El grupo de parodistas Nazarenos presentó un espectáculo basado en la leyenda mitológica de Ícaro, con dos parodias bajadas a Uruguay: la historia del deportista Atilio Francois y del músico Eduardo Mateo. Hacía dos años que Nazarenos no salía en Carnaval y este regreso fue muy aplaudido por el público que si bien no colmó las instalaciones del Teatro de Verano, generó un clima propicio para que fuera una fiesta.
La más disfrutable fue la parodia de Eduardo Mateo, en la que se plasman los remolinos internos del músico, su adicción a las drogas y su vínculo con otros colegas, especialmente con Horacio Buscaglia, con quien compuso Príncipe Azul. Las caracterizaciones de Ruben Rada y Fernando Cabrera resultaron efectivas para hacer reír a la platea.
Nazarenos combinó de modo acertado y con equilibrio los pasajes para emocionar y aquellos destinados a la diversión. Así la descolgada incursión del "fan de Wanda" -personaje surgido en Show Match- en medio de la recreación del ciclo Musicación y del programa Discodromo, provocó el efecto deseado, aunque luego se haya abusado del mismo.
Nazarenos comenzó a ritmo de Carmina Burana, siguió con elaboradas coreografías y parodió a Suárez por las acusaciones de discriminación. "Nunca se debe subestimar el corazón de un campeón", dicen. Y también citan al Maestro Tabárez: "en el camino está el premio".
Comenzó la etapa la murga Japilong con un cuadro que imitaba ser un club de fans de Tabaré Vázquez, aunque minutos después se dio vuelta y lo terminó criticando. Es otro regreso a la competencia, porque 2011 se lo tomó sabático.
Con una mezcla entre murguistas jóvenes y veteranos, parte de la acción se desarrolla en una cantina donde hablan de las situaciones y problemas comunes a los uruguayos.
En el cierre estuvo La Gran Siete, dirigida por el músico Guillermo Lamolle. Arrancó con un discurso apocalíptico y la increíble certeza de que aún así, a pesar de las cosas que pasan en el mundo, "estamos vivos". El espectáculo se titula No abusen de Carlitos Prado. Cuenta con textos de Lamolle, quien en tono crítico reivindica la retaguardia por encima de la vanguardia; Pablo Neerman escribió el "cuplé de las etiquetas" mientras que el "cuplé de la educación" es de autoría de Ignacio Alonso. También hubo un cuplé sobre "los cascos violetas" y el enfrentamiento entre radicales y moderados. La Gran Siete brindó lo que se esperaba de ella.
Fue una de las dos fechas de la primera rueda que debió postergarse por problemas climáticos. Y resultó variada. El público (unas 3.500 personas) disfrutó a lo grande.