Abogado, periodista, político, estadista. Muy joven y con arraigadas convicciones democráticas y nacionalistas se lanza a la palestra política.
Electo siete veces legislador, integra el Consejo Nacional de Gobierno (1963-1967) y lo preside durante un año.
Hizo un culto del Estado de Derecho, de la Constitución y de sus instituciones a lo largo de su trayectoria pública y privada. Siete años estuvo proscrito por la dictadura militar, dictadura que vislumbró desde sus albores, mientras otros se desentendían o miraban con simpatía al golpe militar, y a la que enfrentó sin desfallecer hasta el retorno a la democracia.
Actuó siempre firme en sus convicciones y sin mirar costos. Con orgullo proclamó su condición de político señalándola como la más noble empresa que puede emprender el ser humano y sabiendo, como decía Martí, que en esta profesión no hay otra remuneración "que el placer del sacrificio y la ingratitud probada de los hombres".
Ejerció con maestría y coraje el periodismo. Profundo en sus conceptos, claro en sus expresiones, sus editoriales firmados de los días domingo se convirtieron en referentes para la sociedad.
"Mandato, tinta y pasión" recoge en un libro sus escritos en El País y pocos años más tarde publicaría "Pamperada Blanca", una obra que reivindica los gobiernos nacionalistas de mediados del siglo pasado.
A nueve años de su muerte, su figura y su legado de lucha por la libertad y el imperio del Derecho mantienen toda su vigencia.