Dos manifestaciones simultáneas coincidieron ayer frente a la Jefatura de Soriano; una, en respaldo de un efectivo policial procesado tras el arresto de dos reclusos fugados; la otra, de familiares de los presos, que denunciaron violencia y abusos.
El centro de la capital del departamento de Soriano se vio alterado ayer de tarde por dos protestas que, en simultáneo, reflejaban indignación por el resultado de la actuación policial en la recaptura de dos reclusos prófugos y el procesamiento con prisión de un policía del Grupo Especial de Patrullaje y Operaciones (GEPO).
La más numerosa reunió a unos 200 policías y vecinos pidiendo la liberación del funcionario procesado.
"El SUPU (Sindica Único de Policías del Uruguay) lo venía advirtiendo: somos trabajadores sin respaldo", rezaba en una de las pancartas que fue portada en la movilización que pidió "liberen a Diego porque solo cumplía órdenes".
El citado policía fue procesado el viernes por "lesiones graves" infligidas a uno de los reclusos fugados, Alfredo Arroyo Machín, de 28 años, que resultó herido de bala y golpeado durante la persecución y la captura. En el hospital donde fue internado le retiraron 11 perdigones de bala de una de las heridas que presentaba.
Paralelamente a la movilización policial, los familiares de Arroyo Machín y del otro preso capturado, portando velas encendidas y carteles con leyendas, se manifestaron frente a los policías repudiando los "abusos".
"Es criminal lo que hicieron, el muchacho se está muriendo esposado a la cama. Le quedan horas", dijo indignada Alicia Pereyra, una de las manifestantes que reclamó justicia "por los abusos cometidos".
Teresa Cano, tía del efectivo procesado con prisión, dijo que toda la familia se encuentra pasando momentos de profunda amargura y desconcierto.
"Es muy triste y muy difícil para todos nosotros. Esperamos que se actualicen las leyes y se ampare mejor a los policías", exigió frente a la puerta de jefatura.
Alejandro Sánchez, delegado del SUPU en Soriano, exigió el respaldo y presencia de superiores cuando se realizan operativos como el de la semana pasada, en el que se recapturaron dos presos, "porque estamos regalados y después nadie se hace cargo, entonces el hilo se termina cortando por el lado más fino".
GANAN TERRENO. Sánchez advirtió que la policía "es el último límite entre la sociedad honesta y el delincuente. Ahora estamos cayendo y en este contexto la delincuencia gana terreno".
Carlos Selios, secretario del Sindicato Policial de Soriano, presente en la manifestación, aclaró que en el polémico procedimiento, lo que ocurrió fue que el prófugo (Arroyo Machín) "intentó escaparse por todos los medios. Se cayó de uno de los techos e incluso hubo gente que intentó frenar a los policías. En ese forcejeo fue que se disparó el arma".
El grito "queremos justicia" se escuchó en ambos bandos, estacionados frente a la Jefatura de Soriano. Unos pedían justicia para el efectivo; otros, para el recluso herido.
"Ni a los perros les pegan así. Acá hubo por lo menos diez personas que participaron de la golpiza", declaró una de las familiares de los reclusos.
Al encontrarse las dos movilizaciones, se cruzaron insultos de todo tipo, pero rápidamente los policías optaron por desmovilizarse de forma de evitar que el caldeado ambiente tuviera otras consecuencias.
Los dos reclusos se fugaron el pasado martes de una chacra policial de Mercedes en la que realizan trabajos durante el día.
Los dos fugados habían sido procesados el año pasado por rapiña y eran adictos a la pasta base, pero tenían un buen comportamiento y fueron llevados a la chacra a trabajar.
La Justicia citó días atrás a declarar al jefe del operativo y a los cinco efectivos que participaron del operativo de captura, y procesó a uno de ellos.
Envuelto en una frazada con sangre
Diana Machín, madre del recluso recapturado Alfredo Arroyo, informó a El País que a su hijo lo ingresaron al hospital envuelto en una frazada ensangrentada.
"`Mamá, abrazame y besame` me dijo mientras temblaba y lloraba. `Me dieron una paliza, fueron seis o siete`, me contó en el pasillo mientras era ingresado, y me nombró a dos de los policías".
Machín contó que destapó a su hijo y vio que en el cuerpo tenía "fuertes hematomas y con impacto de bala en todo el cuerpo". Dijo que los vecinos escucharon varios disparos en el momento de la captura. El recluso, antes de constituirse en adicto a la pasta base, fue militar en Fray Bentos.