Pablo Rocca
SEGURAMENTE inspirándose en una vieja observación de Noé Jitrik, en una nota de La Voz del Interior, Carlos Gazzera señaló hace poco que "1926 fue un año clave para la literatura, el arte y la cultura en la Argentina". Es en ese año cuando las bifurcaciones se precipitan, se radicalizan y exigen la toma de partido: los escritores son de Boedo o de Florida, se lee Crítica o La Razón, se vota por Yrigoyen o Alvear. En gran medida el aserto podría extenderse a la otra orilla del Plata, donde en pleno apogeo del batllismo hay quienes buscan los elementos "nacionales" de la cultura uruguaya. Mientras en Buenos Aires se publican El juguete rabioso, de Arlt y Don Segundo Sombra, de Güiraldes, en Montevideo se dan a conocer Raza ciega, de Francisco Espínola y Crónica de un crimen, de Zavala Muniz. En ese mismo 1926, con su Cosas de negros, Vicente Rossi (1871-1945) construye desde la excéntrica Córdoba un puente entre los dos países del Río de la Plata. Hoy puede verse que su indagación de la cultura negra, que sus confluyentes opiniones sobre lo criollo y sus abundantes hipótesis filológicas, son un hito literario en aquellos años productivos. Se trata de una singular experiencia de escritura cimentada en la convicción de que a los "textos rioplatenses de historia nacional y americana" les sobran "xenofilia y confirmaciones abstractas".
Nacido en Santa Lucía, Rossi incursionó en Montevideo en el artículo y la crónica costumbrista, tanto en El Fogón como en El Día y El Siglo. En 1912, ya radicado en Córdoba —su definitivo pago—, dio a conocer un volumen que recogía crónicas policiales y, en 1921, redactó un estudio sobre el gaucho. Cosas de negros es el primer libro dedicado por entero a la cultura negra en el Río de la Plata, aunque debe (y lo confiesa) algunas de sus páginas a las de Montevideo Antiguo (1887-1895), de Isidoro de María—quien fuera su amigo— y otras al argentino José A. Wilde. Por cierto, su escaso rigor documental y su irrefrenable tendencia opinadora le valieron cierta inicial indiferencia desde los "estudios sociales". Pero eso mismo, su primordial condición de relato —vivaz, inquisitivo—, le ha permitido sobrevivir y sortear sus imperfecciones en cuanto aporte "científico". Pocos advirtieron que esa era una opción de escritura. El primero en notarlo fue el joven Borges, quien en dos notas dejó claro que sus ideas dialogaban y, a veces, peleaban con las de Rossi. Era el tiempo en que Borges procuraba una lengua neocriolla fonetizando la ortografía propia, tarea que Rossi afrontó en Cosas de negros y defendió con ahínco en sus Folletos lenguaraces (1917-1945); era entonces cuando discutía sobre las cosas "de acá", sin acartonamientos y muy lejos de la abominada prosa castellana a la madrileña. En este libro hay algo más que debió fascinar a Borges: el retrato feroz de Juan Manuel de Rosas, compartida fobia.
Rossi rastrea los orígenes del candombe, se desplaza por el tango y otras formas musicales procurando mostrar sus raíces afro, explora la evolución de muchos términos sobre estos procesos —a menudo con hipótesis un poco tanteadoras—, explica la desaparición o la supervivencia de algunas costumbres recurriendo a testimonios de otros y a recuerdos suyos. Algunos datos resultan de interés para esta orilla, como la existencia de "sociedades filarmónicas" en Montevideo antes de 1870, para las cuales sus integrantes componían música y letras "con versos alusivos a la raza negra y a su triste destino"; la visita del autor a los últimos "reyes" africanos en la calle Queguay o las descripciones de los últimos candombes. Sobre estos casos propone interpretaciones personales, por ejemplo: el atuendo del escobero combina la levita con el taparrabos africano; las agrupaciones negras remedan las instituciones dominantes (presidentes, cabildos, etc.) constituyendo una burla al blanco, que este no percibía. El propio Rossi no escapa a una visión sobre el negro entre paternal y por momentos menoscabante. Sin su aporte, al fin, investigaciones posteriores, como las de Ildefonso Pereda Valdés o de Lauro Ayestarán, no hubieran sido posibles.
COSAS DE NEGROS, de Vicente Rossi, Taurus, Buenos Aires, 2001, Prólogo y notas de Horacio J. Becco. Distribuye Santillana. 304 págs.
Religión
MEMORIAS DE UN CURA de Julio César Elizaga, editorial Océano/ Abraxas, Barcelona, 2001, 380 páginas.
