En octubre, delincuentes somalíes habían tomado como rehenes a dos trabajadores de ayuda humanitaria, -uno de ellos era una mujer estadounidense- y ahora los comandos de EE.UU. preparaban el lanzamiento de una misión de rescate.
En Washington debían revisar la operación mediante una conferencia de video segura. La reunión estaba fijada para el martes, pero fue adelantada para última hora del lunes. ¿Por qué la urgencia? Había creciente preocupación, debido a que la salud de Jessica Buchanan, la trabajadora estadounidense, se deterioraba con rapidez. Por ejemplo, los servicios de inteligencia de Estados Unidos sabían que sus captores no le suministraban los antibióticos que necesita para tratar una enfermedad que tenía. Pero, fuentes militares indicaron que un elemento informativo separado de inteligencia indujo a las autoridades a actuar con celeridad: era algo que podían ver. Utilizando técnicas sofisticadas de vigilancia pudieron escudriñar el complejo donde estaban los rehenes. Vieron a Buchanan doblada de dolor, de acuerdo con lo que indicaron dos fuentes militares que fueron informadas del hecho.
No había tiempo para perder. En la noche del lunes, el presidente Barack Obama autorizó la operación y pocas horas después dos docenas de integrantes de las Seals de la Armada se lanzaran en paracaídas, justo antes del amanecer, en una región alejada de Somalia. Caminaron por casi tres kms, irrumpieron en el campamento, mataron a los nueve secuestradores y liberaron a los rehenes. No hubo bajas entre las Seals. "Dieron en todos los blancos", dijo un alto jerarca.
El sorpresivo ataque en Somalia, con todo su drama digno de Hollywood, es solo una de centenares de audaces misiones realizadas por los comandos de elite de EE.UU., en los últimos años. Las Seals de la Armada y otros operadores especiales, con el aliento de Obama, se han convertido en arma prioritaria en "zonas prohibidas" como Pakistán, Yemen y Somalia. Su habilidad para atacar a terroristas, piratas y otros criminales, con subrepción, precisión y fuerza letal está en línea con el enfoque básico de Obama sobre las guerras en la sombra. Desde los días iniciales de su gobierno, comenzó a urgir a sus generales a llevar a cabo misiones que fueran quirúrgicas y estrechamente diseñadas a medida para objetivos claramente definidos, ya sea el rescate de rehenes o la protección de intereses estadounidenses bien fijados.
Obama fue elegido, en parte, en función de la promesa de reducir las guerras derivadas de los ataques terroristas del 11-S, para reducir la huella global estadounidense. Pero, cuando asumió el cargo, heredó una estructura militar moldeada por George W. Bush, que todavía estaba en la ofensiva. Por ejemplo, los generales estaban ansiosos por llevar la lucha a Somalia, un país desesperadamente pobre y caótico que era sede de una afiliada emergente de Al Qaeda. Veían a Somalia como una bomba de tiempo -el próximo Afganistán- y querían actuar antes de que fuera demasiado tarde. Pero, Obama estaba precavido. "¿Está enfocada contra Al Qaeda?", preguntó con frecuencia cuando los militares le informaron de sus propuestas para operaciones "cinéticas". Quería saber si los militantes en Somalia eran todos terroristas decididos a matar estadounidenses. Varias veces rechazó propuestas del Pentágono para lanzar amplios bombardeos -los llamados ataques con rúbrica- contra islamistas radicales sospechosos y sus campamentos en el Sur de Somalia: Hizo lo mismo que en Yemen, donde una afiliada a Al Qaeda, especialmente peligrosa, había diseñado ataques contra EE.UU.
CON BISTURÍ. Grupos extremistas como Al Qaeda en la Península arábiga, en Yemen y Al Shahab, en Somalia, son claramente organizaciones terroristas. Pero, también son insurgencias, con elementos tribales y de clanes que están, en gran medida, preocupados por temas locales y no por atacar intereses occidentales y particularmente estadounidenses. Con frecuencia, Obama ha querido usar un bisturí para ir contra los militantes, más que un martillo, según la metáfora expresada por John Brennan, su asesor principal en contraterrorismo. A veces, ha corregido la lista de objetivos porque no estaba convencido de que tienen suficientes vínculos con sus objetivos más grandes. En el verano de 2011, Obama refutó a un general en una reunión realizada en la Sala de Situación de la Casa Blanca, que se había referido a la campaña militar en Yemen. Le dio una precisa instrucción: no realizaban una campaña en Yemen. Entraría en acción allí solo si hubiera una amenaza demostrable a la seguridad del pueblo de EE.UU.
ACCIÓN. Sin embargo, la niebla de la guerra no puede ser totalmente disipada. Al final del día, las Fuerzas armadas y la CIA dependen de la tarea humana de inteligencia, que resulta imperfecta, para identificar los blancos. La gente comete errores y a veces mueren mujeres y niños. En algunas instancias en Pakistán y Yemen, los estadounidenses han sido engañados por aliados que actúan con duplicidad que les han suministrado información de inteligencia errónea como manera de eliminar a sus rivales.
De cualquier manera, Obama no se echó atrás cuando enfrentó un objetivo claro y preciso. En abril de 2009, piratas somalíes secuestraron al buque mercante de bandera estadounidense Maersk Alabama, en el Océano Índico. Tomaron de rehén al capitán y lo mantuvieron en el bote salvavidas de la nave. Obama autorizó una riesgosa operación comando para liberarlo. Se desarrolló el domingo de Pascuas y el propio presidente monitoreó los acontecimientos desgarradores en tiempo real. Las Seals de la Armada crearon una trampa en el agua, pero los piratas lograron eludirla. Los francotiradores estaban en posición en un barco cercano, pero resultaba difícil hacer un disparo certero contra un bote salvavidas que subía y bajaba bruscamente. Al final, los francotiradores hicieron tres disparos y mataron a los tres piratas. Para Obama, fue una temprana experiencia con los elementos de elite del Comando Conjunto de Operaciones Especiales, a veces llamado el ejército secreto del presidente. Pero, no sería la última experiencia.