El coro encanallado

JUAN MARTÍN POSADAS

Dicen que la bonanza económica va generalmente asociada a un adormecimiento cívico. ¿Será eso? Adormecimiento ¿no será un término benévolo para describir (o disculpar) un envilecimiento de las personas? De ciertas personas.

A los uruguayos nos siguen persiguiendo preguntas referidas a nuestro pasado inmediato. Varias de ellas no han tenido hasta ahora respuesta satisfactoria. Otras no la tendrán nunca (o quizás muy tarde) porque están mal planteadas.

El Ministro de Defensa disertó hace unas semanas en el almuerzo de ADM. Supongo que fue invitado a hablar sobre asuntos de su cartera y que ese haya sido el punto de interés que motivó la comparecencia de quienes pagaron para asistir a dicho almuerzo. Pero la conferencia derivó al pasado inmediato y encalló en esas preguntas sin respuesta o mal planteadas. Se me dirá que siendo Fernández Huidobro el disertante era inevitable que eso sucediera. Quizás. Pero el hecho fue que el tema del pasado entró por la vía de las preguntas de los asistentes.

El Ministro se encaramó a la pregunta e ingresó al tema como un elefante en un bazar. Los días que siguieron se llenaron de quejas y de indignación de parte de quienes -presentes o ausentes- habían recibido los pisotones. Vi por televisión gran parte de las respuestas del Ministro. Me produjeron irritación. Me dolió por el Uruguay.

Pero me dolió más por el Uruguay y me produjo mayor irritación las risas y los aplausos provenientes de la concurrencia que, jubilosa, acompañaba tanto las puteadas del Ministro como sus vituperios a personas ausentes y a instituciones dignas de respeto. Me dolió la actitud de alcahuetería complaciente con que se festejaban las "ocurrencias" del poderoso gobernante. Me dolió y me indigna la sumisión y la adulonería, el buscar quedar bien con los que mandan, la actitud "vizcachera" (hacete amigo del juez, no le des en qué quejarse...) y el aplaudir palabras y referencias que, ante otro grupo de gente y otro disertante, probablemente hubieran escuchado en silencio. Poco me cuesta creer que esos aplaudientes y sonrientes, en otros tiempos y en otros ambientes, habrían despotricado contra Fernández Huidobro y habrían manifestado acuerdo con que lo tuvieran guardado donde lo tenían.

Los adulones y los obsecuentes no miran a las personas, sólo olfatean dónde se encuentra el poder para ponerse de su lado. Nada en ellos es auténtico y por eso deben hacer demostraciones desmedidas: gestos, aplausos, morisquetas. Como, quizás, antes estuvieron en otro lado (con los poderosos de otrora) ahora tienen que destacarse y llamar la atención que ellos son los muchachos de los poderosos de hoy (cortesanos, aún no; esos lugares ya están ocupados).

El adormecimiento cívico cubre varios territorios. Uno de ellos refiere a la flojera en las palabras. Lo que pasó en ADM no tiene nada que ver con adormecimientos. Fue la puesta en escena del encanallamiento con que algunos han resuelto su relación con el triste pasado inmediato del país. Fernández Huidobro dejó a la vista sus limitaciones en orden a dejar atrás el pasado y contribuir a sanar el alma nacional.

Pero esos aplausos y esas risas no auguran nada prometedor.

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