Un primero de mayo revelador

Algo ha cambiado. Con los años, y en especial desde la llegada del Frente Amplio al poder, la cúpula sindical uruguaya ha ido perdiendo contacto con las necesidades reales de los trabajadores, para convertirse en un gran aparato burocrático, al cual lo único que parece preocuparle es aumentar sus privilegios y utilizar sus capacidad de presión social con fines políticos menores.

El acto realizado el 1º de mayo es una contundente muestra de todo esto. Para empezar por la "grilla" de oradores, donde se notó la ausencia de las figuras más representativas del Pit-Cnt. Y es interesante ver las razones. Dos de los coordinadores de la central faltaron al principal acto anual de los trabajadores porque estaban de viaje, uno en Cuba y otro en Venezuela. Dos paraísos de la prosperidad económica y la concordia democrática, donde seguro estarán tomando lecciones valiosas para traer a nuestro país.

El tercero y más notorio de los coordinadores, Juan Castillo, se vio impedido de hablar ya que se encuentra en plena campaña para ser presidente del Frente Amplio. Algo que deja en claro el nivel de mimetización entre la nomeclatura gremial y el partido en el gobierno (y que explica la publicidad gratis del acto financiada por Canal 5 y Antel). Estas relaciones carnales, cuyo gesto más explícito haya sido probablemente la "gestión" para frenar el conflicto en la educación hasta que pasen las internas del Frente, es algo que mina toda autoridad moral de algunos gremialistas para opinar de temas políticos. De ahí que ya exista un "contraacto" con presencia de gremios imortantes como el del Taxi, del Hospital de Clínicas o la FEUU, y que hasta uno de los oradores haya debido justificarse afirmando que "somos independientes pero no somos indiferentes y mucho menos giles".

Pero la ausencia de Castillo en la oratoria no implicó su silencio. En días previos al acto, y en el marco de su campaña electoral, hizo gala de su locuacidad, lanzando consignas dignas de ser rescatadas. Sostuvo que "nosotros no arriamos ninguna bandera, seguimos creyendo en el socialismo" (¿el de Zapatero? ¿El de Dilma? ¿El de Pol Pot?); "la social democracia es una deformación del capitalismo que termina generándole un centro a la derecha más reaccionaria"; y que "es muy difícil salir al cruce de lo que dice hoy Mujica, porque mañana te dice una cosa distinta y te deja pegado". Esto además de afirmar que el Partido Independiente es "de derecha", y que el vicepresidente Astori "no pertenece a la clase obrera".

Lo que está claro es que el estilo de Castillo, su amplitud democrática y visión de mundo, ha hecho escuela en el Pit. Las arengas de los poco conocidos reemplazos estuvieron plagadas de ataques a la oposición, de planteos absurdos como equiparar las penas de los traficantes con la de los asesinos, discursos voluntaristas sobre la distribución de la riqueza (¿el Estado reparte mejor que el mercado?), y reclamos de solidaridad con los obreros europeos (cuyo seguro de desempleo es 2 o 3 veces el salario de un maestro o policía local) víctimas de un sangriento empuje" neoliberal". Incluso se apoyaron las políticas comerciales argentinas que han enviado a miles de obreros uruguayos al seguro de paro.

Una frase explícita fue la que usó uno de los oradores para cerrar su alocución. Dijo: "vamos a defender los logros producto de la lucha de la clase obrera, que comenzaron en 2005. No daremos un paso atrás, porque la clase obrera es inteligente". Esta arenga contrasta con la preocupación que mostraban el martes muchos dirigentes gremiales por la escasez de público en el acto oficial. Contrasta también con una encuesta reciente que muestra que una amplia mayoría de uruguayos desaprueba la forma en la que están actuando los sindicatos, la cual sólo es respaldada por un 26% de la población. Incluso la mayoría de quienes se reconocen votantes del Frente Amplio dicen rechazar esta actuación.

Pero sobre todo contrasta con la realidad. Quien haya circulado por Montevideo ese 1º de mayo se habrá sorprendido por la impresionante presencia de carros de hurgadores que aprovechaban el día libre de los recolectores de basura para trabajar a gusto. Gente realmente humilde y necesitada, que no espera las dádivas del Estado ni la prebendas asociadas a la política sindical, para llevar el sustento a sus hogares. Gente que, de haber asistido, escucharía incrédula la gran mayoría de las consignas lanzadas en el acto del martes. Gente que, probablemente, tampoco representen a la "clase obrera".

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