El atractivo del solista define un ciclo

La Orquesta Sinfónica del Sodre anuncia en los próximos sábados 5, 12 y 19 de mayo, en el Auditorio Nacional Adela Reta, conciertos con la actuación de prestigiosos solistas: la pianista Nibya Mariño, el violinista ruso Eugene Ugorski y la pianista lituana Muza Rubackyte, bajo la batuta de Stefan Lano.

Una de las personalidades más famosas y con vigencia más prolongada es Nibya Mariño, ejemplo de virtuosismo que se inició a los seis años de edad sin pausa hasta la actualidad. La prensa de Bélgica la designó como la mayor revelación de su tiempo.

No cabe duda que el justificado prestigio de Nibya atraerá al concierto del sábado 5 una masa importante de aficionados. Cabe reflexionar brevemente sobre este irresistible atractivo que genera la presencia del solista con la orquesta.

El fenómeno tiene viejas raíces y quizá en la Venecia de los tiempos gloriosos de Vivaldi, se halle un buen ejemplo de este hecho. El gran Vivaldi no solamente fue un violinista excepcional sino que como compositor contribuyó a la consolidación de la forma "concierto" con la innumerable cantidad de obras que compuso, no solamente para el violín, también para otros instrumentistas como flauta, violonchelo y trompeta para citar algunos.

Pero no cabe duda que, a pesar del virtuosismo de Vivaldi y de Bach y Haendel como organistas, es el siglo XIX el que catapulta a un primer plano de interés la figura del virtuoso. Basta evocar el nombre de Nicolás Paganini para señalar este hecho. El magnetismo de este violinista cautivó a otros músicos. Son hijos de su personalidad otros músicos que soñaron con llevar a sus propios instrumentos la formidable técnica de que era dueño. Así sucede con Schumann, aunque finalmente haya primado en él su obra de compositor. En el seno del Romanticismo, se despliegan Liszt y Chopin, otros dos artífices del piano. Son de este tiempo los conciertos de Paganini, Schumann, Mendelssohn, entre otros. En cierto modo, el siglo XIX con su exaltación de los valores del individuo, es el gran venero de virtuosos.

Los conciertos anunciados persisten en el intacto prestigio del duelo que enfrenta al virtuoso y la orquesta. El público responderá al lozano vigor de esta forma decimonónica.

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