de esta cultura.

R.G.

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