VIERNES 28 de febrero de 2003- Año 85 -Nº 29296
Internet Año 7 - Nº 2406 | Montevideo - Uruguay
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Cine vs. TV hace 50 años
La guerra de las pantallas

Osvaldo Saratsola

MEDIO SIGLO ATRÁS la televisión no era un problema para las exhibiciones cinematográficas en el Uruguay, que estaban en su cima histórica de popularidad y ofrecían cada vez más y mejores butacas para un público siempre creciente. Pero desde el extranjero comenzaron a llegar signos de alerta, especialmente de Estados Unidos, donde la venta de aparatos domésticos de TV ya alcanzaba cifras millonarias. Las respuestas de Hollywood a esa nueva realidad fueron de variado tipo, y llegaron a gran velocidad a nuestro país aunque por causas distintas a las de origen.

En el inicio de los años 50 otro tipo de fuerte competencia se desarrollaba en Montevideo, en sus cines céntricos y barriales, aunque también en el interior urbano del país. El apogeo de la empresa Glücksmann y su largo dominio del sector habían sido puestos en jaque, sobre todo por las pujantes Compañía Exhibidora Nacional S.A. (CENSA), Sociedad Anónima Uruguaya de Exhibidores Cinematográficos (SAUDEC) y Compañía Central Cinematográfica S.A. (CCC) que conseguían sumar salas, confort, capacidad, películas y campañas publicitarias a un negocio que parecía no mostrar signos de agotamiento. El resultado natural fue que aquella "guerra de pantallas" internacional nacida por factores aún lejanos se transformara en un elemento más en la lucha interna dentro del mercado uruguayo, con la participación de las exhibidoras citadas, y la extranjera Metro-Goldwyn-Mayer, instalada aquí desde 1934 con material propio.

TERCERA DIMENSION. Al cine Radio City (administrado por Glücksmann) llegaba como primicia a Sud América en mayo de 1953 El diablo Bwana, primer largometraje comercial filmado en Estados Unidos en 3-D. La entrada regular aumentó de $ 1,19 a $ 1,60 aunque se aclaraba que $ 0,41 correspondían a la "venta de lentes polarizados, necesarios para la trabajosa visión de las imágenes y guardables para otra ocasión similar". En agosto se estrenaba en el Grand Palace (CENSA) el segundo ejemplo, Ticonderoga, ahora con una pantalla especial más ancha colocada delante de la común. Luego de algunos estrenos los precios disminuyeron: $ 0,80 el ingreso a la sala y $ 0,40 el "mirador polarizado".

Pasada la época de elemental curiosidad las exhibiciones en Tercera Dimensión dejaron de interesar en Montevideo, entre otras cosas porque las películas iniciales eran aventuras poco atractivas, una catarata de primeros planos de piedras, flechas, antorchas y peligros diversos arrojados sobre el público. En las décadas siguientes el 3-D reapareció sólo por excepción, siendo el ejemplo más insólito el filme porno Amor en tercera dimensión, estrenado en el Luxor (CENSA) en diciembre 1984 en pleno destape, con un llamado publicitario a la gente "para poder acariciar todo lo que vea".

PANORAMICAS. Adelantándose a los "scopes" y compitiendo con el 3-D, en octubre de 1953 el Metro presentaba Lili, el primer filme MGM previsto para un nuevo tamaño de tela más rectangular que el tradicional. Hasta junio 1954 se siguió con los estrenos pero también con las reposiciones de su extenso catálogo de clásicos, donde no se dudaba en rebanar famosas cabezas con tal de ensanchar las imágenes.

En época de grandes campañas publicitarias, en diciembre 1954 el Plaza (CCC) exhibía Navidad blanca en VistaVision como "Primicia Simultánea Universal", mientras el Metro respondía con una Rapsodia con el mismo Sonido Estereofónico "Perspecta" que había dado a conocer en julio junto al Cinemascope. Unos días después, a comienzos de 1955, la MGM pasó a denominar definitivamente "Metroscope" a la "Pantalla Panorámica".

CINEMASCOPE. Casi un año después de la apertura del cine Censa, la inauguración en abril 1954 de las exhibiciones en Cinemascope significó el lanzamiento propagandístico mayor de la 20th Century Fox, anunciado en la prensa como un hito histórico para los espectáculos locales: "el acontecimiento cinematográfico más importante del siglo", "la nueva maravilla en fotografía dimensional", una "pantalla de 18 metros de ancho por 7 metros de alto, un sonido estereofónico direccional de alta fidelidad reproducido en cuatro bandas magnéticas, veinte parlantes en la sala". El flamante equipamiento hizo perder dos centenares de asientos a la inmensa platea, que poco se notaron, y motivó una función inicial de gala por invitación y etiqueta obligatoria, y la edición de un folleto de veinte páginas con explicaciones técnicas sobre la proyección en una gran tela.

