Del "diccionario del diablo"

Ambrose Bierce

Abandonado, s. y adj. El que no tiene nada que otorgar. Desprovisto de fortuna. Amigo de la verdad y el sentido común.

Aborígenes, s. Seres de escaso mérito que entorpecen el suelo de un país recién descubierto. Pronto dejan de entorpecer; entonces, fertilizan.

Absurdo, s. Declaración de fe en manifiesta contradicción con nuestras opiniones. Adj. Cada uno de los reproches que se hacen a este excelente diccionario.

Aire, s. Sustancia nutritiva con que la generosa Providencia engorda a los pobres.

Audacia, s. Una de las cualidades más evidentes del hombre que no corre peligro.

Celoso, adj. Indebidamente preocupado por conservar lo que sólo se puede perder cuando no vale la pena conservarlo.

Cínico, s. Miserable cuya defectuosa vista lo hace ver las cosas como son y no como deberían ser. Los escitas acostumbraban arrancar los ojos a los cínicos para mejorarles la visión.

Comestible, adj. Dícese de lo que es bueno para comer y fácil de digerir, como un gusano para un sapo, un sapo para una víbora, una víbora para un cerdo, un cerdo para un hombre, y un hombre para un gusano.

Crítico, s. Persona que se jacta de lo difícil que es satisfacerlo, porque nadie pretende satisfacerlo.

Destino, s. Justificación del crimen de un tirano; pretexto del fracaso de un imbécil.

Diana, s. Señal que se da a los soldados dormidos para que dejen de soñar con campos de batalla, se levanten y pongan en fila las narices para ver si falta alguna.

Distancia, s. Único bien que los ricos permiten conservar a los pobres.

Economía, s. Compra del barril de whisky que no se necesita por el precio de la vaca que no se tiene.

Espalda, s. Parte del cuerpo de un amigo que uno tiene el privilegio de contemplar en la adversidad.

Filosofía, s. Camino de muchos ramales que conduce de ninguna parte a la nada.

Fonógrafo, s. Juguete irritante que devuelve la vida a ruidos muertos.

Ganso, s. Ave que suministra plumas para escribir que, gracias a un proceso oculto de la naturaleza, están impregnadas, en distinta medida, de la energía intelectual y el carácter del ganso, de suerte que al ser entintadas y deslizadas mecánicamente sobre un papel por una persona llamada "autor", resulta una trascripción bastante exacta de los pensamientos y sentimientos del ave. Las diferencias entre un ganso y otro, tal como se manifiestan a través de este ingenioso método, son considerables. Muchos gansos sólo poseen facultades triviales e insignificantes, pero otros son, en realidad, grandes gansos.

Historia, s. Relato casi siempre falso de hechos casi siempre nimios producidos por gobernantes casi siempre pillos o por militares casi siempre necios.

Homeópata, s. Humorista de la medicina.

Humildad, s. Paciencia inusitada para planear una venganza que valga la pena.

Justicia, s. Artículo más o menos adulterado que el Estado vende al ciudadano a cambio de su lealtad, sus impuestos y sus servicios personales.

Ladrón, s. Comerciante candoroso.

Se cuenta de Voltaire que una noche se alojó con algunos compañeros de viaje, en una posada del camino. Después de cenar, empezaron a contar historias de ladrones. Cuando le llegó el turno a Voltaire, dijo:

—Hubo una vez un Recaudador General de Impuestos —y se calló.

Como los demás lo alentaran a proseguir, añadió:

—Ese es el cuento.

Lamentable, adj. Estado de un enemigo o adversario después de un encuentro imaginario con uno mismo.

Océano, s. Extensión acuática que ocupa dos tercios del mundo hecho para el hombre, que casualmente carece de branquias.

Optimismo, s. Doctrina o creencia de que todo es hermoso, inclusive lo que es feo; todo es bueno, especialmente lo malo; y todo está bien dentro de lo que está mal. Es sostenida con la mayor tenacidad por los más acostumbrados a una suerte adversa. La forma más aceptable de exponerla es con una mueca que simula una sonrisa. Siendo una fe ciega, no percibe la luz de la refutación. Enfermedad intelectual, no cede a ningún tratamiento salvo, la muerte. Es hereditaria, pero afortunadamente no es contagiosa.

Reportero s. Periodista que a fuerza de suposiciones se abre un camino hasta la verdad, y la dispersa en una tempestad de palabras.

Solo, adj. En mala compañía.

Tedio. S. "Ennui", estado o condición en que uno está aburrido. Se han sugerido muchas fantasiosas etimologías de la palabra, pero el sabio Padre Jape dice que deriva de una fuente muy obvia, las primeras palabras del viejo himno latino Te Deum Laudamus. En esta derivación aparentemente natural, hay algo que entristece.

Teléfono, s. Invención del demonio que suprime algunas de las ventajas de mantener a distancia a una persona desagradable.

Uso, s. Primera Persona de la Trinidad literaria; la Segunda y la Tercera son la Costumbre y la Convención. Un escritor industrioso, imbuido de un saludable respeto por esta Santa Tríada, puede producir libros que perduren tanto como la moda.

Zoología, s. Ciencia e historia del reino animal, incluyendo a su reina, la Mosca Doméstica (Musca maledicta). Se concede universalmente que el padre de la Zoología fue Aristóteles; el nombre de la madre, en cambio, no ha llegado hasta nosotros. Dos de los exponentes más ilustres de esta ciencia han sido Buffon y Oliver Goldsmith y ambos nos dicen (LHistoire générale des animaux y A History of Animated Nature) que la vaca doméstica cambia de cuernos cada dos años.

El autor

AMBROSE BIERCE, nacido en Estados Unidos en 1842, fue periodista y escritor. Su natural acidez y visión cínica de la vida no mejoraron tras su paso por la Guerra de Secesión, y durante su larga y exitosa carrera periodística, llevada a cabo en San Francisco y Londres, llegó a ser conocido como "Bitter" Bierce (Bierce el Amargo). La lucidez mordaz que lo hiciera célebre no estaba exenta de egolatría, y antes de morir se aseguró de que sus crónicas periodísticas completas fueran publicadas en once gruesos volúmenes. Sin embargo, no es por ese despropósito por lo que hoy se lo recuerda, sino por magníficos cuentos y fábulas, recopiladas en Cuentos de solados y civiles, El club de los parricidas o El monje y la hija del verdugo, y sobre todo por el Diccionario del Diablo, de donde se han extraído las definiciones de esta página.

En 1913, solo y amargado, el septuagenario Bierce se interna en el México convulsionado por la insurrección de Pancho Villa, en busca de alguna utopía revolucionaria. Nunca más se supo de él.

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