HACE UNOS AÑOS, el padre Elizaga era conocido principalmente por su labor de investigación acerca de sectas religiosas y su presencia en medios de comunicación, para opinar desde su condición de sacerdote católico. Voluntariamente o no, esta amena autobiografía Memorias de un cura deja atrás a aquel polemista y proyecta una imagen más abierta y contemporizadora.
Pese a que en algunas páginas vuelve a aparecer el firme defensor de la doctrina católica frente a sus adversarios (como en "La reencarnación", "Los cultos afro-brasileños", o "La secta Moon") son muchos los capítulos que reafirman una actitud de respeto por otras religiones o ideologías.
Por ejemplo, en "Contacto con el Islam", Elizaga pide al lector que no se confunda con "los terroristas islámicos que no tienen nada que ver con el verdadero Islam". En "Oración en el velatorio de un comunista" invita a considerar sin prejuicios la muerte de un hombre, por más que en vida haya adherido a una doctrina tradicionalmente enemiga de la Iglesia. En "Discusión con los ateos" afirma con toda claridad: "Hoy también en el campo de la relación entre ciencias y fe, ‘diálogo’ es la palabra y la actitud clave para un futuro que se presenta cada vez más pluralista, multirreligioso y multicultural".
Puede que para algunos lectores no resulte eficaz el recurso del autor de asociarse con personajes famosos —que van desde el presidente del BID Enrique Iglesias hasta Napoleón Duarte—, porque no todos los capítulos o las fotografías donde se aplica el procedimiento dejan en claro si el nexo es relevante o circunstancial.
Sin embargo, más allá de estos reparos, en Memorias de un cura Julio César Elizaga, además de mostrarse tolerante de las distintas creencias religiosas o políticas, logra instalar en las mejores páginas la figura de un cura coherente con su fe en medio de la dura cotidianeidad de barrios y parroquias. Los breves capítulos pueden leerse en cualquier orden, siguiendo el propio interés, y de este modo las casi 400 páginas pueden completarse en un lapso muy corto. Pero las reflexiones que suscitarán algunos de estos recuerdos en el lector que desee trascender el nivel anecdótico —incluso si es ateo o es agnóstico—, perdurarán por muchísimo más tiempo.
Basta mencionar lo narrado por el padre Elizaga en algunos capítulos, donde cierta distancia fría de lo acontecido y algunas moralejas previsibles, no impiden una sensación de vértigo y asombro: los religiosos y las religiosas que toman en serio su vocación ven pasar su vida en medio de experiencias humanas terribles y situaciones límite poco manejables. En esos capítulos asoma un mensaje que no llega a explicitarse del todo pero que puede transformar en filósofo por unos segundos a cualquier lector.
Por ejemplo, el pasaje del adoquín que apuntó a la cabeza del cura, lanzado por un joven de la Colonia Berro, y el destino de vidas similares que Elizaga y el párroco Ponce de León procuraban apoyar —mientras la policía les devolvía los objetos robados por sus inconstantes huéspedes—. O la página destinada al reconocimiento en la morgue del cuerpo de muchacho ahogado cerca de Las Pipas de Carrasco. O el relato de la asistencia a enfermos y moribundos, como el joven piloto de aviación quemado vivo en un accidente, que llegó a recibir los sacramentos. O la impotencia frente a las dictaduras rioplatenses, cuando la mano autoritaria privaba de libertad y de la vida, a alguna persona conocida. O el capítulo dedicado a una madre que no pudo salvar a su hijo una noche de lluvia, y que se suicidó luego, igual que él.
Aunque se trata de una autobiografía, lo que aquí importa no es tanto —o no solamente— la idea o la conclusión que en cada caso intenta comunicar el protagonista, sino los distintos niveles de lectura que puede aprovechar cualquier lector. Esos niveles pueden convertirse en fisuras o espejos de realidades extremas o cotidianas, a veces inquietantes.
A.C.
Terror
BUICK 8. UN COCHE PERVERSO de Stephen King. Plaza & Janés. Buenos Aires, 2002. Distribuye Sudamericana Uruguaya. 380 págs.
DESDE LA PROPIA NADA el coche del título aparece en una gasolinera. Cuando llega la policía, descubre que es un vehículo realmente muy extraño. No tiene contactos en su motor, está como a medio terminar, no se sabe quién es el dueño. Pronto los integrantes de la patrulla que acude al llamado del dueño del lugar se llevan el Buick, y se lo quedan, en un galpón a salvo de miradas de extraños. Uno de los policías se obsesiona con el asunto y al fin muere, o desaparece. Cada tanto, el Buick escupe primero luces y después objetos o seres extraños por su maletero. Todo es contado por un policía cuando en el presente, el hijo del policía desaparecido trata de saber qué pasó.
