Con un presente así, no hablemos de futuro

DIEGO FISCHER

Sólo alcanza con caminar por Montevideo a cualquier hora para verlos. No es necesario salir de excursión nocturna, ni meterse en las denominadas zonas rojas para toparse con ellos.

Son adolescentes e incluso niños que -con tono de voz amenazante- y siempre en grupos de a dos o tres exigen plata cuando uno baja del coche o de un taxi. A veces es notorio que están alcoholizados o drogados, sus miradas los delatan.

Hace un tiempo que vengo observando a uno de estos grupos que ha tomado la esquina de Héctor Miranda y Ellauri , frente al Punta Carretas Shopping, como su punto de acción.

Ayer viernes eran cinco, tres estimo que no superarían los 12 años, el cuarto puede que tenga 14 y el mayor poco más de 18 años.

Desarrapados y sucios acosan a los peatones y se abalanzan especialmente sobre las mujeres que descienden de los taxis; cuanto más jóvenes o más viejas, mejor.

Ni le cuento cuando el que pasa por el lugar tiene aspecto de turista o es un turista, algo muy frecuente por los hoteles que hay en la zona.

Sobre el mediodía pasado, dos hombres bien trajeados que hablaban inglés (tal vez participantes de la Asamblea del BID) bajaron de un taxi portando cada uno de ellos un maletín. Los tres más chicos los abordaron ni bien abrieron la puerta del vehículo: les pidieron plata, pero los individuos con paso apurado y nervioso cruzaron la calle sin darles nada. Tampoco se dieron por aludidos ante la catarata de insultos y palabrotas que los jóvenes les lanzaron hasta que ingresaron al Shopping y se perdieron de vista.

Luego, como niños que son, se enfrascaron en un juego de manos, en el que rodaban por la vereda al tiempo que se lanzaban patadas. La gente cruzaba la calle para evitarlos.

Usted, como yo, quizás tenga hijos y tal vez de la misma edad que estos muchachitos ¿No le pasa que cuando ve situaciones así, lo primero que piensa es en ellos?

Ayer a esa misma hora mi hijo menor estaba estudiando en la Facultad y mi hija mayor se encontraba conmigo. Salimos a almorzar juntos aprovechando un par de horas que tenía antes de entrar a la Universidad. Ambos presenciamos lo mismo.

Desde hace mucho tiempo dos países se pueden ver a diario por Montevideo: el de las oportunidades fruto del estudio, el esfuerzo personal y el trabajo y el de la frustración, la desesperanza, la mendicidad y las drogas.

El primero no depende del Estado y prospera pese al Estado.

El segundo vive de aquellas políticas del Estado, las que dan plata y alimentos sin exigir nada a cambio.

¿No tienen esos muchachos el derecho a un presente mejor?. Porque si el presente es este, para ellos no habrá futuro.

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