Aquel 12 de marzo de 1954 junto a El manto sagrado, que se mantuvo con éxito cuatro semanas en la cartelera, también aparecieron los altos precios en Montevideo: la entrada que valía regularmente en salas de primera línea $ 1,19 subió un 50% hasta $ 1,80. Los siguientes estrenos en el nuevo formato, Como pescar un millonario el 7 de abril y Llamas en la India el 7 de mayo, causaron ya menos impacto público, y luego de un breve paréntesis (las películas realizadas en Cinemascope eran todavía escasas) la presentación en el Censa de El príncipe valiente el 11 de junio fue con valores y régimen de exhibición corrientes.

De cualquier manera la pantalla muy ancha había llegado al mercado para quedarse. La MGM en su cine Metro inauguraba el Cinemascope con sonido estéreo poco después, el 8 de julio, con Los caballeros del Rey Arturo, siguiendo la competencia a pleno mientras avisaba que Uruguay era el tercer país en el mundo que la conocía luego de Estados Unidos e Inglaterra. En los siguientes años todas las salas céntricas de buen nivel salvo El Polvorín (SAUDEC) la agregaron, aunque con calidad e inversiones desparejas. Hacia fines de la década del 50 las grandes producciones de Hollywood y las industrias europeas se filmaban en pantalla ancha, por lo que a comienzos de la siguiente el formato se había extendido por obligación hasta las salas de barrio capitalinas y del interior uruguayo.

70 MILIMETROS. Después de importantes reformas y un gasto de 200.000 pesos, con flamante gran tela, equipos de proyección italianos Cinemecanico (tipo Todd-AO) y acondicionamiento acústico, el California (CENSA) inauguraba en junio 1961 con Espartaco de Kubrick las exhibiciones montevideanas en 70 milímetros (Super Technirama 70). La sala quedó hasta diciembre 1966 como la única preparada para las escasas producciones con este ancho de cinta que llegaron al Uruguay, donde por razones de mercado los importadores introdujeron casi siempre sólo las versiones normales en 35 milímetros. Se realizaron en el California una docena de estrenos, invariablemente con largas permanencias en cartelera (por contrato), la mayor de las cuales fue la de La novicia rebelde desde comienzos de agosto 1966 hasta fines de año.

Sin mayores explicaciones, en marzo 1967 todo el equipamiento fue llevado al cine Ambassador (CENSA) donde se utilizó intermitentemente hasta noviembre 1982. En este largo período hubieron tres éxitos de público para recordar: la reposición de una renovada versión de Lo que el viento se llevó en setiembre 1968 y los estrenos de 2001, Odisea del espacio en julio 1969 y de Erase una vez en Hollywood en marzo 1975.

CINERAMA. La sorpresiva aparición del Cinerama en setiembre 1963 pareció tardía, once años después de sus comienzos en Estados Unidos y de que las limitaciones de la triple proyección simultánea sobre un gran espacio habían quedado claras. Fue la única competencia realmente novedosa que presentaron nuestros cines cuando la TV local empezó su difusión masiva, aunque los dados ya estaban echados: los espectadores anuales en salas de Montevideo pasaron en promedio de 18:109.000 en el decenio 1951-1960 a 8:261.000 en el decenio 1963-1972.

La unión de Cinematográfica Glücksmann-Cinesa SA y Cinerama Incorporated permitió relanzar el cine Eliseo (que era de 1949), luego de una cuantiosa inversión y cuatro meses de trabajo, para inaugurar "230 metros cuadrados de pantalla curvada con 1.100 estrías de material plástico dispuestas en forma de persiana veneciana, 7 canales de grabación y 8 de reproducción en banda magnética, con 50 parlantes en sala", con el anuncio de que cada film iba a estar muchos meses en cartel por razones de costo.

El inicio fue con la histórica Esto es Cinerama, con enorme propaganda, un régimen estricto de funciones por secciones, reserva de localidades numeradas con 15 días de anticipación y precios muy por encima de los normales. La experiencia duró hasta fines de 1966, en sus últimos meses ya en continuado y con entradas rebajadas. Se estrenaron en total seis películas, aunque sólo una de ellas, La conquista del oeste, era argumental: estuvo en exhibición entre comienzos de julio 1964 y fines de abril 1965. Curiosamente, otra realización argumental para Cinerama, El maravilloso mundo de los hermanos Grimm, se exhibió en Montevideo en salas regulares desde diciembre 1967 en Cinemascope con dos molestas líneas verticales en la pantalla que denunciaban su filmación original.



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