László Erdélyi
PARADOJAS DE LA CIENCIA. La historia de la ciencia,
esa nueva disciplina que atrae cada vez más curiosos,
ha cometido un error recurrente al trivializar o
caricaturizar la vida de quienes hicieron los grandes
descubrimientos. La receta es simple: plantear al
nóvel descubridor como un paria luchando contra la
ignorancia de su época, el viejo cuento de la buena
ciencia contra la ciencia mala y mezquina. Como en
toda simplificación, la verdad queda por el camino.
El libro de John Waller Fabulous science (Oxford) pone
sobre la mesa la realidad y los mitos en torno de los
casos más notorios, con protagonistas como Pasteur,
Isaac Newton, Gregor Mendel, Alexander Fleming, y el
propio Einstein, entre otros. El resultado es fascinante.
Un caso paradigmático es el del descubridor de la
bacteria del cólera, el inglés John Snow. Basándose
en el estudio de un caso, el de la calle Broad de
Londres, el científico teorizó —en forma correcta—que
el vehículo de contagio era el agua consumida en un
grifo público y no a partir del aire, como sostenían sus
colegas contemporáneos. De hecho pugnaban dos
teorías: la vieja, donde el origen de las enfermedades
estaba en las miasmas o materias putrefactas, y la
nueva, que hablaba de pequeñas bacterias de cólera
sólo visibles al microscopio.
Waller desmiente el gesto de Snow cerrando
definitivamente la famosa canilla (no la cerró él sino un
comité de salud, y cuando el agua ya no estaba más
contaminada); explica, además, hasta qué punto la
investigación de Snow era criticable en términos
científicos, mientras que las teorías contrarias poseían
un bagaje empírico superior, con una cantidad enorme
de datos sistematizados. Aunque estaba en lo cierto,
de acuerdo a parámetros actuales Snow no merecía
ser tomado en serio, lo cual es paradojal.
Esas paradojas vuelven en las demás historias, como
cuando el gran biólogo Louis Pasteur suprime datos
de su investigación que no confirmaban su teoría, o
cuando se describen lo mugrientas que estaban las
salas de operaciones donde el médico Joseph Lister
introdujo las modernas prácticas antisépticas en
cirugía, aunque el mito las plantea inmaculadas. Son
en total unos 20 casos cuyo retrato de época cautivará
al lector.
ATACANDO A KADDAFI. La historia de los ataques
terroristas de origen musulmán contra Occidente, y en
particular Estados Unidos, lleva ya varias décadas. Las
operaciones militares derivadas de los atentados del
11 de setiembre siguen, a esta altura, un patrón
bastante similar. Prueba de ello es el libro de Joseph
T. Stanik, El Dorado Canyon (Naval Institute Press)
describiendo la operación "El Dorado Canyon",
consistente en bombardeos norteamericanos contra
Libia (1986) en respuesta a atentados terroristas
ocurridos en Europa, donde soldados
norteamericanos resultaron víctimas, y a firmes
sospechas de que Libia estaba fabricando armas
químicas.
El libro resulta pertinente por dos cosas. Primero,
porque todo parece una película ya vista: las armas
ahora apuntan a Saddam Hussein por sus esfuerzos
en producir armas químicas y biológicas, y aún no
dejaron de tronar las armas en Afganistán, donde
Estados Unidos y sus aliados atacaron a la
organización terrorista Al Qaeda y al régimen anfitrión,
los Talibán. En segundo término, porque las dos
décadas transcurridas han permitido disponer de
mucha información nueva —hasta ahora secreta—
sobre lo que realmente sucedió en la Libia de Kaddafi,
los objetivos que se atacaron, y el alcance de los
enfrentamientos directos con los libios en el Golfo de
Sidra y el espacio aéreo circundante, así como
también los errores y aciertos de la diplomacia
norteamericana durante el conflicto.
El trabajo de Stanik hace un minucioso recuento de
todas las etapas del caso, desde los vínculos con el
terrorismo que mantenía Kaddafi —con bases de
entrenamiento en la propia Libia—, la escalada de
enfrentamientos verbales y militares entre Reagan y
Kaddafi entre 1981 y 1986, que culminó en la
operación "El Dorado Canyon", e insólitos detalles de
los enfrentamientos aéreos, con un relato que pone al
lector dentro de la cabina de los aviones. El autor, a su
vez, no deja cabos sueltos en las diversas
ramificaciones del caso. A modo de ejemplo, explica
todo lo concerniente a los atentados en Alemania,
descubriendo tramas cinematográficas como el de la
bomba en la discoteca La Belle en Berlín Oeste. La
justicia alemana terminó procesando a los
responsables de este atentado en el 2001, develando
la colaboración de los servicios secretos de Alemania
Oriental (STASI) en la preparación y ejecución del
hecho.
BELLEZA VERTICAL. A pesar de la desaparición de las
Torres Gemelas, el skyline de New York mantiene dos
rascacielos cuya belleza y personalidad arquitectónica
nunca tuvieron rival: el Empire State Building (1931), y
el Chrysler Building (1930). El primero, 200 pies más
alto que el segundo, pasó a ser el símbolo
arquitectónico de la modernidad. A partir de allí el
Chrysler fue el hermano menor, cuyo recargado estilo
art decó le mereció calificativos peyorativos, entre ellos
el de "kitsch prostituído".
Pero las cosas cambian. Prueba de ello es la
aparición de The Chrysler Building, Creating an New
York Icon Day by Day de David Stravitz (Princeton
Architectural Press), volumen de fotografías de época
tratadas digitalmente, en lujosa edición de gran
tamaño y tapas duras, recorriendo todo el proceso,
desde la elección de terreno, instalación de
fundamentos, hasta el proceso constructivo piso por
piso. Dicho registro fotográfico cobra inusual
intensidad durante la consolidación de los últimos
pisos, donde el decorado art decó en metal y sus
caprichosas formas se han transformado en un
referente visual del midtown neoyorquino.
Como parte de este reencuentro con el Chrysler
apareció también la edición actualizada de The
Architectural Guidebook to New York City de Francis
Morrone (Gibbs Smith Publisher), rival de la tradicional
guía de la AIA (American Institute of Architects) con un
enfoque anecdótico, opinado y accesible para el lector
general. Buenos mapas permiten armar recorridos a
pie, y transformar al libro en un buen compañero de
viaje, al ofrecer datos, historia y análisis estético de
cientos de edificios de la Gran Manzana. Un buen
ejemplo es la entrada sobre el propio edificio Chrysler:
"Quiero defender a este edificio. Ninguno, en esta
ciudad, es capaz de provocar la sonrisa al ver el sol
brillando en su cúpula", para agregar que "una
encuesta entre arquitectos lo colocaría como el edificio
más importante de New York".
Los amantes del art decó estarán felices.