Alargar... y achicar

Aproximándose al 60° aniversario de su coronación, Isabel II continúa siendo una inagotable cantera temática para esta columna, donde se le reconoce como "la reina del recato". Cubierta vilmente de la cabeza a los pies, todos sabemos que colecciona voluminosos sombreros de pésimo gusto; pero sus largas polleras nos impiden saber qué calzado usa. Es grande la curiosidad popular que busca la clave del misterio sin llegar a la exageración, como sucedía en casos en que las multitudes, ansiosas por saber qué usaban en los pies monarcas odiados, los colgaban de una horca y en pocos minutos se informaban. Afortunadamente, ese desvarío no se repetirá con "Isa".

Al contrario de lo que acontece con ella, Kate Middleton, esa exquisita golosina que endulza la vida de su principesco marido (¡pobre "Guille"!.. está sobrevolando las islas de la discordia como piloto recibido mientras recuerda a su amada)... Kate -les decía- no desperdicia ocasión de aliviar su soledad concurriendo a cuanta recepción o acto importante es invitada, para demostrar su fanatismo por las polleras cortas, sin ser la pebeta más linda e`Chiclana. Esto fue observado por la reina, quien además le sugirió que las alargara unos centímetros.

La sobriedad y la discreción son valores siempre apreciados por Su Majestad, que defiende tradiciones inconmovibles de la realeza británica, a menudo vapuleada por los caricaturistas pero nunca puesta de rodillas. También la soberana es extremadamente cuidadosa de las finanzas del reino, que evidentemente no pasan por su mejor momento.

Tanto se preocupa por eso, que no me extrañaría que en cualquier instante salga a buscar un "sponsor" y, al conseguirlo (lo que no le será difícil) apareciese un día, en una de sus periódicas alocuciones por la BBC, con una marca de calzado deportivo (junto al escudo británico, no faltaba más) estampada en un par de championes... disipando de tal modo las dudas de que pueda usar pantuflas, chinelas, ojotas o alpargatas.

Los sombrerotes de "Isa" siembran pavor allí donde se haga presente: pueden clavársele en los ojos a un interlocutor desprevenido, o tirarle la bandeja a un mozo de restaurant.

Si Kate se decidiera a contestar la sugerencia, podría recordarle a la reina que toda vez que asista a los grandes clásicos de turf, quienes están ubicados detrás suyo se quejan porque no ven un solo tramo de las carreras: correspondería entonces que Su Majestad, para evitarles tales molestias, achique bastante sus pamelas... o, asimismo, en plan de totalizar simpatías, presentarse en el hipódromo luciendo una modesta gorrita de jockey.

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