El centenario del Hombre Mono

| Comienzos. En 1912 se publicó la primera historia del héroe selvático de E. G. Burroughs

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El Hombre Mono cumple cien años. En realidad falta todavía algún tiempo (va a ser en octubre), pero no está mal adelantar un poco la celebración del centenario de Tarzán.

Es posible que hoy no lo sea tanto, pero a lo largo de la mayor parte del siglo XX Tarzán fue, probablemente, el personaje de novela popular, cine, cómic y televisión más divulgado del planeta.

Nació realmente en octubre de 1912, cuanto la revista All Story publicó Tarzan of the Apes, la primera de sus aventuras escritas por el norteamericano Edgar Rice Burroughs. El escritor, de 36 años de edad, había publicado previamente algunas historias de ciencia ficción aunque no sabía que lo eran (el término se inventó recién en los años veinte): la reciente película John Carter entre dos mundos, que fue un inmerecido fracaso de taquilla, se basa en una de ellas.

Aunque la trayectoria de Burroughs incluye otras sagas, incluyendo las que se desarrollan en Marte, Venus y el mundo de Pellucidar, que (como se sabe) está en el centro de la Tierra, sería Tarzán el personaje que le aseguró una dilatada fama. La "historia de los orígenes" de Tarzán, debidamente titulada en castellano Tarzán de los monos, saltó de la revista al libro en 1914, y allí el lector pudo conocer la infancia y juventud de su héroe, John Clayton, Lord Greystoke, nacido en la selva africana en la que sus aristocráticos padres escoceses habían sido abandonados tras el amotinamiento de la tripulación del barco que los transportaba.

Luego de la muerte de sus progenitores, el bebé Greystoke era adoptado por la mona Kala, de la tribu de simios liderada por el peludo Kerchak, en reemplazo de su propio hijo muerto. Con el paso del tiempo el pequeño crecería, aprendería increíblemente a leer y escribir por su propia cuenta a través de los libros con dibujos encontrados en la cabaña de sus padres, y enfrentaría varias amenazas animales y humanas (simios y felinos peligrosos, aboríge- nes malvados) antes de entrar en contacto con gente de ra- za blanca: su primo Cecil, el capitán Paul D`Arnot, en particular la bella y audaz Jane con quien habría un flechazo instantáneo aunque el romance recién se iniciaría en una novela posterior.

CARRERA. Burroughs escribió a lo largo de su vida 24 novelas de Tarzán en las que su personaje se casó (Jane no fue simplemente "su compañera", como lo sugería el título de una película de 1934 en la que los semidesnudos de Maureen O`Sullivan generaron un pequeño escándalo y aplausos a cargo de una platea adolescente: de hecho, hubo un matrimonio legal, celebrado por el capitán del barco que la trajera a ella de vuelta a la selva al final de El regreso de Tarzán), tuvo un hijo llamado Korak por los animales de la selva (el Boy de las películas era en cambio un niño adoptado), y se internó a menudo en fabulosas aventuras que lo llevaron a una región (Pal Ul Don) en la que aún había dinosaurios, lo pusieron en contacto con descendientes de los atlantes (el reino perdido de Opar), con hombres liliputienses (una poción convertía a nuestro héroe en uno de ellos) y hasta al mundo centroterráqueo de Pellucidar (el "crossover" de Tarzán en el Centro de la Tierra). En uno de los libros, José Stalin en persona ordenó su asesinato, considerándolo una molestia para la expansión del comunismo en África. Conviene recordar ese componente fantástico (al fin y al cabo, Burroughs comenzó haciendo ciencia ficción) que otorgaba a los libros un particular atractivo mítico que las películas de Tarzán nunca tuvieron.

ALUVIÓN. A las novelas de Tarzán escritas por el propio Burroughs siguieron otras encargadas a anónimos escribas, incluso en otros idiomas: sin ir más lejos, la editorial Tor publicó una serie (por cierto muy mala) firmada con iniciales por diversos autores argentinos, por ejemplo. Al mismo tiempo vinieron las películas (la primera es del año 1918), los cómics (a partir de 1929, y hasta ahora mismo), y diversas series de televisión.

