La ley de la gravedad

ANTONIO MERCADER

En la historia de la caída del árbol que mató a una mujer en Carrasco y lesionó a sus dos hijos confluyen los habituales errores de gestión de la intendencia de Montevideo. Los detalles del caso son típicos: no hay culpables visibles y faltan recursos.

Veamos el primer punto, el de la culpa, sobre el que abundan explicaciones poco convincentes. Por ejemplo, que el árbol "parecía" sano, que no había denuncias sobre su estado y que su raíz pudo ser cortada durante alguna obra en la acera. Aunque el árbol "parecía" sano luego se halló su raíz "acorchada", es decir en descomposición, por lo que la inquietud apunta ahora a los eucaliptos contiguos al accidentado, todos ellos "reliquias" centenarias con trazas de agotamiento. Mientras la intendencia averigua si están bien se mantiene el riesgo de que caigan.

El director del Museo Botánico, Carlos Brussa, conocedor de esos árboles, fue tajante: "Si estás en Arocena y mirás para arriba verás un montón de puntas secas en los eucaliptos. Eso es señal de que los árboles están llegando al final de vida útil", dijo. La conclusión de Brussa es obvia: ¡la Intendencia debe tirarlos abajo ya!

Que no había denuncias sobre ese eucalipto dice poco pues hay miles de denuncias desatendidas en Montevideo. Y además, "no hay una política de gestión de riesgos en materia de arbolado", admitió el Defensor del Vecino, Fernando Rodríguez. Ninguna autoridad municipal replicó. Eso es tan grave como el intento inicial de pasarle la culpa a un tercero alegando que alguien pudo cortar las raíces, cosa no comprobada.

Vayamos al asunto de los escasos recursos, supremo ejemplo del error conceptual con que se conduce la intendencia capitalina desde hace más de dos décadas. Según la directora de Acondicionamiento Urbano, Eleonora Bianchi, el problema se creó en los tiempos de Mariano Arana cuando el dinero para cuidar del arbolado se desvió para asistir a los "nuevos pobres". Desde entonces la comuna está atrasada en la materia.

Cuidar los "árboles del ornato público" es una de las funciones municipales esenciales, no así atender a los pobres, misión esta última a cargo de otros organismos estatales, entre ellos el Mides. Velar por los problemas sociales es algo admirable siempre que no se haga en detrimento de otros deberes que cumplir.

En este punto la historia empieza a perfilar culpables. Ana Olivera, como en su tiempo Ehrlich, recibieron la "herencia maldita" de sus antecesores. ¿Recuerdan? Las cosas van mal porque Vázquez malcrió a Adeom y luego Arana agrandó el déficit al pactar compromisos imposibles. Los montevideanos oímos eso de miembros del partido que comanda la intendencia desde hace casi un cuarto de siglo: la culpa la tuvo el otro. Y como ese otro no pertenece al usual cartón ligador, o sea un partido tradicional, no hay más remedio que reconocer que se trata de un correligionario.

Así, echando tierra al pasado, las culpas suelen diluirse en una ciudad en donde nadie es responsable de la caída del techo del Cilindro Municipal o de un poste del alumbrado público como el que se desplomó hace unos días. En todo caso la culpa será de la ley de la gravedad a la que estamos todos expuestos. Por eso, sería bueno que la intendencia siguiera el consejo de Brussa y reemplazara los centenarios eucaliptos de Carrasco con especies menos peligrosas antes que la dichosa ley cobre otra víctima.

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