Estos datos parecen el planteo sobre el que podría desarrollarse un relato interesante. Por desgracia, la lectura de las 380 páginas no aporta mucho más. La materia argumental concreta da apenas para un cuento largo o una novela muy corta. El resto es minuciosa descripción de las personalidades y hábitos de los integrantes de esa patrulla de caminos de Pensilvania, que encontró el auto-monstruo en 1979, y se ha pasado los más de veinte años siguientes preguntándose de qué se trata.
El lector, y sobre todo el lector de King, irá extendiéndole al llamado "rey del terror" sucesivas garantías basadas en su pasado de buen contador de historias, postergando el gran momento de revelación o explosión que justifique el aburrimiento cada vez mayor. Por desgracia el texto va en dos direcciones que no sólo son poco seguras en manos del autor, sino que además se contraponen. Ese aparato extraño que poco tiene que ver con un coche común, va perteneciendo cada vez más a la ciencia ficción en vez del terror. En ese género, King siempre ha sido fallido, poco convincente, torpe (baste citar Los Tommyknockers, o el reciente Cazador de sueños). Tampoco ha destacado demasiado en la mezcla morosa del realismo con el horror (incluso La hora del vampiro resultaba al fin sólo una versión más de Drácula, en un pueblito americano). Este último libro de su obra traducida al castellano se convierte al fin, cuando cada una de las dos grandes líneas culminan, en uno de sus fracasos más perfectos. Esto sucede al cambiar la espera con cierta expectativa por un probable rosario de maldiciones, ante la escasa carne narrativa puesta en juego. Logra así que el lector se quede sin el pan y sin la torta, frustrado, deseando que su próximo título saque a King de una buena vez de la serie de libros más bien mediocres de los últimos años, con la sola excepción del breve y contundente Montado en la bala.
E.E.G.
Concursos
La Embajada de España en el Uruguay anuncia dos concursos para el 2003.
Cuentos. El Ayuntamiento de Mazarrón (Cuenca) y la Universidad Popular de Mazarrón, convocan al XIX Concurso de Cuentos "Villa de Mazarrón" —Antonio Segado del Olmo—. La obra presentada deberá ser un cuento inédito. El plazo de recepción de originales es el 28 de febrero de 2003 y el Primer Premio está dotado con 3.600 Euros y Placa. Para conocer las bases o formular consultas comunicarse al
(+34) 968.59.17.66
o vía internet en www.upmazarron.org.
Poesía. XXV Premio Internacional de Poesía, Ciudad de Melilla. El plazo de admisión es el 15 de agosto de 2003. El premio estará dotado con dieciocho mil Euros (18.000 E) otorgados al mejor libro inédito de poemas y su publicación en la Colección Literaria Rusadir. Los materiales serán remitidos por correo certificado al XXV Premio Internacional de Poesía "Ciudad de Melilla". Ciudad Autónoma de Melilla. Plaza de España, s/n - 52001 Melilla (España). Se podrá participar también a través de correo electrónico:
internacionaldepoesia@meli lla.uned.es.
La forma de hacerlo se encuentra en la página web:
www.uned.es/ca-melilla.
Ensayo. El Instituto Iberoamericano de Estudios de la Imagen de la Fundación General de la Universidad de Alcalá, junto con la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y la Editorial Ocho 1/2, convocan al Premio de Ensayo 2003 sobre el Cine en Iberoamérica y el Caribe. Con esta convocatoria se pretende estimular la investigación, la difusión cultural y la producción de trabajos sobre el cine y el espacio audiovisual de Iberoamérica y el Caribe. Podrán participar historiadores, ensayistas y estudiosos, que presenten trabajos inéditos, en español, cuya extensión mínima sea de 150 páginas. La obra ganadora recibirá un premio en metálico de 5.000 $ (USD), trofeo, certificado y su publicación en calidad de primera edición. Para ampliar información y enviar los trabajos de investigación, dirigirse a cualquiera de las instituciones convocantes:
Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, Quinta Santa Bárbara, Calle 212 y 31, La Coronela, La Lisa.
Ciudad de La Habana. Cuba
Tel.: +53 7.271.8141
Fax: +53 7.33.6364
E-mail:
funcine@cu barte.cult.cu
Instituto Iberoamericano de Estudios de la Imagen de la Fundación General de la Universidad de Alcalá, C/ Imagen, 1-3. 28801 Alcalá de Henares. Madrid. España
Tel.: +34 91.280.58.27
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