El virus influenza tipo B es uno de los tres que provocan la gripe, infección que afecta principalmente a la nariz, la garganta, los bronquios y, ocasionalmente, los pulmones.
La mayoría de los afectados se recuperan en una o dos semanas sin necesidad de recibir tratamiento médico. Sin embargo, en niños menores de dos años, personas mayores de 65 o que sufren otras afecciones médicas crónicas (ver infografía), la infección puede conducir a complicaciones graves de la enfermedad que posean, provocar neumonía e incluso causar la muerte.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) cada año las muertes por gripe llegan hasta el medio millón de personas (se registran entre 250.000 y 500.000 muertes por año). Y de tres a cinco millones enfrentan complicaciones consideradas de gravedad.
La gripe en sí se propaga fácilmente y puede extenderse con rapidez. Las gotículas infectadas que expulsa el paciente al toser pueden ser inspiradas por otras personas que quedan así expuestas al virus. El virus también puede propagarse a través de las manos infectadas. Para evitar la transmisión hay que lavarse las manos regularmente y cubrirse la boca y la nariz con un pañuelo de papel al toser o estornudar.
Entre los virus que causan la gripe (influenza tipo A, B o C) los más comunes son el A y el B. La mayoría de las pandemias han sido causadas por los virus de tipo A (el virus de la llamada gripe porcina era de este tipo).
Existen cientos de variantes de cada uno. Todos los años las vacunas contra la gripe incluyen la variante que más ha circulado en el último año.