CLAUDIO FANTINI
Los caucus que en Iowa dan inicio a la carrera por el Despacho Oval de la Casa Blanca, expusieron la radicalización que domina al Partido Republicano. Los precandidatos compiten por ver quién aborrece más a Obama y la agenda reformista de los demócratas. El tejano "libertario" Ron Paul, tiene propuestas capaces de entusiasmar tanto a la izquierda dura como a las milicias inspiradas en John Booth, el asesino de Lincoln. El senador de Pensilvania Rick Santorum dedica el grueso de sus intervenciones a despreciar las minorías sexuales y la legisladora de Minnesota, Michel Bachmann, todavía debe explicar por qué propuso a sus congéneres "ser sumisas con los hombres". La única señal de moderación aparece con Newt Gingrich, por caso en el tema de los inmigrantes ilegales. Pero nadie olvida como atormentó a Bill Clinton cuando presidía la Cámara de Representantes durante su gobierno, ni el conservadurismo rancio de su "contrato con América".
El ganador de Iowa, Mitt Romney, es realmente más moderado que sus contrincantes. Si no fuera así, no habría podido gobernar un Estado tan liberal como Massachusetts. Pero como lo corren por derecha, abjura de políticas que él mismo impulsó en sus tiempos de gobernador.
Esta deriva extremista agiganta la posibilidad de una nueva derrota conservadora frente a Barak Obama. Las primarias de hace cuatro años consagraron al mejor candidato republicano, John McCain. Pero la tendencia ultraconservadora le impuso a Sarah Pailin como compañera de fórmula. En esta oportunidad, ni siquiera compiten figuras sensatas y racionales como McCain o Rudolph Giuliani. Y la causa de semejante radicalización es el Tea Party.
Su fuerte gravitación sobre los legisladores republicanos logró que murieran en el Capitolio la mayoría de las reformas prometidas por Obama durante su campaña. Pocos gobiernos fueron tan ferozmente combatidos desde el Congreso, como esta administración demócrata. Para encontrar antecedentes de semejante guerra ideológica, hay que remontarse hasta el ultraconservador senador por Arizona Barry Goldwater, furibundo enemigo del Estado de Bienestar y de los derechos civiles defendidos por Kennedy y Johnson. Aunque no muy lejos estuvo Gingrich en los tiempos de Clinton.
Ahora bien, el Tea Party fue eficaz para frustrar gran parte de la gestión Obama, pero también puede ser la causa principal de una nueva victoria demócrata. Radicalizado como está, el Partido Republicano sirve para obstruir y malograr, pero también es la mejor razón para que Obama pase una temporada más en la mansión blanca de la Avenida Pensilvania al 1600.