Los animales tienen una extraña afición por la música: el descubrimiento lo hizo Walt Disney setenta años atrás, cuando en "Fantasía" montó una gran orquesta "bichera" y le dio al Ratón Mickey la batuta de director. El repertorio cubría una amplia gama de variedades, que iba de "El vuelo del moscardón" aun ritmo de moda en aquel momento. Los músicos actuaban con ejemplar seriedad, y durante las ejecuciones nadie desafinaba con un rugido, un balido, un ladrillo, un maullido... Nada de eso.
Recientemente, han surgido nuevas y sorprendentes revelaciones emparentadas con el tema de la conducta animal, pero incluyéndolas en un capítulo referido a la sensibilidad de las moscas respecto del sexo. No se rían. Existen. Por ejemplo, cuando usted "baña" en insecticida una habitación de su casa en persecución de una mosca, está practicando una idea asesina de exterminio pronto y seguro: y si logra embocar (rara vez sucede esto) un paletazo para derribar a un moscón, jamás podrá imaginar que la mosca y su amante estén atravesando por una etapa desafortunada de su relación amorosa.
Bueno, pues: entre las moscas de la fruta, se dan casos en que la hembra rechaza al macho, y lo manda a volar al cuartito: el rechazado entra en la esfera del sujeto abandonado de "Tomo y obligo", que recurre al alcohol para ahogar sus penas. No hace escombros... ni pronuncia una palabra maldiciendo a la ingrata. Cero rencor. Calavera no chilla.
A través de una investigación llevada a cabo en California (famosa por sus frutas con moscas incorporadas) y como consecuencia de conocerse las conclusiones publicadas en "Science", se logra saber que unos científicos especializados en dípteros han culminado sesudos estudios acerca del comportamiento sexual de los mismos, anunciando a este mundo tan habituado a recibir sorpresas de todo tamaño, que gracias a experimentos muy bien pensados y mejor concretados, pueden afirmar que existe una sustancia en el cerebro de esos insectos (¡qué vista, mi Dios!) que aumenta o disminuye según la satisfacción del momento.
Contentísimos por el éxito obtenido, los sabios californianos se reunieron tras la consagración de su trabajo: y brindaron por haber penetrado en el gran secreto sin ninguna picadura; pero lo hicieron sin alharacas, como corresponde a los hombres de ciencia, sustituyendo al clásico champán que riega el festejo de las grandes conquistas de la humanidad, por una modestísima copita de vino moscatel