Té canino

El locutor de la British Broadcasting Company, con el tono grave que distingue a él y a sus colegas de la histórica emisora, aún acentuado por la solemnidad que imponía el hecho, respiró profundo; cobró aire, y anunció:

"Señoras y señores: trasmite la BBC de Londres, en directo un programa especial desde "la tienda de la soberana", para que lo compartan oyentes y televidentes de toda Inglaterra y sucursales (incluidas las Islas Falkland, pronunciado esto con cierto acento deformante que pareció estar diciendo: Islas Malvinas). "Tres damas se han reunido hoy aquí, a fin de brindarles una de las tantas escenas que jalonan la trayectoria de Isabel II. Contrariamente a lo que puedan pensar ustedes al escuchar la palabra "tienda", Su Majestad no ha venido a elegir su próximo rancho de paja, o su próxima boina de vasco, o su pamela Modelo Estadio Wembley. Este es un salón de té adonde la reina concurre, gentil y cordialmente, toda vez que desea saborear una merienda como ni el propio pirata Drake pudo disfrutar en sus mejores acciones de filibustero... en tiempos en que todavía no había nacido Luisito Suárez para ennegrecer su foja de gran futbolista. Su Majestad hace acto de presencia junto a Camila y Catalina -que ocupan planos distinguidísimos en la familia Windsor- y la acompañan a objeto de ayudarla a sacarse el sombrero para la ocasión, que le queda un tanto holgado y no puede despegarlo de los hombros".

El locutor era impotente para contener la risa, así que mientras transcurría ese operativo auxilio -al que se acoplaron tres mozos- contó algunos chistes de galaicos poco graciosos. Retomó la narración:

"Felizmente, el problemita ha sido solucionado: y puedo decirles que ya está lista la reina para conjugar con "Cami" y "Cata" el verbo "to morf", ante una deslumbrante exhibición que muestra toda una ofrenda a la trascendencia del personaje y anexos: té, trufas al champán, y galletitas para perros".

El hombre se adelantó para aclarar: "Es obvio que el destinatario de esta última delicadeza no está compartiendo el momento, pues se trata de que esta amable reunión transcurra sin ladridos: y es igualmente obvio, que ninguna de las damas probará ese bocado, por exquisito que esté".

La reina, siempre dispuesta a satisfacer todos los gustos del príncipe "consuerte", solicitó a la brigada de mozos que la atendía, dulce y tiernamente: "Please", las galletitas me las envuelven para llevárselas a Felipe, al que le encantan".

El locutor de la BBC se quedó mudo.

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