Hollande lejos del populismo

CLAUDIO FANTINI

Francia necesita serenidad y reconciliación". Fueron las primeras palabras de Hollande en el Palacio Elíseo. Lo contrario es histeria política y división social. En Argentina usan los términos crispación y confrontación. Según el kirchnerismo, son señales de vida y dinamismo en una democracia. Las reivindica, afirmando que ningún gobierno transforma la realidad sin crispar y confrontar, lo que suena como un eco sureño del discurso chavista en Venezuela. Ambas vertientes del actual populismo latinoamericano sostienen que la tensión política y la confrontación entre sectores de la sociedad es la marca del progresismo y de la izquierda. Pero acaba de desmentirlas el socialista Francois Hollande.

Este discípulo de Mitterrand y Jacques Delors, reprochó implícitamente a su antecesor conservador haber construido poder inoculando ideologismos que tensionaron la política, dividiendo y enfrentando a los franceses. La misma estratagema usó Berlusconi, fraccionando la sociedad entre "buenos italianos" y "comunistas".

También George W. Bush, sobre los escombros del Ground Zero, manipuló el rencor y el miedo para dividir a los norteamericanos entre patriotas y traidores. En síntesis, un instrumento para concentrar poder, utilizado por liderazgos demagógicos de izquierda y derecha que usan justificaciones históricas o ideológicas.

La contracara es lo que acaba de proclamar el nuevo presidente francés: serenar y reconciliar. Lo planteó al asumir y lo reafirmó horas más tarde, en Berlín, al señalar que no confrontaría su visión proestímulo al crecimiento, con la firme posición alemana en favor del equilibrio fiscal, sino que buscaría consensuar una síntesis de las dos visiones que permita a Europa superar responsablemente la crisis económica.

Hollande se paró en las antípodas del pensamiento de Karl Schmitt y su dialéctica "amigo enemigo", reciclada por el filósofo argentino Ernesto Laclau como paradigma de la izquierda que abraza "la razón populista", pero también ejercida por los populismos derechistas.

Parándose en las antípodas tanto del kirchnerismo y el chavismo como de los conservadurismos personalistas que tensionaron y dividieron sociedades en Europa y Estados Unidos, Hollande dijo: "no decidiré todo y por todos"; "Parlamento, Gobierno y Justicia serán independientes" y "el poder será ejercido con escrupulosa sobriedad".

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