Jaime Clara
CINCO MESES antes de cumplir cien años, Al
Hirschfeld murió el 20 de enero en Nueva York. Se dijo
que fue el hombre que más espectáculos vio en esa
ciudad. Vio y dibujó, porque toda Broadway pasó a
través de su pluma. Fue el favorito entre los dibujantes
del espectáculo en Estados Unidos. Según su esposa,
el último dibujo, en el que trabajaba el día anterior a su
muerte, era una caricatura de los hermanos Marx.
Hirschfeld nació el 21 de junio de 1903 en Saint Louis.
A los once años de edad llegó a Nueva York, ciudad
que lo adoptó hasta el último día de su vida. Comenzó
la actividad plástica realizando caricaturas políticas,
dibujos muy críticos e irónicos en medios gráficos
europeos.
ANTES Y DESPUES DE AL. En la década de 1930
volvió a Estados Unidos. Tuvo la oportunidad de
dibujar en el New York Times en reemplazo del
caricaturista político del periódico. Hirschfeld no aceptó
porque consideró que hacer dibujos políticos suponía
una gran responsabilidad ante el lector. "Ud. influye en
mucha gente, gente particularmente joven. Y a menos
que usted realmente crea qué está diciendo, hay que
tener mucho cuidado".
Eligió la temática cultural y del espectáculo como
contenidos de sus dibujos. "No quise ser un
caricaturista. Yo no me considero un caricaturista. Una
caricatura es algo que tiene una idea literal, un punto
de vista. Con los años simplemente me he
preocupado sobre la línea, formando un espacio. Una
caricatura no depende de la calidad, sino de la idea. Si
es una idea buena, cualquiera puede hacerlo".
Jamás incluyó un diálogo en sus dibujos. Tuvo un trazo
estilizado, perfecto. Su estilo fue único e inconfundible.
Pese a haber ensayado el color, sus grandes
ilustraciones fueron en blanco y negro, plumín en
mano. Varias de sus creaciones están en los museos
más importantes de Estados Unidos. Cuando cumplió
98 años, se editó un libro en su homenaje —Hirschfeld
on line— con más de 400 dibujos y fotografías, junto a
ensayos críticos por Arthur Miller, Whoopi Goldberg,
Kurt Vonnegut, Grace Mirabella y Nina Hirschfeld, su
hija.
"La gente en Hirschfeld comparte la calidad de regocijo
energético en la vida", escribió Arthur Miller. "Mirar a un
Hirschfeld saca, de usted, lo mejor. Las diáfanas
vibraciones de las líneas y sus relaciones mágicas de
uno a otro nos muestran que no todo está perdido; es
la mejor manera para irse a dormir. Que la vida puede
ser maravillosa. El ha encontrado, ingeniosamente, un
estilo y un rasgo de los que usted nunca es
consciente. Inevitablemente, de hecho, hay algo
cómico en esto, algo absurdo y, a la vez mortífero,
serio. Hirschfeld es una combinación: nunca cesa de
sorprender y permanentemente nos perturba",
sentenció el dramaturgo.
Para la actriz Whoopi Goldberg Hirschfeld "es capaz de
capturar la esencia en unos golpes cortos de la pluma.
Es tan modesto que repite que no sabe sacarlo a
usted, viéndolo. Es capaz de ver el carácter y ponerlo
directo en la página, cosa que otra gente no ve
demasiado. Pienso que su objetivo es forzar a la gente
a usar sus facultades de observación, cuando uno
está sentado a la mesa con el periódico abierto,
buscando alguna gratificación. No hay manera mejor
para gastar un domingo por la mañana. En el
espectáculo hay un antes y un después de Al."
(Una nota sobre Hirschfeld había sido
ya publicada en este
suplemento, No. 510, de agosto 1999)
Nina
AL OBSERVAR una caricatura de Al Hirschfeld se
puede jugar. En la mayoría de sus trabajos se
encuentra escondido, una o varias veces, el nombre de
su hija. La primera vez que lo colocó fue el día en que
Nina nació, en 1945. Fue en una caricatura referente al
espectáculo Are you with it? En un segundo plano, en
el rincón superior derecho de la ilustración, había un
pequeño afiche que tenía el rostro de un bebé y el
nombre de la recién nacida. Lo que pretendió ser una
broma, se transformó en una "insensata obsesión",
explicó. "Cuando traté dejar afuera los Ninas, terminé
enloqueciendo a los lectores del Times, que me
mandaron cartas desesperadas y demandaron que
volviera a insertar el nombre en los dibujos." En 1960
adoptó la costumbre de añadir un número al lado de
su firma, que significa la cantidad de Ninas que había
en la caricatura, escondidos en los pliegues de las
telas, en los cabellos, o en insólitos lugares.