Rescatar lo bueno

PABLO DA SILVEIRA

El acuerdo interpartidario sobre educación se quedó muy corto respecto de lo que pudo haber sido, pero aún así contiene algunos elementos valiosos. Básicamente se trata del compromiso de crear una universidad tecnológica en el interior y del apoyo político al documento técnico sobre fortalecimiento de los centros educativos. Que el resto del acuerdo sea olvidable o infeliz no es motivo para dejar estos puntos de lado.

La idea de crear una universidad tecnológica es una propuesta atendible, en parte porque puede contribuir a disminuir el centralismo montevideano, en parte porque puede ayudar a superar la histórica postergación de la formación técnica y en parte porque puede ser una vía rápida para terminar con el anómalo monopolio de la Universidad de la República en la órbita estatal. Pero no hay que pensar que la creación de esta institución vaya a solucionar los principales problemas de nuestra enseñanza. Las cosas verdaderamente graves ocurren antes de que alguien pueda plantearse ingresar a una universidad, sea del tipo que sea.

El documento que define una estrategia de fortalecimiento de los centros educativos es más trascendente desde este punto de vista. Desde hace al menos 15 años, el mundo sabe que los buenos aprendizajes no son producidos por el gasto educativo, ni por los grandes planes ni organigramas, ni por los buenos docentes considerados en forma aislada, sino por centros educativos que consiguen funcionar como organizaciones exitosas. Para que tales organizaciones puedan existir, es preciso que cumplan una serie de condiciones que han sido muy estudiadas, entre las que se cuenta un alto grado de autonomía institucional que les permita desarrollar una identidad propia. Para utilizar una frase de Paul Hill, un conocido especialista en la materia, los centros educativos exitosos son aquellos que consiguen ser distinguibles, coherentes y confiables.

Los uruguayos hemos demorado muchísimos años en aceptar estas conclusiones. Por eso seguimos teniendo un sistema educativo que atenta todos los días contra la posibilidad de que nuestras escuelas y liceos sean organizaciones exitosas. Y aun cuando hemos empezado a aceptar el punto, lo venimos haciendo con una lentitud exasperante. La consolidación de centros educativos dotados de identidad y autonomía aparece como objetivo en la Ley de Educación votada en 2008. En la última Rendición de Cuentas se incluyeron artículos convergentes con este propósito (particularmente, la creación de cargos docentes asociados a un liceo específico). Ahora, el acuerdo interpartidario vuelve sobre el tema. Pero en la práctica no hubo un solo avance.

Uno de los méritos del documento incluido en el acuerdo es que pone plazos perentorios. Por ejemplo, antes del fin de este año deben organizarse concursos para cubrir cargos de directores, y en el correr de cada uno de los próximos años se deberá asociar un 25% de las horas docentes disponibles a cargos ligados a una institución.

El desafío ahora es conseguir que estos compromisos se ejecuten. Por desgracia, el acuerdo político no incluyó ningún compromiso de parte de las autoridades de ANEP, lo que hace muy difícil la tarea. Pero lo hecho, hecho está. Ahora hay que intentar que el acuerdo firmado tenga alguna clase de efecto. Y para eso hay que empezar por exigir el estricto cumplimiento de estos plazos.

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