Los dolores que genera el éxito

Hay cosas difíciles de entender. En medio de una bonanza económica casi sin precedentes en la historia del país, esta segunda administración frentista viene enfrentando una serie de problemas imposibles de prever. Problemas que no se deben a crisis "importadas" o a la implacable acción opositora, sino a malas decisiones propias, causadas por lo que en un principio pareció una bendición electoral; el contar con mayoría propia en el Palacio Legislativo.

Esas mayorías han llevado a que la principal preocupación del gobierno sea el balance entre la infinidad de grupos que componen la coalición oficialista, muchos de ellos con puntos de vista muy diferentes sobre lo que quieren para el país. Este juego de balances ha postrado buena parte de los intentos del presidente Mujica por imponer un sello propio a su gestión, y ahora que ya se empiezan a sentir los primeros "calores" electorales en la interna frentista, amenazan con generar todavía más dolores de cabeza al mandatario. La primera medida errada que tomó el Presidente para intentar reflejar los inestables equilibrios internos de su fuerza política fue aplicar en la mayoría de los ministerios un criterio por el cual el ministro respondía a un sector y su subsecretario a otro distinto. Mujica habrá pensado que esa medida implicaría un mayor control sobre la gestión de cada cartera. Pero el tiempo está mostrando que fue una decisión tremendamente equivocada.

Estos dos años de gestión, la historia de la administración Mujica ha sido la historia de las peleas entre las cúpulas ministeriales. En Ganadería, en Vivienda, en Economía, en Educación y Cultura, y ahora en Salud Pública, estos choques permanentes entre ministro y vice han representado escollos dramáticos para una acción eficaz de gobierno. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que nuestro sistema constitucional no otorga al subsecretario ninguna función real de gestión, por lo que todo debe ser acordado con el ministro. Y en un esquema en el que estas dos figuras suelen tener visiones muy distintas de lo que quieren, eso genera naturales desconfianzas, tiranteces y hace imposible generar equipos reales de trabajo. Por el contrario, la única cartera que no fue sometida a este sistema, la de Turismo y Deporte, es la que por lejos ha funcionado mejor en la parte operativa.

Pero no ha sido éste el único problema que las mayorías automáticas han generado al actual gobierno. Otro gran dolor de cabeza ha sido que la misma ha dado a pequeños grupos y sectores que tienen mínimo respaldo popular, una capacidad de presión y de incidencia en la gestión muy superior a su relevancia electoral. El desgaste y los conflictos internos para aparecer como un conjunto unido y armónico, ha sido más costoso para esta administración que cualquier negociación con los partidos opositores. Y lo ha obligado a sacrificar muchas iniciativas, y a tomar otras que no son particularmente de su agrado, con tal de mantener a la base y a los grupos menores tranquilos. Se puede mencionar al pasar la frustrada reforma del Estado, las idas y vueltas en torno a la educación, o toda la eterna discusión sobre los hechos de la época de la dictadura como algunas muestras claras de esta situación.

A estos problemas se suma un tercero, que ya había sido explícito en la administración Vázquez, que es la desaparición del Parlamento como ámbito de discusión e intercambio de ideas. Hoy en día es más trascendente para el gobierno lo que se decide en el Plenario y en la interna del Frente, que ninguna negociación hacia afuera en el Parlamento. Lo que ha llevado a que el paso por el legislativo sea un mero trámite y donde ningún ministro corre riesgos serios en caso de ser convocado. La consecuencia ha sido la debacle total en la calidad de las leyes que se votan, y en el aumento exponencial de la soberbia e ineficacia de los secretarios de Estado. Casi tan grave como estos aspectos mencionados, es el clima electoral permanente que se vive en el oficialismo a partir de esta situación. Casi desde el inicio del gobierno, sus figuras parecen más preocupadas por ubicarse en la interna del Frente, que por tener una gestión decorosa.

Lo más dramático de todo esto, y una prueba irrefutable de lo negativo de esta situación de mayorías automáticas propias, es que transcurrido casi la mitad del período de gobierno de José Mujica, y pese a contar con ese formidable instrumento, no se ha aprovechado para hacer ninguna reforma importante de las tantas que pide a gritos el país.

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