Vuelta a las grandes ligas tras veinte años

Activa. A sus 66 años regresa al cine con una comedia y dice que no quiere desacelerar

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NEW YORK TIMES | CINDY PEARLMAN

Es fácil imaginar que Dolly Parton, la leyenda de la música country, luce muy diferente mientras está en su casa. Nada de vestidos elaborados ni brillos, ni despampanantes pelucas o uñas falsas.

En esas circunstancias incluso podría ser alta y de pecho plano en los momentos en que los focos están lejos de ella.

Pero no es así, dice Parton.

"Querida, si vienes a mi casa a las ocho de la mañana lo que ves ahora es lo que vas a ver en ese momento y 365 días al año", dice. "Verás la peluca, los brillos y las uñas de nueve pulgadas a esa hora". ¿Y qué si tocamos su timbre incluso más temprano? "Entonces no atenderé la puerta", dice mientras larga su patentada risotada chillona.

Hoy Parton está muy lejos de sus terrenos habituales y natales de Tennessee. La cantante de sesenta y seis años está en un elegante hotel de Nueva York para hablar de Joyful Noise, su nueva película. Y es exactamente todo lo que se espera de la legendaria Dolly Parton: una ajustada mujer en pantalones negros, una remera blanca con lentejuelas y una peluca alta hasta el cielo. Su cintura es tan ajustada que puedes cerrar las dos manos a su alrededor. Además se para sobre tacos stiletto, usa lápiz de labio rubí y largas y rectangulares uñas hechas por una manicura francesa. La vida es rara para Parton, quien goza de uno de los grupos de admiradores más apasionados del mundo de la música country (y también uno de los más excéntricos). "Tengo una granja en Nashville", dice, "y un día en los setenta fuimos a casa y había una caja en nuestra puerta, con un bebé. Acababa de grabar la canción Jolene (1973) y la nota decía `Su nombre es Jolene. Le puse ese nombre por ti así que por favor, quedátela`".

Parton se ríe. "Llamé a quienes se ocupan de niños. ¡De inmediato! ¿Podés creerlo?"

Joyful noise es la primera película grande de Parton desde Famosa por error, de 1992. En Joy-ful noise encarna a G. G. Sparrow, una cantante del coro de la iglesia en un pueblo chico. Sparrow es progresista y quiere ver a su coro hacer rock y rap, mientras que la directora, chapada a la antigua (Queen Latifah) no ve necesidad de cambios más allá de la clásica música espiritual. Un concurso nacional de coros le ofrece a la agrupación nuevas oportunidades, pero también permite que el choque de ideas salgan a la luz.

"Quería inspirar a la gente con esta película", cuenta Parton. "Pero lo que realmente fue inspirador para mí fue trabajar con Queen Latifah. Nunca voy a olvidar el primer día en el estudio de grabación. Fue la primera vez que nos vimos en persona y de ahí fuimos directamente al micrófono para improvisar canciones".

"La amo. Pensé en ese momento".

"Hablamos por teléfono sobre cómo veíamos la idea para esta película y también el guión", dice Latifah, en una entrevista por separado. "Estaba emocionada y ella estaba también entusiasmada con el trabajo en conjunto. Era cantado que íbamos a hacer esta película. Me encanta su actitud de decir las cosas tal y como son".

"De donde yo vengo, siempre decimos las cosas como son", cuenta Parton cuando se le dice lo que comentó Latifah. "Seamos honestos. Puedes juntar muchas personas de Holly-wood en una habitación y no por eso vas a conseguir aquello que hace click. De verdad nos caímos muy bien. No actuábamos con la otra, sino que hicimos click desde el comienzo".

Y eso es más de lo que se puede decir de sus personajes. Su duelo por ganar el alma del coro asciende a una pelea que no es para corazones débiles. Las uñas vuelan, los cabellos son cinchados y se dicen todo tipo de cosas poco amables sobre las cirugías plásticas de Parton. "Esa pelea fue muy divertida", recuerda, "y se vio bien en cámara. La filmamos durante un día entero y al final de la jornada estábamos muy metidas. Fue desgastante para mí pero también estaba lista para sumergirme y ensuciarme. Incluso estábamos en el piso, patinando sobre tallarines".

En cuanto a mantener su aspecto de Dolly (como de muñeca) en sus años de veterana, no se preocupa en admitir que ha tenido algo de ayuda. "Siempre tuve buenos pechos", dice. "Fueron atendidos por un doctor a medida que los años pasaban". Y también ha aprendido a dar forma a su estilo de vida conforme el tiempo avanza.

"Me mantengo delgada porque me muero de hambre" dice como un hecho sin discusiones. "Gané bastante peso cuando llegué a la madurez. Era una etapa en la que sabía que no podía seguir comiendo como una chiquilla del campo. Ahora soy solo una cosa delgada".

¿Y qué tan delgada es su línea de la cintura? "Depende de lo que coma", dice con una risa. "Te puedo asegurar que será más grande después de cada Navidad".

Puede tener sesenta y seis años ahora, pero el retiro no está en su agenda y nunca lo estará. "Solo dejé la gira", afirma. "Me encanta estar en la ruta. Y en cuanto a desacelerar, soy como el conejo de Energizer, ¡pero en versión Playboy!"

Críticas ajenas y una formación que empezó en el pueblo chico

Y en cuanto a los codazos sobre su aspecto, Parton se ríe de ellos. Los ha escuchado antes. La verdad, cuenta, estaba preparada para eso desde que salió de su pueblo. "Cuando crecí, estaba esta mujer, que caminaba por las calles de mi pueblo. Pensaba que era la más linda del mundo. No puedo decir su nombre pero es suficiente afirmar que ella era absolutamente hermosa. Yo se lo decía a la gente. Y me decía que ella no era más que basura. En ese momento supe que quería tener cosas lindas", cuenta. "Pero no podíamos pagarlas cuando yo era chica. Quería lucir bien así que agarraba moras y hacía lápices de labios. Usaba fósforos y me dibujaba las cejas y me maquillaba". "Mi abuelo era predicador y se alió con mi padre. Ninguno de los dos quería que usara maquillaje, pero no me podían quitar la idea. Yo era una rebelde. Me dieron muchas golpizas solo por ser yo misma".

Dolly Rebecca Parton era una de doce niños del granjero tabacalero Robert Lee Parton y Avie Lee. Creció en una cabaña de un cuarto en una granja de Locust Ridge. Su tique de salida iba a ser su voz. A los doce cantaba en la televisión local y a los trece ya grababa con un sello menor.

En 1964 se graduó de la secundaria y se mudó a Nashville para comenzar su carrera como cantante country. Al mismo tiempo se enamoró de Carl Dean, propietario de una empresa de pavimentación. Se casaron en 1966 y siguen juntos hasta hoy. En una carrera de más de cincuenta años ha visto algunos altos y bajos y ha aprendido a cabalgar la ola. "Mi lema en la vida es que si quieres arcoíris tienes que lidiar con la lluvia".

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