Talleres culturales en el Centro a sectores sociales vulnerables

"Urbano". Empezó como un proyecto dirigido a gente en situación de calle

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En Urbano Espacio Cultural se conocieron parejas que terminaron casándose. Otras personas consiguieron acceder a una vivienda y ahora llegan hasta la sede de la ONG con vecinos, por ejemplo desde Gruta de Lourdes, a participar en talleres.

Urbano Espacio Cultural, en pleno Centro montevideano, no oficia de agencia matrimonial, laboral o inmobiliaria. Sin embargo, a veces se registran logros que no están entre los objetivos de la institución.

En una casona costeada por el Mides, en la calle Mercedes -entre Yí y Cuareim- se afianzan los objetivos originales de lo que surgió como un proyecto piloto, pero a la par se ensayan variantes. La población inscripta allí, ya no se compone exclusivamente con personas adultas en situación de calle. Hoy se recibe a cualquier interesado en participar en los talleres. En concreto, en este centro se trata de generar capacidades para el ejercicio de los derechos culturales de uno de los sectores de la sociedad más vulnerable.

En esa línea, se promueve la creación de espacios de educación, consumo, producción e integración cultural, al tiempo que se desarrollan actividades tendientes a la socialización de los asistentes, para que reconozcan la cultura como un derecho. Mientras la experiencia pedagógica continúa desarrollándose, está prevista la permanente identificación de las fortalezas y debilidades del centro, así como la medición del impacto socio-cultural en la población beneficiaria.

ESPORÁDICOS Y FIJOS. El psicólogo y educador social Alfredo Correa, coordinador de la gestión de Urbano, explicó a El País que "la experiencia piloto comenzó con un trabajo que atendió directamente a personas en situación de calle ya incluidas en el sistema general de respuesta, apuntando a la gente usuaria de los refugios".

Entre agosto de 2010 y marzo de 2011 circularon por el centro cultural casi 260 personas, contando a usuarios esporádicos y otros que se los define como permanentes en la medida que participan en más de una actividad por semana.

Según Correa, "la población mayoritaria que se arrimó en la primera etapa fue masculina, cosa que refleja la realidad de la gente en situación de calle, donde hay un 67% de varones".

El promedio de edad de los talleristas llegó a 39 años, lo cual indica que pasaron y pasan personas mayores de 70, abuelos que en algún momento de sus vidas perdieron el contacto con sus familias y en algunos casos con sus profesiones, desde la medicina hasta la docencia, o que se desvincularon de actividades artísticas, literarias o musicales.

La mayor parte de quienes acuden a Urbano tienen un diagnóstico psiquiátrico, "lo cual no significa que sean psiquiátricos ni que estén atendidos", advierte Correa. En muchos casos seguramente lo más eficaz sea actuar sobre la configuración familiar de cada persona desvinculada. "Nosotros acá hemos apoyado más de un reencuentro familiar, cosa importante para muchas personas y para este centro también".

La presencia en Urbano demanda normas básicas "que tienen que ver con la vida cotidiana y la convivencia. Los usuarios deben saber que vienen a crear, a informarse y construir cosas junto a nosotros, no sólo a permanecer", explica Correa. "También deben entender que no se tolera la violencia verbal o la física, como tampoco el consumo de alcohol y otras sustancias. Exigimos además el cuidado personal y el de todo el equipamiento del centro".

En cuanto a los ejes de trabajo, Correa destaca el "ejercicio participativo" de los asistentes, para que lleguen a comprender que tienen algo para decir. Hasta el presente, mucho más de 300 personas han pasado por Urbano, con un promedio de 40 a 50 usuarios por día, dependiendo de los talleres, que funcionan de lunes a viernes, a cargo de un equipo técnico compuesto por cinco personas vinculadas a la educación social, la psicología y el arte. "En nuestro trabajo hay una dimensión social clara que se cubre actuando en red, con otros equipos, como los de los refugios, para promover que la gente que está en la calle abandone esa situación", dice Correa.

En la segunda etapa del desarrollo del proyecto que se cumple desde septiembre de 2011, se intenta justamente dar pasos para que Urbano promueva no sólo actividades en sus talleres sino que facilite -a través de convenios con instituciones privadas- el acceso a funciones de teatro, a cines o espectáculos de fútbol. Se calcula que hoy el 20% de los asistentes al espacio cultural está compuesto por personas que no están en situación de calle. Y se manifiesta que una de las mayores "fantasías" de muchos es que Urbano puede llegar a ser un nexo directo para obtener un puesto de trabajo.

"Urbano ha decidido no tener un lugar para la capacitación laboral, para separarse así de propuestas que tienen que ver con políticas sociales. Pero en el taller de informática se colabora por ejemplo en hacer el curriculum de un tallerista, y se dan charlas sobre autogestión", comenta Correa.

Para el 2012 se planifican actividades en torno al tema de la mujer en general, y de las mujeres que concurren a la propia institución.

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