BATMAN: EL CABALLERO DE LA NOCHE ASCIENDE
Ficha
EE.UU. 2012. Título original: The dark knight rises. Dirección: Christopher Nolan. Guión: Christopher y Jonathan Nolan y David S. Goyer. Música: Hans Zimmer. Fotografía: Wally Pfister. Intérpretes: Christian Bale, Gary Oldman, Tom Hardy, Morgan Freeman, Marion Cotillard, Anne Hathaway, Joseph Gordon-Levitt, Matthew Modine.
Para fingir un accidente aéreo, los hombres de Bane, el impresionante malo de esta película, toman un avión en pleno vuelo a miles de metros de altura, lo cuelgan de otro avión más grande, lo desarman paulatinamente mientras adentro se desarrolla un secuestro clave para el resto de la película. Eso ocurre en los primeros cinco minutos y el despliegue del operativo, filmado con enormes panorámicas, marca el tono de las siguientes tres horas: todo es muy, muy grande y ocurre muy rápido, tanto que el espectador tiene que estar atento para entender algunas situaciones.
Todo era también grande en las dos películas anteriores de Batman firmadas por el director Christopher Nolan y sus colibretistas Jonathan Nolan y David S. Goyer (uno de los mayores responsables del desarrollo del género de superhéroes en Hollywood). Los villanos siempre tuvieron planes a gran escala, desde Ra´s al Ghul en la primera (envenenar Ciudad Gótica a través del agua) hasta el Joker (desatar el caos y prender fuego al sistema) en la segunda parte. Aquí Bane y compañía esconden también un megaplan, del que no vale contar nada ya que es sorpresa hasta la mitad de la película, pero que por cuestión de escala es mucho mayor que los dos planes anteriores sumados. Al igual que en las otras dos, Batman se interpone ante esos planes por lo que representa como símbolo para la ciudad.
En las tres películas de Nolan el gran tema ha sido la identidad, tanto del héroe como de sus antagonistas. Batman Inicia ocultaba al villano mayor, Ra´s al Ghul, como titiritero en las sombras. El caballero de la noche planteaba un villano sin nombre ni pasado. Aquí surge de inmediato la pregunta de quién es Bane. Pero, por sobre todas las cosas, la pregunta que se plantea es quién es Batman y quién es Bruce Wayne y cuáles son sus motivaciones, que ha sido el otro gran tema que recorrieron director y colibretistas en sus tres películas. Por ello más de la mitad de El caballero de la noche asciende se centra en Bruce Wayne mientras que habla de Batman como símbolo y leyenda (no en vano la emblemática batiseñal tiene importancia en el primer film cuando la recibe Gordon, es luego destruida y aquí reaparece, vieja y oxidada).
Tom Hardy tiene en todo esto una tarea difícil, al darle vida a un personaje cuyo aspecto es el de una bola de músculos con una aterradora máscara de gas que le cubre la cara durante toda la película. Es inevitable pensar en la representación que hizo en Bronson, cuando encarnó a un delincuente real que es casi tan caricaturesco como atemorizante. Con la voz y algunos gestos físicos, Hardy se impone desde que aparece por primera vez en cámaras (que por otra parte logran hacerlo parecer más grande que Christian Bale) quebrando el límite que le pone la máscara para expresarse.
Lo interesante de Batman es que, más allá del atractivo estético que tiene, permite mil y una aproximaciones. En las historietas es fácil comparar lo que hicieron los creadores Bob Kane y Bill Finger con lo que luego hicieron dibujantes como Jim Aparo, Norm Breyfogle, Frank Miller, Dave Gibbons (en colaboración indisociable con Alan Moore) y Dave McKean (en otra colaboración indisociable con su guionista, Grant Morrison). En el cine los ejemplos son aún más conocidos por todo el mundo, si se cuenta desde el Batman de las películas en episodios hasta el inefable Adam West y las versiones de los directores Tim Burton y Joel Schumacher. Si bien cualquier conocedor del mundo del cómic podrá decir que muchos otros personajes tienen esta característica, Batman ha sido por lejos el más inspirador.
A Nolan y sus secuaces los inspiró para hacer una versión realista y cruda en la que el detective usa herramientas militares para su cruzada, aunque como él le recuerda a Gatúbela en esta película, no usa armas ni mata. Con ese foco en la realidad se justifica que el final de esta saga se centre en Bruce Wayne y sus tribulaciones antes y después de la máscara. Y también se explica la cantidad de lecturas politizadas e ideologizadas que ha admitido la trilogía.
En Batman Inicia se le daba mucho espacio a la explicación lógica y creíble de todo y funcionaba a tal punto que críticos y espectadores se dividieron entre los que amaban esta propuesta y los que extrañaban la atmósfera gótica y artificial de las películas de Tim Burton. En el cierre de la trilogía, Nolan apela al realismo a través de sus personajes pero no tanto a través de su guión ya que acumula situaciones aceleradas que a veces dejan al espectador por fuera de su lógica por la velocidad con la que se arman. La historia, por otra parte, transcurre a lo largo de más de seis meses e implica toda una evolución para sus personajes, pero siempre al ritmo de Nolan, es decir, acelerado. Esto implica algunas soluciones "milagrosas" que cada espectador perdonará o no, según el entusiasmo que le despierte la película.