Se sabe que Argentina tiene la costumbre de retroceder hacia delante. Y también la de desviar la mirada de los graves problemas de entrecasa -generados por su modelo económico pasado de moda y sustentado en el fundamentalismo nacionalista de la patota K- aunque para ello sea necesario enfrentarse entrar en guerra con el que se plante.
Lo que también debería saberse de este lado del charco, y de sobra, es que si una ventaja tiene vivir al lado de la Argentina K es la invaluable oportunidad que sus frecuentes desaguisados ofrecen a Uruguay de mostrar al mundo que parecido no es lo mismo.
Por eso, y porque de Cristina, Moreno & Cía. sólo pueden esperarse trabas comerciales, denuncias ante la OCDE y medidas que afecten el turismo, todos hubieran esperado que cuando el gobierno argentino enfrentó a España y a Europa toda disponiendo la expropiación de las acciones de Repsol y la nacionalización de YPF, el gobierno uruguayo tomará prudente distancia de una acción visualizada por el mundo como un ataque a la seguridad jurídica y, por tanto, un formidable espantador de las inversiones que los países emergentes necesitan para seguir creciendo.
¿Qué hizo el Presidente José Mujica? Todo lo contrario. En lugar de guardar silencio o de resguardarse en una actitud de prudencia que invitaría a no opinar sobre contenciosos que enfrentan a naciones amigas, el primer mandatario uruguayo se apuró a solidarizarse con doña Cristina, respaldando la arriesgada jugada de la vecina y diciendo que el error había sido haber privatizado YPF en el pasado. Si con eso ya no había pisado algunas baldosas flojas, fue más lejos y dijo que no le gustaba "el prepo de la Europa rica" que cuestionaba indignada la actitud del gobierno argentino.
¿Y el "prepo" de la Argentina K? De eso el Presidente Mujica no dijo nada. Tampoco del ataque a la seguridad jurídica que suponía la medida.
¿Cómo se habrá leído en el mundo esta salida del presidente uruguayo? ¿Qué habrán pensado aquellos empresarios a los que, hace no mucho tiempo, el propio Mujica les dijo que estaba en contra de las expropiaciones en aquellos almuerzos en el Conrad?
Ellos quién sabe. Pero el mismísimo vicepresidente Danilo Astori, que estaba en Madrid y que debía hablar ante potenciales inversores, se preocupó lo suficiente por las declaraciones de Mujica como para llamarlo y preguntarle si debía suspender su disertación.
Mujica fue claro. O tal vez no. Pero Astori pudo confirmar que como se había dicho una cosa se podría decir la otra. Así que el vicepresidente dijo en España que Uruguay entiende la "preocupación" de ese país por la expropiación K y reafirmó que de este lado del Río de la Plata se respeta el orden jurídico y los derechos de los inversores, y no se piensa en expropiaciones.
¿Se entiende? El presidente dice una cosa entrecasa y el vicepresidente otra, y ciertamente razonable y alineada a la tradición uruguaya, en el exterior.
¿Dos equipos económicos? ¿O dos gobiernos en uno?
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