Desde entonces persisten los equívocos. A menudo se percibe a Tarzán como una metáfora del imperialismo británico que domina a hombres y animales de África (al fin y al cabo es un lord, ¿o no?). Esa lectura olvida empero que Burroughs era norteamericano y no británico, y que muy a menudo se burla de la aristocracia de la Rubia Albión. Su Tarzán es en realidad un "self-made man", y una encarnación del "buen salvaje" (reconozcámoslo, bastante culto), a la Rousseau.

Vaivenes del personaje en la novela, el cine y el cómic

Curiosamente, Tarzán parece haber tenido algo así como tres o cuatro vidas paralelas. En las novelas de Burroughs era un individuo inteligente, culto, capaz de hablar de literatura o de política, aunque el llamado de la selva podía más y siempre terminaba dándole la espalda a la civilización para sumergirse en incontables aventuras.

El Tarzán cinematográfico por antonomasia (Weissmuller) solía comportarse en cambio, literalmente, como un bruto que a lo sumo chapurreaba algunas palabras ("Me Tarzan, you Jane") y con el que se volvía difícil tener una conversación interesante (la encarnación de Bruce Bennett, en dos películas producidas por el propio Burroughs, estuvo más cerca del original).

Los vaivenes del personaje en el cómic fueron no menos agitados. Llegó a él por primera vez a comienzos de 1929, de la mano del dibujante Harold Foster, quien lo abandonaría más tarde para dedicarse a la que sería la obra de toda su vida, El Príncipe Valiente. Foster convirtió en cómic la primera novela de Tarzán, pero los editores lo reemplazaron pronto por el mediocre Rex Maxon (quien dibujó, entre otros, El regreso de Tarzán), y luego por el suntuoso y barroco Burne Hogarth, en cuyo universo de cuerpos musculosos y curvilíneas heroínas había reminiscencias renacentistas (Miguel Ángel no estaba por cierto muy lejos).

Ya Maxon había comenzado a mezclar algunas de las historias originales de Burroughs con elementos tomados de las películas e historias imaginadas directamente para el cómic, un dato que se acentuaría cuando el personaje pasara por otras manos, desde el mediano John Celardo hasta el realmente interesante Russ Manning. Todavía deben quedar viejos lectores del diario montevideano El Día que siguieron en la penúltima hoja de su suplemento dominical el huecograbado las aventuras de hoja entera dibujadas por Hogarth o Celardo, mientras el mismo periódico publicaba una tira diaria con otra historia del Rey de la Selva.

A comienzos de los 70, los trabajos de Manning para la editora Gold Key colapsaron, los herederos de Burroughs vendieron los derechos del personaje a D.C., y muchos otros libretistas y dibujantes se ocuparon de él (también se resucitaron algunas de las historias originales). Joe Kubert ha sido su mejor dibujante de las últimas décadas, y el único a la altura de Hogarth o Manning.

Los diferentes rostros que ha tenido el Rey de la Selva

Para una generación de cinéfilos veteranos, el Tarzán cinematográfico por antonomasia es el nadador olímpico Johnny Weissmuller, quien vistió por primera vez el taparrabos del Rey de la Selva en Tarzán el Hombre Mono (1932) de W. S. Van Dyke. Weissmuller, frecuentemente acompañado por Maureen O`Sullivan (la mamá de Mia Farrow) en papel de Jane, repitió el personaje en otras once películas hasta 1948, y protagonizó la mejor de ellas (la espléndida Tarzán y su compañera) en 1934.

Antes y después hubo otros Tarzanes en cine y televisión. El primero de todos fue Elmo Lincoln en un film de 1918 (con Gordon Griffiths haciendo del personaje en su niñez), y le siguieron entre otros Buster Crabbe (1933), Bruce Bennett (1935, 1938), Glenn Morris (1938), Lex Barker (una película por año de 1949 a 1953), Gordon Scott (seis películas entre 1955 y 1950), Denny Miller (1959, en una "remake" del film de 1932), Jock Mahoney (1962, 1963), Mike Henry (tres películas entre 1966 y 1968), Miles O`Keeffe (una horrible casi parodia erótica dirigida por John Derek, con la esposa de éste, Bo, en el papel de Jane) y Christophe Lambert. La empresa Disney le dedicó una animación.

En televisión el personaje tuvo los rostros de Ron Ely, Joe Lara, Wolf Larson y Travis Fimmel, entre otros, además de protagonizar otras varias entregas animadas.

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