La noticia de que el renunciante embajador itinerante Julio Baráibar volvió a su lugar de trabajo en la Torre Ejecutiva fue saludada con júbilo por José Mujica. Se cerró así el culebrón montado sobre las tratativas con Argentina por el dragado del canal Martín García. El intento de coima a un diplomático uruguayo negado por el canciller Almagro y confirmado por Baráibar dejó mal parado a nuestro gobierno ante los argentinos. Ahora, con el retorno de Baráibar, tal parece que su tan publicitada renuncia fue sólo un amague para calmar los ánimos en la vecina orilla.