Solo un gesto

PABLO DA SILVEIRA

Que todos los partidos presentes en el Parlamento consigan suscribir un acuerdo es una buena noticia. Que el texto firmado hable de educación es mejor. Lo malo es la falta de contenido. El acto de la semana pasada fue apenas un gesto cuyos efectos tenderán a diluirse. El análisis del documento revela que la oposición terminó firmando sin influir.

El texto acordado consta de 6 puntos. De ellos, cuatro son poco felices y constituyen una gran concesión a quienes controlan la enseñanza.

El primer punto afirma la voluntad de crear un Instituto Nacional de Evaluación Educativa, lo que suena bien pero no agrega. La creación de ese organismo ya fue incluida en la Ley de Educación de diciembre de 2008. En 2011, otra ley modificó su integración. Este doble mandato legal no ha sido ejecutado hasta hoy. Que el gobierno y los líderes opositores acuerden algo que ya es ley sólo arroja dudas sobre el peso institucional del Poder Legislativo.

El segundo punto apoya la idea de otorgar por vía legal el doble voto al presidente del Codicen y "su eventual extensión a los Directores Generales de los Consejos Desconcentrados". Esto ha sido presentado como un triunfo pero no lo es. Para percibirlo hay que hacer memoria.

En las reuniones previas al acuerdo, algunos líderes opositores propusieron aumentar la cantidad de consejeros de ANEP. La idea no prosperó, pero el debate condujo a una fórmula impulsada por el propio Mujica: otorgar doble voto al presidente del Codicen y de los consejos desconcentrados. Durante unos días pareció que había acuerdo, pero a última hora el presidente del Frente Amplio lo objetó. La incertidumbre generada sólo se diluyó cuando el gobierno anunció que la fórmula inicial se mantenía. Pero lo cierto es que no se mantuvo. Decir que se otorgará doble voto a los presidentes de los consejos desconcentrados no es lo mismo que decir que eso se hará eventualmente. Si mañana la bancada frentista decide no apoyar, nadie podrá acusarla de incumplir.

Los otros puntos infelices consisten en una afirmación de la vigencia de los acuerdos de mayo de 2010 y una declaración de apoyo al texto presentado en diciembre por la Comisión Coordinadora de la Educación. Reiterar la vigencia de los acuerdos de 2010 suena curioso, porque esos acuerdos nunca se aplicaron del todo. ¿Qué sentido tiene declarar su vigencia en lugar de reclamar su aplicación? En cuanto a la declaración de respaldo al documento de la Comisión Coordinadora (un refrito carente de utilidad), es apenas una manera de salvar la cara del Ministerio de Educación.

Lo único valioso que se encuentra en el acuerdo es el apoyo a la creación de una Universidad Tecnológica (una idea del Presidente Mujica que, si bien es compartible, no resuelve los problemas más acuciantes) y el respaldo al documento sobre fortalecimiento de los centros educativos elaborado por técnicos de los partidos (un texto valioso pero general, que en sus aspectos más concretos repite medidas ya aprobadas y pendientes de ejecución).

La dirección global es correcta, pero el avance es mínimo Y no solo eso. Los dos puntos valiosos son los únicos que el oficialismo siempre estuvo dispuesto a firmar. Quiere decir que la oposición firmó sin haber logrado introducir cambios en la agenda. Y con eso probablemente malgastó su mejor oportunidad de influir sobre la enseñanza en este quinquenio.

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