Osvaldo Saratsola
MEDIO SIGLO ATRÁS la televisión no era un problema
para las exhibiciones cinematográficas en el Uruguay,
que estaban en su cima histórica de popularidad y
ofrecían cada vez más y mejores butacas para un
público siempre creciente. Pero desde el extranjero
comenzaron a llegar signos de alerta, especialmente
de Estados Unidos, donde la venta de aparatos
domésticos de TV ya alcanzaba cifras millonarias. Las
respuestas de Hollywood a esa nueva realidad fueron
de variado tipo, y llegaron a gran velocidad a nuestro
país aunque por causas distintas a las de origen.
En el inicio de los años 50 otro tipo de fuerte
competencia se desarrollaba en Montevideo, en sus
cines céntricos y barriales, aunque también en el
interior urbano del país. El apogeo de la empresa
Glücksmann y su largo dominio del sector habían sido
puestos en jaque, sobre todo por las pujantes
Compañía Exhibidora Nacional S.A. (CENSA),
Sociedad Anónima Uruguaya de Exhibidores
Cinematográficos (SAUDEC) y Compañía Central
Cinematográfica S.A. (CCC) que conseguían sumar
salas, confort, capacidad, películas y campañas
publicitarias a un negocio que parecía no mostrar
signos de agotamiento. El resultado natural fue que
aquella "guerra de pantallas" internacional nacida por
factores aún lejanos se transformara en un elemento
más en la lucha interna dentro del mercado uruguayo,
con la participación de las exhibidoras citadas, y la
extranjera Metro-Goldwyn-Mayer, instalada aquí desde
1934 con material propio.
TERCERA DIMENSION. Al cine Radio City
(administrado por Glücksmann) llegaba como primicia
a Sud América en mayo de 1953 El diablo Bwana,
primer largometraje comercial filmado en Estados
Unidos en 3-D. La entrada regular aumentó de $ 1,19 a
$ 1,60 aunque se aclaraba que $ 0,41 correspondían a
la "venta de lentes polarizados, necesarios para la
trabajosa visión de las imágenes y guardables para
otra ocasión similar". En agosto se estrenaba en el
Grand Palace (CENSA) el segundo ejemplo,
Ticonderoga, ahora con una pantalla especial más
ancha colocada delante de la común. Luego de
algunos estrenos los precios disminuyeron: $ 0,80 el
ingreso a la sala y $ 0,40 el "mirador polarizado".
Pasada la época de elemental curiosidad las
exhibiciones en Tercera Dimensión dejaron de
interesar en Montevideo, entre otras cosas porque las
películas iniciales eran aventuras poco atractivas, una
catarata de primeros planos de piedras, flechas,
antorchas y peligros diversos arrojados sobre el
público. En las décadas siguientes el 3-D reapareció
sólo por excepción, siendo el ejemplo más insólito el
filme porno Amor en tercera dimensión, estrenado en
el Luxor (CENSA) en diciembre 1984 en pleno destape,
con un llamado publicitario a la gente "para poder
acariciar todo lo que vea".
PANORAMICAS. Adelantándose a los "scopes" y
compitiendo con el 3-D, en octubre de 1953 el Metro
presentaba Lili, el primer filme MGM previsto para un
nuevo tamaño de tela más rectangular que el
tradicional. Hasta junio 1954 se siguió con los
estrenos pero también con las reposiciones de su
extenso catálogo de clásicos, donde no se dudaba en
rebanar famosas cabezas con tal de ensanchar las
imágenes.
En época de grandes campañas publicitarias, en
diciembre 1954 el Plaza (CCC) exhibía Navidad blanca
en VistaVision como "Primicia Simultánea Universal",
mientras el Metro respondía con una Rapsodia con el
mismo Sonido Estereofónico "Perspecta" que había
dado a conocer en julio junto al Cinemascope. Unos
días después, a comienzos de 1955, la MGM pasó a
denominar definitivamente "Metroscope" a la "Pantalla
Panorámica".
CINEMASCOPE. Casi un año después de la apertura
del cine Censa, la inauguración en abril 1954 de las
exhibiciones en Cinemascope significó el lanzamiento
propagandístico mayor de la 20th Century Fox,
anunciado en la prensa como un hito histórico para los
espectáculos locales: "el acontecimiento
cinematográfico más importante del siglo", "la nueva
maravilla en fotografía dimensional", una "pantalla de
18 metros de ancho por 7 metros de alto, un sonido
estereofónico direccional de alta fidelidad reproducido
en cuatro bandas magnéticas, veinte parlantes en la
sala". El flamante equipamiento hizo perder dos
centenares de asientos a la inmensa platea, que poco
se notaron, y motivó una función inicial de gala por
invitación y etiqueta obligatoria, y la edición de un
folleto de veinte páginas con explicaciones técnicas
sobre la proyección en una gran tela.
