Alumnos rehenes

PABLO DA SILVEIRA

Hoy es un día importante para los sindicatos de la enseñanza. La filial montevideana de la Asociación de Docentes de Enseñanza Secundaria (ADES) se reunirá en asamblea para decidir si lanza o no una huelga. La dirigencia está a favor, pero muchos otros están en contra. La cosa luce a primera vista como un conflicto interno dentro de una organización gremial, pero está muy lejos de serlo. Lo que hay aquí es un conflicto político. La conducción de ADES está en manos de radicales que se colocan a la izquierda del FA. Quienes se oponen a la huelga son básicamente docentes frentistas, acaudillados por dirigentes de filiación comunista. Para ellos, el movimiento sindical no debe poner piedras demasiado grandes al gobierno ni al funcionamiento interno de la coalición.

Con el correr de las horas se conocerá cuál es el resultado de esta pulseada, pero la verdad es que a los ciudadanos no debe importarnos mucho. Casi todo lo verdaderamente grave ya ocurrió.

En primer lugar, los sindicatos de la enseñanza vuelven a mostrar una total insensibilidad hacia los costos sociales que ellos mismos generan. Para poder realizar la asamblea se ha decidido un paro de 24 horas en todos los liceos de Montevideo. ¿Por qué ADES no realiza esa asamblea un sábado? Si lo hiciera, probablemente afectaría la vida familiar de sus afiliados, pero al menos estarían asumiendo el costo de sus propias decisiones. Ahora, en cambio, el costo lo pagan muchos miles de alumnos que una vez más se quedan sin clases. Es desalentador que ninguno de los participantes en el conflicto (ciertamente no los radicales, pero tampoco los supuestos moderados) perciban que aquí hay un problema.

En segundo lugar, este episodio vuelve a mostrar hasta qué punto se ha partidizado el funcionamiento de la enseñanza pública. La discusión sobre las fechas de las posibles movilizaciones se enraba sin pudor con la fecha prevista para las elecciones internas del Frente Amplio. La evaluación de los posibles efectos de las medidas empieza por considerar las eventuales consecuencias sobre la chance electoral del partido de gobierno. En ese contexto, la senadora Topolansky llama a los militantes frentistas a tomar el control del sindicato. Ya nadie se esfuerza ni siquiera por ser hipócrita. La próxima vez que un dirigente gremial defienda la autonomía diciendo que hay que evitar que los políticos se metan en la enseñanza, merecería ser saludado con una risotada nacional.

Pero lo más grave es la inclinación de todos los implicados a convertir un tema clave para el país en una suerte de tablero donde se juegan pulseadas político-corporativas. Los sindicatos siguen empeñados en bloquear toda iniciativa que les haga perder capacidad de control. Al mismo tiempo, siguen reclamando dinero de un modo que empieza a sonar impúdico. Hace pocos días una dirigente de Fenapes declaraba que las mejoras en la enseñanza se van a lograr "únicamente con la mejora del presupuesto que se tiene que votar en la Rendición de Cuentas", ignorando olímpicamente que el año 2011 terminó con más de 30 millones de dólares aprobados y sin ejecutar. La Primera Dama parece estar entretenida en denunciar infiltraciones y conseguir mayorías a fuerza de acarrear gente. Nadie habla de educación. Nadie parece notar que los supuestos beneficiarios de la acción educativa quedaron de rehenes.

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