RODOLFO SIENRA ROOSEN
Hoy es su día. Si no llegó, llega sobre el mediodía. Nunca se sabe cómo se llama, pero este NN es un personaje simbólico del calendario, porque al cruzar la meta, a su íntimo sentimiento de alegría mascullando ¡¡"llegué, dejando el bofe pero llegué!!" debería agregarle el relieve de su importancia, porque en esa instancia está abriendo la segunda etapa del calendario nacional al tiempo que cierra la primera que insume unos cuatro meses, que van desde el 20 de diciembre del año anterior hasta abril. Desde ese punto de vista no cae simpático, porque a muchos les baja el telón la canonjía, del dolce far niente y levanta el de la vida normal, sin excesos, durmiendo lo necesario, comiendo moderadamente, vacunándose contra la gripe, en fin, a la rutina de dos tercios del año.
Pero este año ha sido, es, y pinta para seguir siendo complicado. Somos conscientes que de lo que pasó es mucho más lo malo que lo agradable, y que comienza ya el proceso electoral agobiante que insumirá hasta mayo de 2015. Pero este último ciclista debería llegar agitando una bandera en la que se lea "viva el investment grade (grado inversor)" calificación otorgada por Standard & Poors al país, con la cual el gobierno se está relamiendo.
Y está bien, y es justo que le hayan subido la nota a BBB que aunque sea la más baja de ese grado que viste la presentación del país, le permite pagar menos intereses por inversiones que reciba.
Siempre será mejor tener el grado inversor que no tenerlo. Pero atención, que esto no equivale a los tres sobresalientes que se divulgan como matiz poco menos que exclusivo entre seis o siete países a quienes se les ha otorgado. Uruguay por ejemplo, tuvo el investment grade entre 1995 y 2002, con gobiernos de coalición de los partidos tradicionales, y se perdió por la crisis importada de Argentina que degeneró en una corrida bancaria gravísima, de la cual, sin embargo, al entregarle el gobierno al Frente Amplio se estaba saliendo, porque la economía retomó el crecimiento en el año 2003.
El mérito del sector del gobierno que atiende una parte de la política económica, que es el manejo de la deuda pública, fue dilatar sus pagos para tener más holgura en el gasto, no bajar la deuda, la que en definitiva aumentó. Eso le permitió abordar el presupuesto más gravoso que se conozca, sin ahorrar un solo dólar. Y mirando este otro extremo de la realidad se podrá comprobar que el grado inversor se consiguió a costa de quedar flotando en el nivel suficiente para pedir que no hagan olas y nada más.
Quien crea que ha desaparecido el riesgo de la inflación, que va a mejorar su salario, que no debe temer por endeudarse en dólares, que aumentará su capacidad de consumo, y que Uruguay ganará las Olimpíadas de Londres y el Mundial de Brasil por que le mejoraron la nota del grado inversor, se estará comprando un monumental tranvía en donde viajará colgado con el riesgo que una frenada intempestiva saque a todo el pasaje por las ventanas. Y no podrá evitarse que a su ritmo cansino pero con aire triunfal, el último ciclista desde atrás, le pase por encima a algunos. Es que ese es el verdadero éxito del gobierno, pedalear sobre la deuda pública proyectando la imagen necesaria para atraer confianza en la inversión.
El autor de "las venas abiertas" seguirá pensando que es un buen negocio no pagar?