Aquel 12 de marzo de 1954 junto a El manto sagrado,
que se mantuvo con éxito cuatro semanas en la
cartelera, también aparecieron los altos precios en
Montevideo: la entrada que valía regularmente en salas
de primera línea $ 1,19 subió un 50% hasta $ 1,80.
Los siguientes estrenos en el nuevo formato, Como
pescar un millonario el 7 de abril y Llamas en la India
el 7 de mayo, causaron ya menos impacto público, y
luego de un breve paréntesis (las películas realizadas
en Cinemascope eran todavía escasas) la
presentación en el Censa de El príncipe valiente el 11
de junio fue con valores y régimen de exhibición
corrientes.
De cualquier manera la pantalla muy ancha había
llegado al mercado para quedarse. La MGM en su cine
Metro inauguraba el Cinemascope con sonido estéreo
poco después, el 8 de julio, con Los caballeros del Rey
Arturo, siguiendo la competencia a pleno mientras
avisaba que Uruguay era el tercer país en el mundo
que la conocía luego de Estados Unidos e Inglaterra.
En los siguientes años todas las salas céntricas de
buen nivel salvo El Polvorín (SAUDEC) la agregaron,
aunque con calidad e inversiones desparejas. Hacia
fines de la década del 50 las grandes producciones de
Hollywood y las industrias europeas se filmaban en
pantalla ancha, por lo que a comienzos de la siguiente
el formato se había extendido por obligación hasta las
salas de barrio capitalinas y del interior uruguayo.
70 MILIMETROS. Después de importantes reformas y
un gasto de 200.000 pesos, con flamante gran tela,
equipos de proyección italianos Cinemecanico (tipo
Todd-AO) y acondicionamiento acústico, el California
(CENSA) inauguraba en junio 1961 con Espartaco de
Kubrick las exhibiciones montevideanas en 70
milímetros (Super Technirama 70). La sala quedó
hasta diciembre 1966 como la única preparada para
las escasas producciones con este ancho de cinta que
llegaron al Uruguay, donde por razones de mercado
los importadores introdujeron casi siempre sólo las
versiones normales en 35 milímetros. Se realizaron en
el California una docena de estrenos, invariablemente
con largas permanencias en cartelera (por contrato), la
mayor de las cuales fue la de La novicia rebelde desde
comienzos de agosto 1966 hasta fines de año.
Sin mayores explicaciones, en marzo 1967 todo el
equipamiento fue llevado al cine Ambassador (CENSA)
donde se utilizó intermitentemente hasta noviembre
1982. En este largo período hubieron tres éxitos de
público para recordar: la reposición de una renovada
versión de Lo que el viento se llevó en setiembre 1968
y los estrenos de 2001, Odisea del espacio en julio
1969 y de Erase una vez en Hollywood en marzo 1975.
CINERAMA. La sorpresiva aparición del Cinerama en
setiembre 1963 pareció tardía, once años después de
sus comienzos en Estados Unidos y de que las
limitaciones de la triple proyección simultánea sobre
un gran espacio habían quedado claras. Fue la única
competencia realmente novedosa que presentaron
nuestros cines cuando la TV local empezó su difusión
masiva, aunque los dados ya estaban echados: los
espectadores anuales en salas de Montevideo
pasaron en promedio de 18:109.000 en el decenio
1951-1960 a 8:261.000 en el decenio 1963-1972.
La unión de Cinematográfica Glücksmann-Cinesa SA y
Cinerama Incorporated permitió relanzar el cine Eliseo
(que era de 1949), luego de una cuantiosa inversión y
cuatro meses de trabajo, para inaugurar "230 metros
cuadrados de pantalla curvada con 1.100 estrías de
material plástico dispuestas en forma de persiana
veneciana, 7 canales de grabación y 8 de reproducción
en banda magnética, con 50 parlantes en sala", con el
anuncio de que cada film iba a estar muchos meses
en cartel por razones de costo.
El inicio fue con la histórica Esto es Cinerama, con
enorme propaganda, un régimen estricto de funciones
por secciones, reserva de localidades numeradas con
15 días de anticipación y precios muy por encima de
los normales. La experiencia duró hasta fines de 1966,
en sus últimos meses ya en continuado y con entradas
rebajadas. Se estrenaron en total seis películas,
aunque sólo una de ellas, La conquista del oeste, era
argumental: estuvo en exhibición entre comienzos de
julio 1964 y fines de abril 1965. Curiosamente, otra
realización argumental para Cinerama, El maravilloso
mundo de los hermanos Grimm, se exhibió en
Montevideo en salas regulares desde diciembre 1967
en Cinemascope con dos molestas líneas verticales
en la pantalla que denunciaban su filmación original.