Cerca de 300 personas rememoraron el Vía Crucis con la peregrinación a la cruz de Cerro Largo. Los fieles llegaron desde parroquias del departamento y de Treinta y Tres.
Esa cruz fue iniciativa de Javier Mori, sacerdote italiano de la Diócesis de Brescia, que fue durante muchos años párroco de la Catedral de Melo.
De las diferentes parroquias de la Diócesis de Cerro Largo y Treinta y Tres llegaron a la localidad de Arbolito, en la ruta número 8, numerosos peregrinos de todas las edades.
El obispo de la diócesis Monseñor Heriberto Bodeant dijo que "la bajada-subida al Cerro, rezando el Vía Crucis, estuvo dedicado a la familia, como el que el Papa rezará el próximo viernes santo en Roma. Lo de "bajada-subida" puede sonar raro, pero sucede que la ruta 8 está a cierta altura y, al comenzar el camino hacia el Cerro Largo, hay que bajar para después volver a subir.
Explicó que a medida que se empieza a subir, los árboles dan con su sombra un poco de alivio a los peregrinos, pero el camino se va haciendo cada vez más dificultoso, con piedras sueltas, a veces casi como escalones pero desparejos.
"Para rezar, los grupos de peregrinos van deteniéndose en el camino porque se necesita tomar aire para poder cantar y decir las oraciones en voz alta", sostuvo el obispo. Los niños se adelantan, llenos de energía. Algunos caminan descalzos. Hay promesas llevadas en silencio y la fe lo impregna todo.
"Al llegar a la cumbre, cantos de alabanza, peticiones, signos es lo que se puede oír. Los sacerdotes nos disponemos en algunos espacios de sombra a recibir a quienes quieren celebrar el Sacramento de la Reconciliación. Muchos se acercan, esperando pacientemente su turno. Al mediodía, el regreso. Almuerzo compartido en cada comunidad", indicó Bodeant.
Luego con la guitarra se cantaron varias canciones. Poco después de las 15 horas llegaron los sacerdotes de la ciudad de Melo, para sumarse a la concelebración eucarística con la que se concluyó la jornada.