El colchón, todo un tema

Menuda primicia ha ofrecido la revista "Science", al publicar la noticia de que "los primeros humanos que poblaron el sur de África ya construían colchones con plantas, hace 77.000 años"... según se afirma en estudio reciente. ¡Mirá vos!... Nada menos que una de las piezas de uso diario en el hogar, se inventó hace setenta y pico de milenios, en un cálculo de los que hacen quienes se dedican a eso, seguros de que nadie podría ponerlo en duda.

Adorado por todo el mundo como el rey del descanso (aunque también sirve de base para instancias agitadas en busca de una diversión muy difundida) agregan los descubridores que "esas plantas pueden haber brindado protección contra mosquitos y otros insectos". Yo me imagino a un cavernario fogoso juntando plantitas y diciéndole a su pareja: "Vieja, estoy preparando un colchón para pasarla mejor, todavía".

Resultan curiosas, asimismo, las distintas aplicaciones que el hombre fue encontrando en el colchón, por ejemplo: ser utilizado como alcancía.

En algún momento, hubo gente que confió más en el colchón que en los propios bancos, para la custodia de sus ahorros. Se dice que en 2011, los argentinos guardaron en el colchón verdaderas fortunas, que no quisieron exponerlas en cajas de seguridad o en instituciones del exterior: la suma por esa medidas se estima en 18.000.000 de dólares.

En otras ocasiones, el colchón se transformó en protagonista de una incidencia reidera que partió de una circunstancia dramática.

El hecho ocurrió por los años 30, cuando la radiotelefonía argentina superaba sin discusión a las restantes del continente. Los grandes diarios fueron afectados por el vuelco de infinidad de lectores hacia la programación radial, en especial respecto de los informativos. Un cuerpo de redactores preparaba las noticias, uno o dos locutores las leían, y un tercer "speaker" intercalaba una breve tanda de avisos: entraba en tal rutina, cuando sus compañeros de estudio le hacían un gesto para que se acercara al micrófono con lo suyo. Una vez, el noticiero del día se cerraba con una necrológica muy sentida, provocada por el fallecimiento de "un querido compañero de labor, que nos abandona en un momento brillante de su carrera profesional". Abundaron los elogios sobre su persona (de esos que solo se reciben en la hora de la muerte) y se le despidió con un emotivo: Descanse en paz.

Un pequeño silencio, y la señal al locutor comercial para que entrara en funciones: totalmente distraído, pasó el aviso de cierre del espacio: El mejor descanso, con el mejor colchón"... y ahí la marca.

El tipo quedó marcado para siempre, en el anecdotario de la radiotelefonía argentina.

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