La llegada del exbeatle Paul McCartney a Montevideo dio para todo. Mientras muchos lo disfrutaron, otros, en cambio, optaron por "trabajarlo y hacerse su agosto". Desde venta de llaveros hasta la promoción de comidas vegetarianas.
Los alrededores del estadio estaban ayer repletos de vendedores que ofrecían variadas mercaderías relacionadas con el músico, como remeras, vinchas, calcomanías y posters, hasta panchos, pop, helados y borlas de fraile para el público.
Cada veinte o treinta metros un puesto callejero sobresalía, desde lo más sofisticado hasta una garrafa y pequeña cacerola donde se preparaban panchos "a buen precio", según gritaba cada dos segundos su vendedor. También estuvieron presentes los revendedores de entradas, aunque estos no se hicieron notar a viva voz.
El grito de tengo agotadas tengo no se escuchaba pero las ofertas nunca estaban lejos: hasta algún vendedor de panchos decía que tenía. Eso sí, siempre era en voz baja ya que esta modalidad de negocio está prohibida y ayer abundaban efectivos policiales.
Por Avenida Italia y Centenario, en vez de camisetas de Peñarol o Nacional colgadas a la venta, todo era Paul McCartney. Colgadas de una cuerda, contra dos columnas, se vendían remeras y gorros, con inscripciones del astro musical.
Marcel, encargado del negocio montado en la calle, no ocultaba su felicidad con esta movida y con la decisión de salir a vender el día del concierto. Llegó a las 10 de la mañana y montó su operativo. Dos cuerdas, palillos y camisetas y gorros colgando.
Ya a las 17 horas llevaba vendidas un total de 130 remeras, a un precio de $ 350 la unidad. "Ojalá haya cosas como estas más seguido", dijo con una sonrisa pero en tono reflexivo mientras contaba el dinero.
"Nos vamos a quedar hasta después del show, tenemos más para vender todavía, y como te digo es una oportunidad única que hay que aprovechar. Acá hay mucha gente que quiere trabajar, solo le faltan oportunidades", se explayó el joven.
A menos de 20 metros, concretamente cruzando la calle, otro puesto idéntico al de Marcel se había instalado. Y al parecer el negocio daba para todos, ya que consultados por El País también resaltaron la buena venta del día.
En cambio, el clima entre los cuidacoches del lugar fue tenso ya que muchos trabajaron sin registro, aprovechando la oportunidad, lo que ofuscó a los trabajadores formales e inscriptos en la Intendencia.
"Hoy está lleno. Son oportunistas. Aparecen ahora en un show como este, pero no se los ve después", dijo Jorge, un cuidacoches registrado que ayer cuidaba una cantidad importante de autos que estaban sobre el cantero de Avenida Italia.
Contrario a lo que podría imaginarse dijo que la recaudación no sería mucho. "Estuvimos pidiendo adelantado y la gente nos dio de a dos y tres pesos. Muy poco", se quejó.
Promociones. La oferta fue variada en los alrededores del estadio centenario previo al show y cualquier espacio era propicio para hacer el negocio o promocionar. Desde posters del exbeatle que hacían alusión a su condición de vegetariano y promocionando este tipo de alimentos hasta la movida del Club Liverpool, actual líder del torneo, que elaboró un coqueto carnet de socio para Sir Paul, declarándolo socio honorario. Tenían intenciones de hacérselo llegar, pero la complicada agenda del artista y su restringido acceso hizo imposible la tarea. En tanto, con orgullo el ministro de Desarrollo Social, Daniel Olesker, mostró su entrada previo al show.