Debe y no puede rendir más

SERGIO ABREU

El Poder Ejecutivo en su informe de Gestión a la Asamblea General reconoce "que la tarea de gobernar no es fácil" (¡¡¡vaya novedad!!!) y declara que ha venido "peleando contra la burocracia y contra los resultados imposibles". Es más, afirma que el "enemigo invisible de todo gobernante es el status quo", que se erige con más fuerza de la que parece, y que los corporativismos "emergen en forma natural ya que la visión de una nación integrada resulta incómoda para muchos".

Los comentarios del Informe no tienen desperdicio; sobre todo, cuando como al pasar, hace mención a obstáculos que durante años el Frente Amplio alimentó intentando trabar todas las reformas estructurales que se impulsaron en las últimas décadas en el país.

Hoy, sin embargo, se ha beneficiado de una coyuntura externa excepcional que le ha permitido disponer de ingentes recursos derivados de un crecimiento de casi un 40 por ciento en los últimos siete años. Y que le ha permitido a los dos gobiernos frentistas recaudar como capitalistas y gastar como socialistas, lo que demuestra que para el socialismo la eficiencia y la equidad pertenecen a especies distintas del entendimiento.

En otras palabras, demostrando que la izquierda donde ha gobernado nunca privilegió el valor de la eficiencia y los derechos de los ciudadanos, ya que su tendencia natural, al decir de Honoré de Balzac, ha sido y es actuar como una vieja matricida en su intento por matar a su madre, la República y a la Libertad, su hermana.

El gobierno luego de siete años recién reconoce que las dificultades son políticas y que el pueblo no necesita de economistas para entender que el crecimiento económico reclama eficiencia y calidad de gestión en la distribución del ingreso. Lo peor es que se queja del corporativismo que alimentó y del modelo sindical que impulsó desde la oposición y desde el gobierno y que ha terminado de reducir a la mayoría de los ciudadanos a la condición de súbditos.

El Poder Ejecutivo no tiene unidad de mando, ha perdido la disciplina jerárquica, es incapaz de evaluar sus resultados (ver declaraciones del extitular de Salud Pública y actual ministro de Desarrollo Social, Daniel Olesker) y como mero ejemplo de su ineptitud, tuvo que recurrir a las denostadas Fuerzas Armadas para recolectar la basura en Montevideo y para realizar el censo, como si a esta altura ya no fuera capaz de contar.

Para un marxista socialista tolerar al enemigo de clase es una herejía. Y este pensamiento está en la base del movimiento sindical y de la mayoría del Frente Amplio. Por tanto, durante años la huelga y el conflicto laboral han sido los derivados de una superestructura política-ideológica de naturaleza corporativa y fascista. De modo que, sindicato y burocracia fueron funcionales a un esquema de clientelismo político que hoy comienza a obligar al gobierno a tomar de su propia medicina y que lo lleva en el mencionado Informe a quejarse torpe y tardíamente.

Los siete años de gobierno del Frente Amplio han fragilizado el Estado de Derecho, desdibujado un Proyecto de País y transformado al ciudadano común en un paria que se debate entre la indignación y la resignación. Y como éste no tiene sindicato que lo defienda, sólo le queda pensar bien su voto para empezar a respirar desde el 2015 una tímida brisa de libertad.

El informe es una rendición de cuentas de la gestión de gobierno. Y como en tiempos en que los profesores advertían a sus alumnos sobre sus rendimientos, en el caso podemos hacer lo mismo, pero separándonos de la tradicional fórmula: "puede y debe rendir más". Lamentablemente, el juicio escéptico de la población está más cerca del "debe pero no puede rendir más". Realmente es una lástima, porque aún queriendo ayudar no se sabe de qué forma.

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