Antonio Mercader
La historia de la suspensión de ocho partidos impuesta a Luis Suárez por insultos racistas no pertenece sólo al mundo del fútbol sino que es un tema de Estado. Su caso estuvo en boca del primer ministro inglés, David Cameron, quien lo citó en un acto de la ONG deportiva Street League. Está en el Parlamento británico que nombró una comisión contra el racismo en el deporte con mención de Suárez. Y un popular blog londinense, "thepeopleshub", resumió así el problema creado en torno al futbolista: Justicia 2, Racismo 0.
Pero, ¿por qué tanto alboroto? Por infeliz coincidencia, en los días en que Suárez le gritó "negro" a Patrice Evra, terminaba un largo y resonante juicio sobre el asesinato perpetrado en 1993 de un joven negro, Sthephen Law-rence, a manos de racistas neonazis. La detención de los culpables se trabó y gracias a la presión de los padres de la víctima, el gobierno inició una investigación del crimen que detectó "obstrucción de la Justicia" y "racismo institucional" en la Policía inglesa.
El escándalo fue mayúsculo. El periódico Daily Mail desató una campaña sobre el tema basada en datos reveladores del racismo y la xenofobia latentes en el país. Según las encuestas que publicó, los británicos eran más intolerantes con los extranjeros que los franceses o los alemanes. La revista The Economist agregó otro dato: en 2010 se reportaron en el Reino Unido 40.000 crímenes originados en problemas raciales.
Nada sabía de esto Luis Suárez cuando cambió palabras con Evra. La riña sucedió en octubre pasado, en el momento culminante del juicio a los matadores de Lawrence, cuando la opinión pública centraba su atención en el proceso y el gobierno le pedía a la federación de fútbol inglés que reprimiera toda traza de racismo. El país que pronto será sede de los Juegos Olímpicos debe abolir toda discriminación, advirtió Cameron, un gobernante alarmado todavía por los disturbios de impronta racial ocurridos en Tottenham el año pasado.
La mala suerte se ensañó con Suárez. Los ocho partidos de suspensión que le aplicaron marcaron el comienzo de la campaña antirracista en el fútbol inglés. De nada valió que el goleador adujera que la palabra "negro" tiene en Uruguay connotaciones distintas a las que posee en el Reino Unido. A Evra no lo sancionaron por más que le dijo "sudaca" a Suárez, e incluso, según se asegura, "le mentó a su hermana". Pero el tema actual de las autoridades británicas, incluida la federación de fútbol, es defender a los negros, no a los "sudacas", y menos aún el honor de las hermanas de los "sudacas".
En todo el episodio se manejó un doble patrón moral fruto de la sensibilización que el caso Lawrence suscitó en la opinión pública y los círculos políticos. Eso se notó en la severidad de la sanción a Suárez y en el dictamen de la federación, 120 páginas de sesudos análisis sobre las acepciones del vocablo "negro" en el Río de la Plata. Hubo un esfuerzo inusitado por fundar la sanción y pasarle el aviso a todos los futbolistas, incluido el capitán de la selección inglesa, John Terry, quien por causas similares a las de Suárez puede pasar a la Justicia penal.
En suma, Suárez fue el chivo expiatorio de la situación creada en un país que, de golpe, se descubrió más racista de lo que suponía y resolvió combatir esa lacra. Para librarse del asunto nuestro goleador tendrá que emplear su mejor receta: pocas palabras y muchos goles.