De Babeuf a Hollande

LEONARDO GUZMÁN

Que un socialista presida a Francia no es novedad. El socialismo la gobernó ya antes de la Guerra del 39, con Léon Blum, seguidor de Jean Jaurès, asesinado en 1914. Y tras la Liberación, regresó en los innúmeros gobiernos parlamentarios que caían apenas formados, hasta que en 1958 mudó la Constitución y con De Gaulle se puso a unificar a Europa junto a la Alemania de Adenauer.

Todos aquellos gobiernos socialistas fueron reformistas y no revolucionarios. Ninguno propuso la dictadura de los trabajadores de la Conspiración de los Iguales que llevó a Babeuf la guillotina en 1797. Ninguno fundó el Falansterio de Fourier. Ninguno realizó las propuestas que desde 1848 se hacían llamar socialismo científico porque abrazaban la ingenua ilusión de encerrar el porvenir en leyes.

Así que, en medio de los recortes financieros, ni es novedad que Francois Hollande destrone a Nicolas Sarkozy ni la victoria de la izquierda hace esperar tormentas.

Eso sí: su triunfo parece a la uruguaya. Pero no a esta uruguaya de gesto crispado, tono insolente y lenguaje degradado. El triunfo parece a la uruguaya en el sentido profundo que nos dio identidad. Porque este señor Hollande salió de su modesto reducto de provincia para reemplazar a Strauss-Kahn -víctima de no ser impotente y de no hacerse reflexivo- favorecido por la crisis financiera de Europa, sin duda; pero ganó la segunda vuelta con el planteo de que para salir del estancamiento y la desocupación no hay que cuidar sólo las cuentas sino, además, adoptar medidas para sembrar y crecer.

No propuso cambiar el sistema. Llamó a corregir la unilateralidad de los obsesionados por el déficit, con una idea a tener en cuenta. Buscó hacer complementario lo que aparece como contradictorio. ¡Y eso es Vaz Ferreira, el abogado grande y lúcido que, trabajando en estas calles, se propuso enseñar a pensar, cuando sintió que nuestros mayores males radican en errores de base que inficionan nuestra lógica viva y rebajan nuestras ideas!

Por cierto, no se me ocurre pensar que Hollande haya leído a Vaz Ferreira, pero sí digo que el recurso triunfador en la elección del domingo pasado parece calcado al filósofo que un siglo atrás intentó abrirnos la mente mostrando que sobre los problemas sociales no hay antinomia entre libertad y seguridad, ya que las discrepancias se plantean sobre grados de libertad y grados de seguridad, por lo cual, bien planteadas, no son irreconciliables. Y digo que esas ideas de Vaz tienen hoy presencia y vigencia entre quienes no lo han leído, como muestra el actual interés mundial por el análisis lógico como herramienta no sólo para interpretar el Derecho y la cibernética sino para enseñar a pensar -que una cosa no se puede sin la otra.

El socialismo de Francia conlleva reflexión y cultura. No se embadurna con la guarangada, no se embreta en la guerra de clases ni desvaloriza la libertad. En la globalización reviven sus paradojas, sintetizadas por uno de los suyos, Léon Duguit, constitucionalista y sociólogo: "El hombre es tanto más individual cuanto más social; y tanto más social cuanto más individual". En esas palabras parece resonar el ideal lógico de su compatriota -no conocido por socialista sino por filósofo católico- Jacques Maritain: "Hace falta distinguir para unir".

Si, como deseamos, Hollande edifica desde estas paradojas, acaso nos enseñe a no seguir hundiéndonos en tilinguerías y a no seguir chapaleando barro.

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