Ante el muro de las Malvinas

| Directo. El exlíder de Pink Floyd opinó sobre el conflicto entre Argentina e Inglaterra

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Sobran los motivos para hablar de Roger Waters, músico legendario que este viernes inicia su itinerario sudamericano de conciertos, con un récord asegurado de nueve estadios River Plate consecutivos en Buenos Aires. En Chile, donde estará mañana y el sábado, opinó sobre Malvinas.

Buenos Aires le atribuye otro récord a su carrera: ofrecer el impactante número de nueve funciones seguidas en el estadio River Plate, con capacidad para más de 50.000 personas y con las entradas agotadas desde hace varios meses. Este romance con el país vecino parece ser retribuido también desde lo político. Roger Waters concedió una entrevista en Chile, que recién podrá verse esta noche en la Televisión Nacional Chilena, donde expresó sin prurito que "las Malvinas son argentinas". Con lucidez sobre el juego mediático, el periodista español Amaro Gómez-Pablos, adelantó en su cuenta de Twitter algunas declaraciones del músico británico: "Me avergüenzo de nuestro pasado colonial, de que el sol no se pusiera en el imperio, de la violación, el robo y el saqueo". Esta es la frase que más replicó la prensa en Gran Bretaña, donde el ex Pink Floyd ocupa la primera plana, y es motivo de debate en los foros sociales, también por criticar duramente a Margaret Thatcher: "la guerra salvó su carrera política, pero mató a muchos británicos y argentinos". El diario The Guardian, por ejemplo, puso énfasis en esa "vergüenza" que dice sentir y recuerda que The Final Cut, contenía una postura antibelicista frente al conflicto iniciado en 1982. El impacto de sus palabras es mayor en medio de la tensión que se viene registrando entre Argentina y el Reino Unido por la soberanía de las islas a muy poco de cumplirse tres décadas desde la guerra.

El músico está muy lejos de necesitar este tipo de promoción. Sin embargo, el mismo que hizo un show en las ruinas del Muro de Berlín hace veintidós años, considera hoy que puede darle una resignificación a muchos aspectos de su vida y opinar descarnadamente como siempre lo hizo. De hecho, su posición sobre las Malvinas no es algo nuevo.

El clásico The Wall, un himno que disparó las ventas del grupo, (del álbum se comercializaron 25 millones de copias, convirtiéndose en uno de los más redituables de la historia), fue coherente al momento de su publicación con la propia vida de Waters, un hombre marcado por la dureza de su madre y sus profesores. "Mi mamá ahogaba a los gatitos en el barril de agua y luego la pobre gata tenía que ir a desenterrar los cuerpos de debajo de los arbustos. Sacaba un palo si hacíamos algo mal. Me acuerdo que cuando tenía unos seis años y mi hermano John ocho, nos dejó solos y pensamos que sería divertido calentar el atizador de la chimenea y hacer hoyos en la alfombra de la sala. Enloqueció. Creo que se dio cuenta de que la casa podría haberse incendiando con estos dos niños adentro y de que ella habría sido la culpable", reveló en una entrevista con The London Times. A pesar de lo escalofriante del relato, Waters hoy es complaciente: "ella debía ser dura; era madre y padre".

En 2012 le dedica la gira The Wall Live a su progenitor (un militante contra el fascismo cuyo cuerpo nunca fue encontrado), otro síntoma de reconciliación con su pasado. Abiertamente deduce que la falta de figura paterna lo llevó a su incapacidad para entender a las mujeres "porque necesitas a un hombre que te explique cómo hacerlo. Y yo nunca tuve eso". El Waters que visitará Argentina cree haber derribado varios muros. Por eso The Wall ya no habla sólo de aquel joven temeroso sino de "cómo actúan las naciones unas con otras en el presente". Esa analogía que puede traducirse "a los muros que hay entre ricos y pobres, entre el primer y segundo mundo, entre el nuevo y el viejo mundo, y entre los que piensan distinto o tienen distintas creencias. Vivimos en un mundo donde estamos separados". La obra de Waters -y el sello que imprimió en Pink Floyd- está íntimamente ligada a sus procesos internos y también a ese enojo que parece estar disipándose, a pesar de haberse hecho rico, algo contradictorio para quien se crió en una familia comunista. "Cuando terminé The dark side of the moon me di cuenta de que iba a tener más dinero del que podía gastar; por definición sería un capitalista. Di un cuarto a una fundación benéfica y aún doy dinero, pero no me siento culpable", agrega. Cuando le preguntan cómo hizo para no volverse loco, simplemente responde: "¿Cómo sabes que no lo estoy?", puesto que "disimular esa condición también puede ser un talento". Y se ríe.

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