Llama la atención que en un país que ha prestado tanta atención a la situación de los discapacitados y que de manera espontánea o provocada ha obligado a establecer rampas de acceso o barandas en las escaleras de los edificios públicos, haya olvidado la instalación de barandas en las escaleras de acceso al Palacio Legislativo. Ya sea en la monumental escalera que da a la Avenida del Libertador o en la que da a General Flores, que es la de mayor acceso al público, no se ha instalado ni un modesto pasamanos elemental o una vulgar rampa que facilite el ingreso.