Buenos Aires, la reina con malos síntomas

DIEGO FISCHER

Hacía algo menos de seis meses que no venía por Buenos Aires. Hoy me sorprenden los cambios que se han registrado en tan poco tiempo. Son cambios que he visto en otras ocasiones en los últimos treinta años y -casi siempre-fueron el preámbulo de situaciones duras, muy difíciles que sacudieron a este país.

Lo primero que llama la atención cuando uno llega es el estado de ánimo de la gente. Rostros preocupados y miradas relojeando las pizarras de los bancos predominan hoy en los porteños que caminan, como siempre, apurados. Una divisa, la norteamericana, que ha regido como en pocos lugares del mundo, fuera de los Estados Unidos, la vida de los habitantes del país vecino en el último medio siglo y, paradójicamente, hoy a esos mismos ciudadanos les es imposible comprarla legalmente. La cotización del dólar y la marcha de la economía parecen ser los temas excluyentes en las charlas de café, y han desplazado al candente problema de la seguridad, con el que los informativos de televisión siguen abriendo sus ediciones centrales.

La calle Florida se ha vuelto a poblar de "arbolitos" que, sin ningún pudor, ofrecen comprar dólares a $ 5 o más , cuando en las casas de cambio se paga a $ 4,40. Reflejo de esta situación y de las restricciones a las importaciones, es la gran cantidad de comercios que han cerrado sobre la avenida Santa Fe, en pleno Barrio Norte; una de las zonas de mayor poder adquisitivo de esta ciudad que sabe de lujo y buen gusto. La mayoría de estas casas vendían productos importados. Si uno camina por ella, entre Libertad y Callao, en la que se encuentran muchas de las tiendas más elegantes y caras, verá una docena larga de grandes locales cerrados y otros tantos que anuncian liquidaciones por cierre o mudanzas. Los restantes, en su mayoría, ofrecen promociones y rebajas que van del 20% y llegan hasta el 30% del precio de vidriera. También el costo de cualquier artículo puede bajar significativamente si uno paga en efectivo. Pero aun así y con todos los descuentos posibles, los precios no son menores que en comercios similares de Montevideo.

Desde hace ya un buen tiempo el fenómeno de la inflación anda rondando nuevamente por la Argentina y no se necesita ser experto ni economista para darse cuenta de que los precios se reajustan semanalmente. Un almuerzo o una cena para dos personas en un restaurante bueno, pero no de lujo, costaba hace seis meses un promedio de $ 120; hoy supera cómodamente los 230 pesos argentinos. Según un grupo de legisladores de la oposición el alza de los precios al consumo se incrementó en 2,18% en abril, acumulando una suba que rebasa el 23% en el último año. El gobierno rebate esta cifra y sostiene que el incremento fue un tercio del que afirma la oposición.

Aun así, Buenos Aires sigue seduciendo y encantando a quien la visita; por su oferta cultural, su tiempo tirado en cafés y sus librerías y disquerías, ahora sin títulos importados.

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