CLAUDIO FANTINI
El Partido Republicano tiene dos vertientes opuestas, a las que se solía identificar como "conservadurismo de Texas" y "conservadurismo de Nueva Inglaterra". El primero es fuertemente religioso, por ende más moralista y menos liberal; mientras que su contracara es marcadamente laico y abierto al espíritu libertario que Franklin y Thomas Paine irradiaron sobre los padres de la Constitución.
Hasta la presidencia de Bush padre, siempre había prevalecido el conservadurismo liberal claramente expresado por Abraham Lincoln. Con Bush hijo, llegó al control del partido y a la Casa Blanca la vertiente religiosa.
Al gobierno lo perdió, pero sigue dominando las bases partidarias. Por eso el moderado McCain debió llevar a la radical Palin en la fórmula. Y por la misma razón a Mitt Romney le está costando tanto imponerse en estas duras primarias.
Por representar el centrismo que le permitió gobernar al liberal Massachusetts, Romney es despreciado por la religiosidad cerrada que representa quien fue su principal oponente en el Supermartes: Rick Santorum. Siendo el único capaz de pelearle al presidente Obama el decisivo voto independiente, Romney apenas pudo imponerse sobre un dirigente opaco que expresa ideas oscurantistas.
El conservadurismo norteamericano está abrazado al esfuerzo individual de los colonos que fundaron comunidades en el Este y las expandieron con sus propias armas. Esa sociedad de individuos se rebeló contra los impuestos que imponía Londres y se sublevó cuando la corona quiso quitarles las armas con que expandían y defendían sus dominios.
En la Constitución habita el espíritu indómito de aquel individuo, por eso acompañó la conquista del Oeste, realizada por colonos que pelearon por la tierra donde instalaron sus haciendas. El ejército solía socorrerlos, pero los colonos eran la primera línea de la conquista.
El conservador es un espíritu dieciochesco y decimonónico en el que el individuo, con su Colt, su Winchester y su propiedad, está antes que el Estado. Los impuestos le evocan el parasitismo inservible de la lejana corona, que no ayudó a conquistar tierras ni a volverlas prósperas. Y las armas en manos de los ciudadanos son la garantía de que ninguna tiranía dominará a ese individuo, autor de su propia soberanía y prosperidad.
Los precandidatos republicanos compiten por representar mejor ese espíritu americano. El problema es que lo hacen desde interpretaciones extremas y cerradas, al punto de caer en la visión maniquea que inocula odio político en la sociedad.