Verónica Peinado
(desde Los Angeles)
DURANTE BUENA parte del año 2002, miles de habitantes de California leyeron o releyeron Viñas de ira (1940) y otras novelas de John Steinbeck. La masa de posibles lectores llegaba a los 34 millones de personas, distribuidas en 156.000 millas cuadradas que incluyen Los Angeles, San Francisco, Sacramento y Hollywood. Los ejemplares de las novelas no estaban sólo en inglés y en español, que son de circulación habitual en California, sino también en chino, japonés, khmer, coreano, vietnamita y los idiomas europeos occidentales. Debían llegar y llegaron a las bibliotecas y a todas las comunidades del Estado, por gestión del Consejo para las Humanidades. Junto a los libros se dieron conferencias, se hicieron representaciones teatrales, charlas con escritores, eventos musicales. Y desde luego se volvió a exhibir profusamente la versión cinematográfica de Viñas de ira, dirigida por John Ford en 1940.
La nueva difusión de Steinbeck (nacido en Salinas, California, en febrero 1902) tuvo como obvio pretexto el centenario del nacimiento, pero fue sólo la primera parte de un ambicioso plan del Consejo para las Humanidades, que abarca tres años y que cuenta con el respaldo del Centro para el Libro y de la Biblioteca del Estado. El propósito, casi nacionalista, es "fortalecer a las comunidades y unir a los californianos".
El origen de Viñas de ira se remonta a 1936, cuando el diario San Francisco News encargó a Steinbeck una serie de artículos sobre la gran migración de granjeros, que partían del centro del país (en especial Oklahoma) hacia California. Eran los "Okies". Habían sido empujados por la sequía, que los retiraba del Dust Bowl (el tazón de polvo) hacia las tierras luminosas de California, donde podía haber trabajo, especialmente en la recolección de fruta. A eso se refieren las viñas del título (en España, Las viñas de ira se conocieron como Las uvas de la ira). Pero la sequía no fue la única villana del cuento. También importaron los Bancos, que poseían hipotecas sobre terrenos. Por falta de pago, las tierras terminaban por quedar en su poder, desplazando a familias enteras.
Steinbeck compró una vieja camioneta, la convirtió en una oficina móvil y recorrió el camino de los campesinos, documentando la pobreza, la inestabilidad y el abuso que sufrieron con frecuencia. Después escribió el largo texto en cinco meses, quedó agotado por el esfuerzo y advirtió a su editor que no debía excederse en el tiraje de un libro que creyó de atracción limitada. Para su sorpresa, se convirtió en un éxito, recibió el Premio Pulitzer y siguió vendiendo durante seis décadas, con sucesivas reediciones. Fue una novela objetada por su contenido, porque observadores de la derecha política vieron en ella una propaganda comunista, pero esa controversia aumentó la curiosidad de muchos. En 1962 Steinbeck recibió el Premio Nobel de Literatura, una distinción que la Academia sueca fundamentó en un texto, señalando el apoyo de Steinbeck a los oprimidos, los marginales, los desheredados. Algunos críticos opinaron que el premio se debía a su última novela, The Winter of Our Discontent, 1961, pero otros señalaron, con más razón, que había que entenderlo como un reconocimiento al conjunto de su abundante obra.
El Consejo para las Humanidades de California fue fundado en 1975 y es una organización independiente, sin fines de lucro, que procura la intervención del público en sus programas. A la nueva difusión de Steinbeck, el Consejo agregó un millar de eventos grandes y pequeños. En octubre-noviembre 2002 el Getty Center inauguró una muestra de los fotógrafos Horace Bristol (1908-1997) y Dorothea Lange (1895-1965) que en la década del 30 documentaron profusamente la migración campesina hacia California. La compañía teatral L.A.Theatre Works hizo una adaptación de Viñas de ira a la escena, en un texto leído por veinte intérpretes. Esto a su vez fue grabado en vivo y será trasmitido varias veces en el futuro.
El próximo paso del Consejo es igualmente ambicioso. Según los anuncios, la idea es que las distintas comunidades queden representadas y comunicadas entre sí, expresando sus dificultades de trabajo y de convivencia. Es procedente recordar que en las últimas décadas California ha recibido inmigrantes del mundo entero. La diferencia de razas, de idiomas y de costumbres supone allí un elocuente mosaico de la variedad humana.
Un renacimiento
AUNQUE LA primera vocación de John Steinbeck fue la biología, pronto decidió convertirse en escritor. Tras un par de intentos fracasados, encontró su mejor tema en las clases proletarias de California, oprimidas por la crisis económica en la década de 1930. Esto dio origen a Tortilla Flat, In Dubious Battle (En lucha incierta) y Of Mice and Men (conocida también como La fuerza bruta). Aun mejor fue su cobertura de la gran migración campesina hacia el Oeste, que dio origen a The Grapes of Wrath (Viñas de ira, 1939). Esta enorme novela fue llevada al cine y marcó el inicio de otras adaptaciones cinematográficas de sus novelas, así como guiones escritos directamente para la pantalla. En La luna se ha puesto describió la ocupación nazi de Noruega; en Lifeboat (Ocho a la deriva) sirvió un original argumento antinazi para un virtuosismo de Hitchcock; en Viva Zapata intentó una discutida biografía del lider revolucionario mexicano, que el director Elia Kazan describió después como "obra anticomunista". En 1955 su novela East of Eden (Al este del paraíso) introducía variantes sobre el tema bíblico de Cain y Abel. Dirigida también por Elia Kazan, la película adquirió un prestigio adicional por la presencia de James Dean, ídolo juvenil y mito de la época, fallecido ese mismo año.
El productor Darryl F. Zanuck compró los derechos de Viñas de ira en 1939 y provocó un gran desconcierto, porque la novela tenía como héroes y víctimas a los campesinos expulsados, mientras los villanos eran los Bancos y los grandes terratenientes. Muchos creyeron que la 20th Century Fox no se animaría a pronunciarse contra los Bancos que regularmente la apoyaban. Entendieron que Zanuck compraba la obra para no filmarla y para impedir que la filmara un competidor. Pero Zanuck siguió adelante, utilizó personalidades de gran prestigio (director John Ford, libretista Nunnally Johnson, fotógrafo Gregg Toland, actor Henry Fonda) y en su momento hizo una premiere de lujo, invitando a los banqueros y millonarios que podían sentirse molestos. La audacia le salió bien. Consiguió elogios en fuentes muy distintas, más dos Oscar de la Academia al director y a la actriz Jane Darwell. Nadie pudo afirmar después que la película fuera propaganda comunista.
Por otra parte, Steinbeck hizo profesión de fe anticomunista en otras oportunidades y en fragmentos de sus novelas, en especial En lucha incierta. También se le atribuyeron declaraciones favorables a la intervención norteamericana en Vietnam, lo cual sería un paso más del anticomunismo. Pero falleció en 1968 y no llegó a ver lo peor de esa guerra.